María Antonieta Collins

Corrí a un “muerto” y de paso me ahorré 600 dólares

Regresé agotada y con culebrilla (shingles) por tanto viaje rociado de estrés, pero como la vida tiene que seguir fui a hacer la decena de diligencias de cualquier ama de casa, entre ellas el supermercado. Este es el sitio perfecto para encontrarme con todo tipo de personajes mientras hago las compras o espero en la cola del “Deli”.

Una mujer cerca de mí me miraba fijamente. Pensé para mis adentros si se habría dado cuenta de los rastros de shingles que eran algo evidentes; pero, de pronto, me preguntó: “¿Te conozco, verdad? ¿En dónde nos hemos visto?”

Eso me dicen, usualmente, los gentiles televidentes que me honran con ver mis reportajes en Noticiero Univisión, pero esta mujer parecía estar confundida. No me dijo más y se alejó. Mientras yo escogía tomates y limones, se acercó de nuevo a mí y, con voz lúgubre, me explicó quién era y lo que quería de mí.

“Mira, chica, soy una transmisora de los espíritus. Esto es que ellos me usan para enviar a los mortales sus mensajes, de manera que estos entiendan lo que ellos quieren. Me he acercado a ti porque tú tienes cerca de ti a un muerto que te ronda y que, seguramente, si no tienes pareja, o si no tienes éxito en la vida, eso es porque el muerto es muy celoso y no te deja tranquila”.

Le pregunto qué más me puede decir del “muerto” en cuestión. “Mira, como tú verás, esto es un supermercado y no es el lugar más apropiado para que los espíritus vengan a confiarme sus mensajes que yo transmito literalmente”. Le pregunto entonces qué podía hacer.

“Muy sencillo. Mira, te doy mi dirección o me das tu teléfono y podemos hacer un “appointment” para vernos. Tiene que ser sin prisa, en calma, sin cosas que nos apuren, porque entonces los espíritusno pueden llegar a darme el mensaje. Pero tienes que llamarme, porque creo que las cosas contigo podrían ser mucho muy malas; en conclusión, lo menos malo que te puede pasar es que, si no tienes pareja, este muerto que me quiere dar un mensaje, no te va a dejar en paz y va a botar a todos los pretendientes que tengas porque hay espíritus que son así. Y este “muerto” al parecer tiene un “encarne” contigo. Date prisa, que yo voy a investigar”.

Desconcertada ante el discurso tomé el papel donde la mujer me escribió su teléfono y me dirigí al “Deli”. Al rato, la mujer pasó por ahí y me dijo rápidamente: “No te demores en llamarme, porque al parecer las cosas están muy complicadas para ti”. Tuve ganas de reír, pero decidí llegar hasta el final, para saber lo que la mujer pretendía; y la llamé un par de días después.

“Te has tardado, chica, pero ya lo investigué todo. Hablé con el “muerto”; me dijo que es alguien que ha estado cerca de tu vida”. Le pregunté: ¿Qué es lo que quiere el “muerto? ¿Acaso quiere que le ordene algunas misas? Y rápida me respondió: “No, no, no. Eso es cosa mía. Tengo que ordenarte unos baños y hacer unos rituales; pero eso cuesta. Sacar a un muerto, correrlo, de la vida de una persona viva, cuesta”.

Pregunto cuánto en dinero. “Por tratarse de ti, mira que el muerto me lo ha dicho muy claramente. Me dijo que 600 dólares. Eso sí, en efectivo, porque es la cifra que él me dictó”. ¿Qué hice? Responderle como se merecía: “Señora, dígale al muerto que me acompañe solo un día; y él verá que, entre los viajes y el exceso de trabajo que tengo, en un par de horas quedará noqueado de mareo y cansancio… y seguramente que huye. No necesito nada más, porque Dios está en control de mi vida”. Me dijo que no entendía y me colgó el teléfono. De esta forma, corrí al “muerto” y de paso me ahorré los 600 dólares que pedía por irse de mi lado.• 

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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