María Antonieta Collins

Lo que debemos saber antes de dar una limosna

Muchos de estos pordioseros intentan ‘aprovecharse de nuestra bondad’ y piden teniendo fuerzas para trabajar.
Muchos de estos pordioseros intentan ‘aprovecharse de nuestra bondad’ y piden teniendo fuerzas para trabajar. MIAMI HERALD

Ahora resulta que los hispanos, con ese corazón tan grande que tenemos, para socorrer al necesitado somos víctimas del abuso de mendigos de otras comunidades. ¿Quiénes son los abusivos? Un gran grupo de anglos que parecen haberse “movido” desde las calles de Broward, donde seguramente no les dan “ni el saludo” hasta nuestro Southwest, en especial, por la zona de Bird Road y del Palmetto donde han ubicado su base de operaciones.

Me he dado a la tarea de investigarlos minuciosamente. Lo primero que llamó mi atención fue un señor con tipo de abuelo bonachón. Este desde muy temprano, y en especial los sábados y domingos, se sitúa en una esquina frente al Tropical Park. Y siempre está muy limpiecito, bien arregladito y tostado por el sol.

Se acerca en silencio con la mano estirada entre luz roja y luz roja, y clava esa mirada que ni el más “duro” para dar, puede soslayar. Le di dinero en muchas ocasiones, tratando de averiguar la historia que habría detrás del aseado abuelo pordiosero que no hablaba con nadie. Imaginaba que eso sería por vergüenza.

Me preguntaba para mis adentros: “¿Acaso los hijos o nietos sabrán que el abuelo se sale temprano a pedir dinero en la calle?” Mi mente buscaba una respuesta, hasta que, un buen día, meses después, la realidad me golpeó fuertemente.

Una mañana, salí temprano a caminar y cuál no sería mi sorpresa cuando comprobé que el “aseado abuelo” era parte de un grupo de pordioseros anglos que se reúnen bajo uno de los puentes del Palmetto y de ahí se dirigen a sus “esquinas e intersecciones”.

Lo que más me llamó la atención fue que el venerable señor que pasa como hispano es todo menos eso. ¡Es un americano que no habla español!

“¡No, hombre, m’hija, qué va! Ese de desamparado no tiene nada. Somos más desamparados nosotros, los que trabajamos y pagamos impuestos”. Me dice un tempranero caminador del parque. “Ese hombre es un descarado, al igual todos los que vienen con él. Le encanta inspirar lástima, pero no habla para que nadie descubra que no es hispano. Parece un cubano, pero es más gringo que otra cosa”.

No pude más con el engaño y me fui a cuestionarlo. Le hablé primero en español y por supuesto que no entendía nada. No calculó que le iba a preguntar en inglés y ¡ahí sí que salió corriendo como atleta olímpico! Se dirigió hacia donde estaba una mujer de no más de 40 años, bronceada por el sol del verano en plena calle. Era parte de ese ejército de menesterosos que han encontrado su bonanza en los bolsillos de los habitantes de la “Sagüesera”. Ella tenía un letrero que dejó tirado cuando el hombre le dijo que creía que yo era policía y que corriera.

El letrero decía: “Necesito ayuda. Soy madre soltera, tengo tres hijos, tengo hambre y estoy embarazada. Regáleme un dólar”.

¿Pero será posible semejante descaro? ¿Acaso alguno de los que le dieron limosna a esta mujer no se dio cuenta de que semejante letrero hablaba de alguien fuerte para trabajar, ciudadana americana, recibiendo dinero por cada uno de los tres hijos, estampillas de comida y beneficios sabrá Dios por qué otras razones, y de paso esperando otro hijo para seguir viviendo de la caridad pública?

El caminador tempranero acota la frase final. “La verdad es que estos pordioseros piensan que pueden aprovecharse de nuestra bondad. Nos han invadido porque nos creen tontos y fáciles de burlar”.

Moraleja: antes de soltar un billete de limosna en la calle, piense muy bien a quién se lo da.• 

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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