María Antonieta Collins

El verdadero espíritu de la Navidad ¡Muchas felicidades!

El verdadero sentido de la Navidad es compartir las cosas buenas que nos unen con aquellos que se han reunido para cenar y celebrar.
El verdadero sentido de la Navidad es compartir las cosas buenas que nos unen con aquellos que se han reunido para cenar y celebrar. THE MIAMI HERALD

Amanezco esta Nochebuena lista para hoy y mañana, que es Navidad. Estoy feliz porque este año, a diferencia de otros, comencé temprano con mis compras, con el fin de pasar estas fechas sin el sobresalto de tener que salir a comprar y comprar en esos lugares atestados de clientes de último minuto; es decir, de los que van y compran lo que sea, con tal de cumplir con el regalito.

Logré mi propósito y de aquí en adelante así serán mis próximas Navidades: compras tempranas y con un sentimiento que me acompaña, que no tiene que ver ni con regalos, ni con nada más que pasarla muy bien en estas fechas, pero para eso hay que armarse de una lista con firmes propósitos que enumero.

1. No responder ni un solo mensaje de texto de felicitación de esos que son enviados en serie, es decir, a todos. No y no. Me niego a que las tradiciones se rompan en pro de la modernidad.

Una lectora abunda en el tema:

“¿Qué es eso de recibir mensajes que desean que uno tenga felices fiestas en compañía de la familia? Si yo soy -aclara- una persona sola, porque los míos han muerto. Los hacen en serie sin saber a quién se los mandan.

Tengo que explicarle que esa es la malísima costumbre que nos agobia en días de Navidad, Año Nuevo, día de las madres y Thanksgiving desde que descubrieron que se puede felicitar por texto. ¡Qué horror! ¿Por qué si una persona es especial, no marcar su número y en segundos decirle cuánto la queremos? ¿Ninguno de los que envían esos mensajes se ha dado cuenta de lo impersonal de enviarlos a toda la lista de contactos de su teléfono? De antemano les digo a mis amistades que no se molesten en incluirme en esas listas, porque no abriré ninguno que me llegue.

2. Y qué me dice cuando llegan y ni siquiera los firman y una, que no tiene ese número registrado en sus contactos se pasa media mañana tratando en adivinar de quiénes serán todos estos números que han enviado. Resulta que los firman sin nombre y solo ponen su inicial y, en otros casos, las dos iniciales del nombre y apellido. Es un rompecabezas adivinar quién decidió felicitar de esa forma.

Hay quien da una solución por si esto le sucede:

Si le interesa saber de quién es el correo, y no quiere que la otra persona sepa que usted no lo tiene en sus contactos, no se rompa la cabeza pensando, simplemente envíe de regreso otro texto diciendo: “¿Quién es? Perdí mis contactos”. Verá que le responden de inmediato.

Me llueven las sugerencias que me envían ustedes, mis queridos lectores. Aquí hay otra:

3. Por favor, que los familiares que estén peleados entre sí, no escojan la cena o la comida de Navidad para hacernos pasar las de Caín, porque sabemos que no solo están enemistados, sino que tenemos que escuchar las ironías que viajan de un lado al otro de la mesa. Aquí estoy más que de acuerdo.

Hay que recordar que el motivo básico de todo esto se dio hace más de dos mil años en un humilde pesebre en Belén, y gracias a Dios que no existía el mensaje de texto. ¿Se imagina cómo hubiera sido si los Magos de Oriente deciden no ir a ver a Jesús recién nacido y les hubieran mandado a San José y a la Virgen María un texto felicitándolos por el nacimiento de su Niño?

En esto hay que pensar. En el verdadero sentimiento que no tiene que ver con pleitos familiares ni con chismes ni críticas ni felicitaciones electrónicas; el verdadero sentido es compartir las cosas buenas que nos unen con aquellos que nos han invitado a estar con ellos en su mesa esta Navidad.

Me considero afortunada y doy gracias a Dios. La pasaré con quienes desde hace años, sin lazos de sangre, son mi familia, la que me cobija y por la que agradezco a Dios habérmela dado. ¡Feliz Navidad! • 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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