María Antonieta Collins

Las postales de Navidad: una costumbre que no debíamos perder

Quizás dentro de poco enviar postales navideñas podría pasar a la historia.
Quizás dentro de poco enviar postales navideñas podría pasar a la historia. el Nuevo Herald

La primera semana de enero generalmente sirve a Carmela, la veterana asistente de mi casa, para quitar el arbolito y volver a poner todo en su lugar. Tan pronto como llega de las vacaciones en su natal Nicaragua lo primero que hace es sacar rápidamente los adornos rojos y dorados, quitar guirnaldas, lucecitas, velas y demás adornos navideños entre los que están las postales de felicitación. En esos menesteres andaba mientras hablaba y refunfuñaba a su modo cuando escuché un diálogo que me llevó a esta reflexión.

“No cabe duda de que esto de las postales navideñas es algo que se está acabando. Solo observe que en esta casa, el año pasado, eran decenas las que yo tenía que colgar y poner como malabarista. No había ya sitio para exhibirlas y ahora son poquitas”. Le pido que me explique mejor el motivo de su desencanto.

“La gente cada vez se preocupa menos por enviar unas líneas en una tarjeta de felicitación por estas fechas, o de plano se han vuelto flojos; porque la verdad es que, contando las que aquí recibimos son solo 35, cuando el año pasado eran decenas y decenas”.

Aunque 35 no son pocas, me dio tristeza, porque Carmela hablaba de algo cierto: dentro de poco enviar postales navideñas podría pasar a la historia. Interviene en la plática, Jovana Echeverría, mi asistente, quien durante estas fiestas solo recibió dos postales de Navidad.

“Y me dijo mi ex esposo que yo era afortunada, que por lo menos había llegado una para mí y otra para nuestra hija, aunque le aclaré que la de Katherine fue del dentista, y tenía doble motivo: la felicitación y el recordatorio de su próxima cita”.

Resulta que el ex esposo en su negocio, a diferencia de otros años, tuvo una gran desilusión porque no recibió ni una sola. Sigue explicando el tema de las tarjetas navideñas.

“Lo que sobran ahora son las felicitaciones en serie y por la internet. Text, WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter. Hay mensajes bellos, donde hay movimiento, luces, música”. Le aclaro que eso es comunitario, nada que fuera enviado para ella sino que eran ella y 20 más.

“Puede ser que no te sientas especial para una persona, porque es colectivo y uno ve a cuantos se ha remitido el mismo correo, pero en el caso de las tarjetas, aunque sean iguales, lo que va adentro escrito sí es para cada persona, por tanto es diferente. Eso marca una diferencia, porque no vas a escribirle lo mismo a tu jefa que a tu hermana o a tu mejor amiga. El problema es que mandan las felicitaciones en grupo y así no puede escribirse a cada quien algo en particular”.

Como Jovana archiva mis columnas, sabe que en una de diciembre pasado dije que ni se molestaran en enviarme ninguna de esa forma, porque no las iba a abrir ni mucho menos responder.

“Yo sí las abro todas, porque hay algunas que son muy lindas, hay otras que son muy simples, pero les contesto con otra igual. Es colectivo y rápido. Mira como terminaste tú, con la mano cansada de tanto escribir las 150 que enviaste, cada una con algo para cada quien, más el viaje al correo y los sellos postales. ¡Qué va! Ahora las cosas son resultado de la modernidad. Escribes de regreso y ya. El que te lo envío se siente agradecido de que le respondas”.

Me rehúso a aceptar ese cambio. Por el contrario, durante el año, como siempre, trataré de preparar la foto de alguna de mis mascotas con una pose acorde con el mensaje de mi felicitación navideña.

No importa que no me respondan y que me lleguen menos. Cada Navidad, todas mis amistades recibirán en sus hogares mi postal deseándoles lo mejor.• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

  Comentarios