María Antonieta Collins

Rinna y Ronni: una familia como pocas

Eran unos niños con los mejores modales que he visto para esas edades.
Eran unos niños con los mejores modales que he visto para esas edades. el Nuevo Herald

Los vi desde que me subí al avión de Miami a Los Ángeles: eran padre y madre y cinco niños pequeños que presagiaban tormenta para los pasajeros, toda vez que tenían edades como en escalera, y había dos de ellos realmente pequeños, pero lo que siguió fue un concierto de cosas tan buenas que terminaron por convencerme ¡que muchos padres debieran ser así!

Comienzo por esos niños. La mayor, Hannah, una belleza de 13 años y que sorprendentemente supervisaba con la mirada al resto de sus hermanitos, era seguida por la inquisidora y silente mirada de Sheina de la otra niña, no mayor de 10 años que vigilaba a Haya y Shira las dos pequeñas, y ni qué decir de Nissim el varón que, diligentemente, hacia caso a lo que la madre y el padre les pedían a señas: silencio, no gritos para no incomodar a los pasajeros.

No pude resistirme de observarlos y dejé la película que iba a ver durante el vuelo de más de cinco horas, para poder observarlos a todos ellos que rápidamente se ocuparon en sus películas y juegos. Educados, corteses con los otros pasajeros, eran el reflejo de unos padres judíos, toda vez que utilizaba él, la kipá, y ella, la falda larga, blusa de manga larga y la peluca que le cubría el cabello solo para exponerse frente al esposo como la ancestral tradición les dicta.

Se llama Rinna, es esposa de Ronni y todos ellos son judíos panameños, orgullosos de pertenecer a una rama de su religión que enseña respeto a todos y a todo lo que tienen alrededor.

Los niños, con los mejores modales que he visto a sus edades; hablaban un perfecto español, e inglés.

Rinna que no tiene más de 37 años, posee un rostro que refleja paz y felicidad, y se dirige con paciencia infinita y dulzura a sus cinco hijos, que la ven con respeto y cariño.

Pendiente de cada uno de ellos se le veía orgullosa como “mamá gallina” de todos.

No pude aguantarme y le pregunté: “¿Cómo criar niños tan educados?”

“Mi esposo es una gran ayuda. También nuestra religión. Es seguir todos los preceptos. Después de los tres años de edad las mujeres, usamos faldas largas, algunas más largas que otras, no tenemos mucha piel al descubierto, el cabello es solo para ser visto por el esposo, oramos a Dios por todas las cosas. Los niños, por ejemplo, saben que hay que seguir reglas, como rezar y lavarse tres veces las manos antes de comer algo, que siempre es kosher”.

“¿Es difícil cuidar de tantos?”, pregunto. “No. Así nacieron. Así se han criado”.

Observo que una de las niñas –de menos de cinco años– va hacia la zona del baño donde me encuentro. Va a comer algo, y se lava perfectamente las manos tres veces, y mientras se las seca, está recitando oraciones, abstraída de los que estamos a su alrededor. Le pregunto a Rinna cómo es el mundo de ellos. “¿Cómo hacer que una niña tan pequeña rece sin quejarse?”

“Somos una familia unida que ora, que da gracias a Dios por lo que nos da. Enseñamos a nuestros hijos la compasión por los demás, a observar el dolor de otros y a ver lo bueno que tenemos. A tener piedad por los demás y a sentir caridad por los que pocas cosas tienen. Así los hemos criado”.

Reflexiono en esto último y le pregunto si no hay “perretas” porque las niñas quieran vestir ajustados jeans, blusas spaguetti straps o minifaldas. Me dice que no, que les gusta vestir así.

“Ellas saben que todo en la vida tiene un orden. La familia sigue siendo lo primero y cumplir con nuestras reglas y con Dios es nuestra ley”.

Pienso en que si esto se siguiera en los hogares, sin importar la religión, cuántas tragedias y cuántos dolores para los padres se ahorrarían. ¡Gracias Ronni y Rinna por esta lección de vida!

Twitter: @CollinsOficial

mariaantonietacollins@yahoo.com

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