La hipocresía de los ‘verdes’
Siento rabia y enojo cada vez que pago en cualquier supermercado la cuenta de la semana o peor aún, si la hago cada dos semanas y la culpa es de los “hipócritas ecológicos”. No me diga usted que no le ha pasado. Haga memoria y verá que sí.
Compra usted cuatro o cinco yogures porque están de oferta, entonces pone 10 en el carrito. Y pasa lo mismo con las latas de comida de mis gatos y perros que son muchas y con las botellas del aromatizante de pisos y con los dos o más botes de toallitas de cloro para desinfectar, en fin, que no le estoy haciendo la lista de lo que se compra en casa por gusto, no, sino para explicarle a usted esto que me da tanta rabia y donde los supermercados encabezan el listado de la “hipocresía ecológica”. En la caja preguntan: “¿Plástico o papel? Recuerde que las bolsas de papel acaban con los arboles”.
Ah, pero se les olvida cuando la cajera empieza a marcar una a una las latas, los panes, los yogures, en fin, la larga fila de cosas de la misma denominación. El recibo de papel es kilométrico. ¿Acaso este no es papel que podría ahorrarse? La respuesta es sí, pero aquí viene la mentira. He hecho una técnica que pongo en práctica cada vez que voy a mi supermercado favorito en la esquina de casa. Como ahí ya me conocen hay cajeras que aceptan con gusto mi sugerencia, pero a otras “se les sube la bilirrubina” en cuanto me ven, porque es como si les estuviera pidiendo un boleto para viajar a Marte.
La cajera de hace unos días me lanzó una mirada terrible cuando escuchó mi petición: “Señora, por favor, le he acomodado productos que son de lo mismo para que solo marque uno y ponga la cantidad que llevo, en lugar de “escanearlos” uno a uno. Eso le ahorra tiempo y sobre todo papel.
“Mire, aquí soy solo una empleada. Y si no le conviene así, vaya a ver a mis supervisores”.
Le expliqué que era lo mismo, que de cualquier forma marcaría la cantidad de productos, que no era nada del otro mundo y que ayudaríamos al planeta. Solo me ignoró. Me cobró rápidamente para que desapareciera y me entregó el larguísimo recibo y de seguro que quedó hablando pestes de mí.
De ahí salí para la cadena más famosa de supermercados orgánicos que hay en este país. Por todas partes en ese lugar uno ve “lo verde” “lo orgánico” “lo ecológico” y sobre todo, la defensa del planeta al no usar pesticidas, etc., etc. ¿Pero qué sucedió cuando fui a pagar la cuenta? ¡Lo mismo! Que la cajera, al llevarle mi propia bolsa –de esas permanentes de tela ahora tan de moda y que le venden a uno por un dólar en todas partes– comenzó a poner algunas cosas en cartuchos pequeños de papel, y abrió de todas formas otra grande de papel para poner lo demás. En fin, que ahorrar papel, es lo que menos hacen. Al momento de pagar, como una cliente responsable con el planeta puse en orden los que eran más de uno de cierta denominación y le dije cuántos eran para ayudarla a marcarlos. Sin prestarme la mínima atención comenzó a marcar uno por uno. Le hice entonces la misma sugerencia que a otras cajeras: que los cobrara juntos y poniendo en la registradora la cantidad que llevaba de cada uno para no gastar innecesariamente papel. “¿Papel? ¿Qué papel?”, preguntó desafiante. Le dije que el papel que usa la registradora y que entrega como recibo. “¿Ese? ¡Ay, por Dios! A quién le importa lo que se puede gastar en eso? Le digo que a mí. Y que son menos árboles talados. Seguro que creyó que yo estaba borracha o drogada. Su respuesta fue entregarme el kilométrico recibo y mandarme a sugerirlo en la gerencia. No perdí mi tiempo. No vale la pena, pero es claro que todos esos que se rehúsan a hacer pequeños cambios que ayuden al planeta son parte de esa cofradía de hipocresía ecológica que no hace más que decir: “Comiendo mis dientes, qué me importan mis parientes”.
mariaantonietacollins @yahoo.com
@CollinsOficial
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de julio de 2016, 4:03 p. m. with the headline "La hipocresía de los ‘verdes’."