María Antonieta Collins

¡Cupido, San Patricio y hasta el conejo de Pascua me hacen gritar!

‘Apenas ha pasado la Navidad y ya tenemos que pensar dónde y con quién vamos a pasar el 14 de febrero’.
‘Apenas ha pasado la Navidad y ya tenemos que pensar dónde y con quién vamos a pasar el 14 de febrero’.

Apenas entré en la farmacia tuve que contener el grito que me salía del fondo del alma. ¡Ay, no! Apreté con fuerza la boca, porque si hubiese gritado frente a la gente a mi alrededor, hubieran pensado que estaba loca, que me había dado un ataque de, vaya a usted a saber de qué cosa. Aunque pensándolo bien, si supieran lo que me lo había motivado, seguro que al igual que usted que me lee, me hubiera disculpado.

Salí corriendo de la farmacia para buscar refugio en algún otro establecimiento y entré en una tienda donde venden adornos para el hogar. Y la cosa ahí se puso peor. Ya les explico de qué se trata.

¡Me topé de frente con Cupido, también con duendes verdes que nos recuerdan a San Patricio y, finalmente, hasta con el conejo de la Pascua!

¿Por qué el comercio se empeña en adelantarnos las fiestas? Apenas ha pasado la Navidad, y ya tenemos que pensar dónde y con quién vamos a pasar el 14 de febrero, día en que alguien dijo (y dijo bien porque muchos le hacen caso) que tenemos que festejar al amor y, si no hay amor, pues por lo menos a la amistad.

Me he tenido que pasar viendo por todas partes al Cupido regordete con su flecha, seguramente apuntando a otra parte y no a mí, y también escuchar la eterna pregunta en la peluquería a la que voy cada semana: “¿Con quién vas a pasar Valentine’s?”.

Les contesto que con la mejor persona que he encontrado. Se ponen curiosas a investigar si es alguien conocido pero pronto se decepcionan cuando les digo que esa persona soy yo misma, y que no entiendo la razón de que el 14 de febrero quien no tenga quien le regale o una palomita de cerámica que diga I love you o un cuadrito cursi o por lo menos una rosa cibernética, no vale la pena en este mundo, por lo menos en esa fecha.

Mis analistas (léase amigas, familia, etc.) se mueren de ganas por opinar. “Estoy que me corto las venas de la desesperación –dice una– yo no tengo a nadie para Valentine’s quiero olvidar eso y no puedo porque voy a cualquier tienda y ahí los regalos para esa fecha te lo recuerdan por donde quiera que circules”.

Lo que intuyo de todo esto es que, al igual que me pasa a mí, esto de adelantar fechas es producto de la comercialización despiadada que nos rodea. Por eso he llegado a una resolución: la próxima vez que vea algo que me adelante el tiempo, ¡nada de contener los gritos! Todo lo contrario: gritaré con todas las fuerzas como cuando éramos niños y algo nos espantaba.

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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