Raúl Valdés, el cubano incansable de los montículos del mundo
En la película The Rookie -El Novato- se relata de manera romántica la travesía de Jim Morris hacia las Grandes Ligas y su debut a los 35 años con Tampa Bay, cuando ya nadie apostaba un centavo por su carrera.
La historia de Raúl Valdés es algo parecida, sobre todo por su irrupción en las Mayores a los 32 años y luego de muchas circunstancias en que parecía que su estrella se apagaba por completo. A aquel que no ha seguido su hoja de ruta y de vida, le puede parecer increible que a los 40 años el cubano pueda ser el abridor de una Final en Serie del Caribe.
Pero si Morris es descrito en el lenguaje edulcorado de Walt Disney, el abridor de la República Dominicana esta noche contra Puerto Rico proviene de una narración donde el romanticismo no tiene espacio, sino la realidad dura y cruda de alguien que ha protagonizado una lucha constante por un sueño.
La vida le ha tirado varias curvas al lanzador cubano, que abandonó su país en el 2003 y debutó en la gran carpa el 2010 con los Mets de Nueva York. Valdés ha sido un incansable. No se derrumbó ninguna de las cinco veces que fue capturado tratando de escapar de Cuba. Ni cuando le dijeron que no iba a llegar a las Mayores.
"Nada me ha sido fácil'', expresó Valdés en una entrevista del 2010 a este diario. "Al principio me cuestionaba, por qué me pasó esto o lo otro. Ahora ya ni pregunto. Si la vida me da un golpe, le respondo con otro. La clave es no cansarse. Nunca''.
Tampoco flaqueó durante las semanas que pasó en prisión por sus intentos de fuga, ni cuando perdió la cuenta de los días en alta mar buscando alcanzar -algo que logró en el sexto intento- la República Dominicana, un lugar que ha llegado a querer como su segunda patria y donde fundó una nueva familia.
De la misma forma, se mente se mantuvo firme cuando vagó de una liga a otra -algunas perdidas en la inmensidad del mapa-, de República Dominicana a Venezuela, de Doble A a Triple A, de Japón a México y donde hubiera un montículo dispuesto a darle trabajo. Su pasaporte no deja espacios para más cuños de aduana.
Desde que comenzara a lanzar con el equipo de la provincia Habana en las Series Nacionales, Váldes ha sido una especie de caballo de batalla. Va donde le pidan y hace lo que haga falta. Detallar su recorrido por las ligas del mundo es como hacer un recuento interminable.
Uno -si no el que más- de los lanzadores que ha puesto en alto su nombre en la liga invernal de Quisqueya, Valdés se apresta, con su recta dormida y esos rompimientos engañosos, a darle a su segunda patria la posibilidad de terminar primera en Guadalajara con las Aguilas del Cibao.
No apuesten en contra de Valdés. Con él los guiones normales de la vida salen sobrando.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de febrero de 2018, 1:18 p. m. with the headline "Raúl Valdés, el cubano incansable de los montículos del mundo."