Néstor Díaz de Villegas, para matar a Robin Hood en una esquina de Flagler
El poeta y crítico Néstor Díaz de Villegas reúne sus críticas de cine en el libro Para matar a Robin Hood (Hypermedia, 2017) y accede hablar sobre cine y otros temas en una entrevista para el Nuevo Herald.
Eres un crítico acérrimo, un poeta sui géneris, un militante cultural, un trabajador tenaz, y vives en una vanguardia constante. ¿Cuáles son otras de tus singularidades? ¿Qué lugar ocupa la literatura?
La crítica me viene naturalmente debido a que en el país donde nací y crecí se trataba de una cuestión de vida o muerte. O hacías la crítica constante y despiadada del sistema, o el sistema te engullía. Así que la crítica se convirtió para mí, desde muy temprano, en segunda naturaleza. Crítica social porque el problema estaba alrededor mío, en mi medio ambiente. Aquella familia de mamá, papá, nené, tío y tía –la llamada familia “nuclear”– era un organismo monstruoso que había jugado con la realidad, había hecho una revolución.
Por eso Kafka sitúa a Gregorio Samsa en un ambiente típicamente hogareño, pues la metamorfosis comienza allí. Y la metamorfosis es la revolución, como ya sabemos. Yo desperté un día en mi camita de la calle Menéndez Peláez, en Cumanayagua, convertido en una cucaracha. De manera que mi crítica comienza por el núcleo familiar, ese núcleo del Partido (padres, hermanos, maestros, condiscípulos, jueces, carceleros) que me miraban espantados desde la altura de su revolución, mientras yo me retorcía en el piso. Ese es mi lugar, mi singularidad, de donde arranca toda mi literatura.
El cine siempre ha tenido mucho de frívolo, pero con la globalización esta disciplina se ha retroalimentado. ¿Crees que Estados Unidos, Latinoamérica y Europa han tenido un cambio sustancial en los últimos diez años?
El cine fue y será siempre una frivolidad, pues ya el mismo traspaso de la página a la cámara supone la pérdida de una dimensión. No se puede filmar a Nietzsche, y cuesta un trabajo enorme filmar a Shakespeare. Ciertas escrituras caen más allá de la representación fílmica. El cine es arte de masas, y ni un Ingmar Bergman escapa de su ligereza. Por eso el cine más “ligero” de Woody Allen es la adaptación de Bergman. Tragicomedia griega, por un lado, y por el otro, la tradición judía del vodevil y el chutzpa: eso es el cine.
Creo que un cambio sustancial es que comienzan a borrarse las fronteras entre el cine nacional y el llamado “cine extranjero”. De ese cine globalizado prefiero a Quentin Tarantino, a Yorgos Lanthimos, especialmente Dogtooth, al tailandés Apichatpong Weerasethakul, y a Carlos Reygadas. Porque el cine americano nunca fue “extranjero” en ninguna parte, la naturalización debe operar ahora en sentido contrario.
¿Qué tipo de cine están haciendo en Cuba los más jóvenes, comparado con la historia del cine anterior?
Cuando viajo a Cuba regreso con tantas cosas nuevas que están haciendo los jóvenes, que no sé por dónde empezar. He visto montones de cortos y mediometrajes que inmediatamente se me olvidan, aunque me gustaron de momento. Enseguida aparecen ochenta más. Pero recuerda que, a pesar de la supuesta cerrazón, Cuba es un lugar que se expresa mejor a través de los medios sociales y no tanto de los medios tradicionales.
Dos desconocidos templando en plena vía pública; un policía encubierto que saca una pistola para dispararle a un panadero que arroja panes al aire; una caravana de almendrones color pastel cargando americanos rubicundos en visita guiada a una civilización muerta; un barrio inundado, y gente que baila coyurde con el agua hasta el cuello, son escenas de un hiperrrealismo cubano que solo WhatsApp e IMO tienen la velocidad para capturar y representar correctamente.
El director que me interesa hoy en Cuba es Miguel Coyula, sobre todo su “Memorias del desarrollo”, que inicia un lenguaje nuevo en el cine latinoamericano, y también “Nadie”, su serie de entrevistas con el poeta Rafael Alcides, que es cine situacionista, a la manera de Guy Debord. En cuanto a actuación, creo que en estos momentos la gran actriz cubana es Lynn Cruz, la Idalia Anreus de la superproducción raulista, corriendo y gritando como una loca por las calles sin salida de la plantación.
¿Cuál es tu método para escribir la crítica de cine? ¿Tienes un propósito con el filme antes de verlo?
Veo de todo, no tengo preferencias ni propósitos. Lo más delicioso que he visto últimamente es The LEGO Batman Movie, de Chris McKay. El método de mi crítica está descrito en la introducción de “Para matar a Robin Hood”: llevo una libretica al cine y garabateo en la oscuridad, sin poder ver lo que escribo. Luego descifro mis líneas torcidas y las paso en limpio.
Muchas personas se convierten en críticos por frustración, porque no pudieron ser actores, directores o escritores. ¿Por qué crítico?
Efectivamente, soy uno de esos frustrados. Soy actor nato y un cineasta en mi propia cabeza. Mi primera poesía es televisiva. Mis sonetos son episodios dramáticos en mini-series. ¡Yo inventé la mini-serie! “Confesiones del estrangulador de Flagler Street” deberá ser llevada a la pantalla, grande o chica, algún día. Hice una sola película, que no tuvo mucho éxito, “Conozca Flagler primero”, en 1998, como acompañamiento visual de “Confesiones”. El camarógrafo se quedó con los originales y nunca he podido reconstruirla. En cuanto a la crítica, es mi respuesta espontánea a la realidad, una respuesta involuntaria que paso después por la moviola de mi voluntad.
Hay críticos que de un plumazo acaban con años de labor sin sentir pena; otros endulzan los caminos con migajitas, y hay los papagayos, que repiten lo que dicen unos y otros, y van regando opinión ajena y creando falsos ídolos. ¿En cuál grupo te colocas?
Soy un solipsista. No sigo a nadie, pero estoy al tanto de lo que pasa a mi alrededor y aprendo de los maestros. Que por cierto, están entre nosotros, solo hay que reconocerlos. Les debo tantas cosas a escritores y pensadores cubanos de la actualidad que sería imposible enumerarlas. Pero hace tiempo que entendí aquello que decía Borges: yo solo puedo ser NDDV. Si tuviera que enseñar algo, enseñaría eso, a ser uno mismo, a conocerse a uno mismo, que es, a fin de cuentas, el principio y el fin de toda crítica.
Con los avances científico técnicos de los últimos años, el hombre se ha replegado hacia sí mismo, porque lo único importante parece ser el sí mismo ¿Crees que existe una enfermedad de las ideas, una crisis de identificación? ¿Alguien sabe dónde está y adónde va la cultura?
Soy científico aficionado. En mi iPhone 7 no encontrarás ni una sola novela, nada más leo libros de ciencia y de filosofía de la ciencia. Si me permites recomendar un par de ellos, diría que el tema a que te refieres está brillantemente desarrollado en Life 3.0. Being Human in the Age of Artificial Intelligence, del físico Mark Tegmark, y en los ensayos políticos de Walther Rathenau, como ¿Adónde va el mundo?, de 1922.
Pero mi mayor preocupación es el nuevo puritanismo de izquierdas, que va contagiando a todos los seres humanos del planeta. Como cualquier otro movimiento espiritual del último siglo, este también sale de las entrañas de los Estados Unidos, las entrañas del monstruo. La gente se preocupa por la Cientología o la sociedad Skulls and Bones: a mí me inquieta el nuevo comunismo científico que se arroga la verdad absoluta en cuestiones de genética, política, bioquímica, evolucionismo, cosmología, estética, sexualidad, pedagogía y meteorología. Con respecto a esta conciencia falsa, me sitúo también en la contrarrevolución.
Hablemos de tu obra literaria. Tienes una relación con la literatura, como si quisieras gastártela. ¿Es la escritura parte del cuerpo físico como de tu cuerpo espiritual?
No sé inventar nada, casi todo lo que escribo está basado libremente en mi experiencia personal. La vida es la calistenia que me permite seguir escribiendo. En los momentos de máxima vitalidad, mi motivación, mi objetivo, es transformar la vivencia en una línea perfecta. En un verso. No creo a los que afirman que la persona debe borrarse para que aparezca el escritor: ambos son una y la misma cosa. Por otro lado, mi cuerpo espiritual pertenece al libro. Mi destino humano ha sido modelado por el libro, y quizás hasta mi destino sobrehumano.
Se cumplen veinte años de la publicación de tu poemario “Confesiones del estrangulador de Flagler Street” (Deleatur, Angers, 1998) y aprovechando tu visita a Miami a presentar “Para Matar a Robin Hood”, van a reunirse algunos amigos en el bar Le Koké de la Calle Ocho en la Pequeña Habana, cuéntame de ese evento.
Fue una bonita sorpresa que ha querido darme mi amigo el fotógrafo Pedrito Portal, mi fotógrafo oficial (Risas). Recordaremos los buenos malos tiempos de la Pequeña Habana y leeremos los versos de sus poetas, Guillermo Rosales, Eddy Campa, Esteban Cárdenas, entre otros. ¡Mi libro pertenece a una era que ya cumple dos décadas! Hoy Miami es otro Miami, y yo soy otro Néstor. Todos están invitados a festejar ese palimpsesto miamense.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de febrero de 2018, 3:23 p. m. with the headline "Néstor Díaz de Villegas, para matar a Robin Hood en una esquina de Flagler."