Música

La Valquiria que no desata pasiones incendiarias

Hace medio siglo, el entonces todopoderoso Karajan inauguraba el Festival de Pascua de Salzburgo con Die Walküre, puntapié inicial de “su” tetralogia wagneriana acompañada por respectiva grabación integral para DG. No sólo había elegido un elenco tan diferente como polémico sino que el clásico lugar de la filarmónica vienesa era ocupado por su archirrival, la Filarmónica de Berlín. Para esta versión de transparencia camarística convocó a expertos Siegmund y Hunding (Jon Vickers y Martti Talvela), a Josephine Veasey como Fricka y a Régine Crespin, Thomas Stewart y Gundula Janowitz respectivos debutantes en Brünnhilde, Wotan y Sieglinde. Todos jóvenes, dueños de voces lustrosas, menos heroicas, no asociadas con esos personajes, para obtener resultados que si aún despiertan reparos no dejan de ser fascinantes: el fraseo incomparable de la francesa, la inteligencia interpretativa del texano y la pureza vocal de la alemana. Así Karajan desafiaba la supremacía de Nilsson, la flamígera Rysanek y al legendario Hotter.

Para conmemorarlo, cincuenta años después se revive esa puesta con la imponente escenografía cósmica de Gunther Schneider-Siemssen de clara extracción Nuevo Bayreuth, en el amplísimo escenario del teatro de los festivales; el escenógrafo alemán colaboró en una treintena de producciones con el director austríaco. La puesta original ha sido aggiornada con algunos toques que la acercan a la de Pierre Audi amén de alguna que otra mala ocurrencia como el paupérrimo silloncito de los dioses. Algo anticuada, mantiene la grandiosidad e impacto de antaño pese a que el fuego no atemorizaría ni al ratón Mickey. Sorprende la tibia dirección de Vera Nemirova, autora del notable Anillo de Frankfurt, al no aportar ni revelar novedad alguna, sino limitarse a una rutina que clama por tensión dramática.

En el foso orquestal le llega el turno a la venerable Staastkapelle de Dresden, una de las contadas que pueden rivalizar con Berlin y Viena, al mando de su director Christian Thielemann - y regente del festival desde 2013 - en muchos aspectos, un Karajan de nuestro tiempo. Los resultados son excelentes pero no tan extraordinarios como se esperaban, con un primer acto curiosamente apagado en una orquesta de tal envergadura. No obstante, Thielemann irá bordando una función que crecerá a medida que avanza, hasta lograr un remate que luzca el espléndido color de la gran orquesta sajona.

A diferencia de Karajan, el equipo de cantantes reunido por Thielemann es mas veterano, y en casos acusa fatiga vocal; con excepción de la mezzo son todos mayores de 45 más un Siegmund de 63. Es un grupo formidable con algunas de las mejores voces de la actualidad. Como Hunding, Georg Zeppenfeld es un siniestro abusador de voz cavernosa y Christa Mayer una Fricka de medios solventes. El Siegmund de Peter Seiffert posee la resistencia necesaria pero el gran tenor lleva en su garganta décadas de Tannhäusers y otros pesos pesados y el paso del tiempo es evidente, si la voz aún rinde se la siente en exceso cansada. Por su parte, el bajo ucraniano Vitalij Kowaljow traza un Wotan de alto nivel.

Las dos mayores atracciones del elenco son las dos Anjas. No defraudan. El debut de la Harteros como Sieglinde abrigaba dudas y esperanzas, sin desbancar a sus Elisabeth y Elsa, la exquisita soprano alemana entrega una vulnerable, conmovedora hermana incestuosa. La tesitura es un punto mas allá de su zona de confort pero convence con honestidad sinceridad y arrojo. Algo parecido sucede con Anja Kampe, cuyo acero vocal se combina idealmente con la textura aterciopelada de Harteros. Kampe brinda una Brünnhilde exigida en lo vocal pero maravillosamente detallada, con un fraseo memorable amén de algunos agudos crudos. La suya es la vibrante lectura que hace la diferencia en la función.

En síntesis, una Valquiria recomendable que refleja los mas altos estándars actuales pese a dejar translucir cierta rutina en cada renglón; con sinceridad no basta, falta aquella urgencia, aquel fuego mágico capaz de hacer inolvidable una velada wagneriana. Quizás cuando Wagner pergeñó aquella célebre frase “Niños, hagan cosas nuevas” se refería a desatar la imaginación que aviva el fuego sagrado; por alguna razón, aquí ese incendio se echa de menos. Ni hoy ni hace medio siglo, el misterio sigue allí.

Wagner, Die Walküre, Thielemann, DVD Unitel C Major 742808.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de febrero de 2018, 9:54 a. m. with the headline "La Valquiria que no desata pasiones incendiarias."

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