Castro y el fin del mito que exportó el fracaso a América Latina
Admirado por muchos y odiado por muchos más, Fidel Castro fue uno de los personajes más controversiales de la historia moderna. Y si bien su legado quedará para siempre mancillado por el enorme costo en vidas y sufrimientos exigidos por su Revolución, pocos dudan que el hombre deja una profunda huella en América Latina.
“Castro va a ser recordado como una de las figuras más sobresalientes de la historia de América Latina”, dijo Brian Latell, ex oficial para América Latina de la Agencia Central de Inteligencia, quien por años formó parte de la sección de Cuba del organismo.
“Yo no admiro su legado, pero él va a ser recordado por su audacia y por los retos que le creó a Estados Unidos y lo que él llamó imperialismo. Y va a ser recordado por los logros en la política exterior que obtuvo en Cuba”, agregó Latell, autor del libro Castro's Secrets: Cuban Intelligence, The CIA, and the Assassination of John F. Kennedy.
Castro murió el viernes 25 de noviembre a los 90 años de edad. Por más de cinco décadas fue amo y señor de Cuba y ejerció gran influencia sobre la política de América Latina, al ser el principal promotor del marxismo en la región.
Ese proyecto revolucionario provocó decenas de miles de muertes en el continente, siendo ejecutado primero a través de la promoción y el respaldo de la lucha armada, antes de que Castro cambiara de estrategia a inicios de los noventa y diseñara estrategias para que sus seguidores latinoamericanos trataran de llegar al poder por la vía electoral.
Su muerte ocurre cuando su nombre y el de su revolución, tras disfrutar de una mejor reputación en América Latina, o al menos de un mayor grado de aceptación, había venido a menos con el desprestigio de los movimientos de izquierda de la llamada revolución bolivariana.
El éxito en las urnas del renovado movimiento socialista, primero con la aparición del chavismo en Venezuela y luego con las victorias electorales de una serie de antiguos guerrilleros y simpatizantes de la izquierda, fue seguido de fracasos en sus gestiones de gobierno que concluyeron con la caída de Dilma Russef en Brasil y la derrota del peronismo en Argentina, así como la profunda crisis que vive Venezuela bajo el régimen de Nicolás Maduro.
NACE UN MITO
El año 1959 marca un hito en la historia de América Latina con la aparición de la revolución cubana y del mito de Fidel como campeón de la lucha por la justicia social y por la igualdad.
Frank Mora, director del Centro para América Latina y el Caribe de la Universidad Internacional de la Florida, dijo que por décadas Fidel dedicó tiempo y esfuerzo en alimentar ese mito.
“Durante casi toda la Guerra Fría, Fidel y su revolución representaron para muchos precisamente eso, la lucha contra la injusticia social, la lucha contra el imperialismo, la lucha a favor de los pobres y de los descamisados”, dijo Mora.
Fue un mito que echo profundas raíces en la región, con la idea fuerza de que todos los males que existían en América Latina provenía de la desigualdad y de los intereses privados de las oligarquías que oprimían a los pobres bajo la bota de las dictaduras o bajo los esquemas injustos de las democracias representativas, que al final representaban la misma opresión que las dictaduras, explicó Mora.
Y más que nada, Castró personificó el símbolo de la rebelión ante la tiranía de la región que él atribuyó a Estados Unidos.
“Fue la figura del que se enfrentó a los Estados Unidos, y sobrevivió”, relató Mora. “Con el y con la Revolución, hubo una especie de romanticismo que todavía se en torno a él, en América Latina, y entorno a otros personajes como el Ché”.
Pero el sueño de exportar la revolución cubana a otros países de América Latina al final fue uno de los principales motores detrás de la turbulencia política de los años sesenta, setenta y ochenta en América Latina.
Por décadas, su régimen envió armas y brindó entrenamiento a las organizaciones guerrilleras en tres continentes. En 1966, creó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), compuesta por diversos movimientos revolucionarios y antiimperialistas de América Latina que compartían las propuestas estratégicas de la Revolución Cubana.
En su primera declaración, OLAS apuesta claramente a la lucha armada y la guerra de guerrillas como mecanismo para extender la revolución a toda Latinoamérica.
En Venezuela, Castró jugó un papel central en la instauración del movimiento guerrillero.
“Fidel Castro aglutinó a la izquierda en Venezuela, incluyendo aquellos elementos que no eran realidad marxistas, a través de propaganda y agentes infiltrados”, señaló el ex comandante general del Ejército de Venezuela, Carlos Julio Peñaloza, un general retirado que lleva años investigando la estrecha relación entre la Revolución cubana y el chavismo.
“Castro llegó a controlar directamente a muchos de esos dirigentes, algunos de ellos había formado parte de Acción Democrática, y que luego, siguiendo la línea trazada desde Cuba, se separaron de ese partido y se fueron a la guerrilla”, dijo Peñaloza, autor del libro El imperio de Fidel: Petróleo e injerencia cubana en Venezuela.
Castró entrenó a rebeldes venezolanos en el uso de las armas y los financió por un tiempo.
En su más audaz jugada durante la etapa guerrillera venezolana, envió a un pequeño destacamento de combatientes cubanos en 1967 que tenían previsto unirse a las fuerzas venezolanas, acción que fue delatada y terminó con las muertes y la captura de la mayoría de los agentes enviados.
LOS TENTACULOS DE FIDEL
Venezuela siempre fue de gran interés debido a su riqueza petrolera, pero Castro promovió la lucha armada a lo largo del continente.
“El plan original era instaurar dictaduras del proletariado, de corte marxista, alcanzando el poder con las armas y barriendo a todo aquel que pensara distinto”, dijo en Miami el ex oficial del servicio de inteligencia cubano Enrique García.
“Esas son las raíces del castrismo, y esas son las bases de la filosofía marxista. Todo el pensamiento burgués, no se combate con ideas, sino que se destruye. El enemigo, se elimina”, agregó García, quien por once años precisamente trabajó para adelantar las aspiraciones de Castro en la región, antes de desertar a finales de los años ochenta.
Era un plan continental, enfatizó García.
“A muchos le podrá sonar como ficción, pero en un momento determinado, el plan de Fidel Castro era llevar la guerra de liberación a México, y una vez que se llegara a México, conquistar a los Estados Unidos”.
El sueño de la Revolución Continental explica mucho de la convulsión por la que atravesó la región en el período que va desde 1960 hasta mediados de los ochenta.
En Chile, por ejemplo, las pretensiones de Castro es que el entonces presidente Salvador Allende entregara armas a las milicias urbanas para que el luego procediera a darse un autogolpe.
En Nicaragua, Guatemala y El Salvador, Cuba financió, armó y entrenó a elementos de la guerrilla.
“Yo estuve en la ocasión de estar a la dirección de operaciones especiales de Cuba, cuando se manejó la ofensiva salvadoreña, y pude ver de primera mano como el Salvador estuvo a punto de caer”, dijo García.
Cuba además mantiene a políticos latinoamericanos comprados y controlados bajo operaciones de extorsión y Castro ejerció gran influencia en los gobiernos de Velasco Alvarado en Perú, en el del general boliviano Juan José Torres y en el del panameño Omar Torrijos, dijo García.
“Cuando tú miras el continente, durante esa época, es fácil ver que esa locura estuvo a punto de imponerse”, agregó el ex oficial, autor del libro Servicios de Inteligencia Cubanos: Testimonio Inédito.
Pese a los logros, los avances fueron contenidos en los años ochenta gracias a la decisión del entonces presidente Ronald Reagan de hacer frente a las pretensiones de Cuba en la región, explicó García.
Y posteriormente vino el colapso del muro de Berlín, el desmoronamiento de la Unión Soviética, que había sido el más importante aliado del régimen, y el duro período especial.
LA TERCERA VIA
Ya para inicios de los años noventa, Castro había llegado a la conclusión que el camino de la lucha armada para llegar al poder ya estaba agotado, y el reconocimiento de esta derrota, fue lo que terminó abriendo el paso a sus mayores logros.
“Fidel, ya a finales de los ochenta, abandonó la idea de llegar al poder a través de la violencia y entonces se concentró en la táctica de organizar a los grupos de América Latina para respaldar a gente como Evo Morales, Hugo Chávez y Daniel Ortega”, explicó Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubano y Cubano Americano.
La victoria de Chávez terminó dándole a Cuba no solo una importante tabla de flotación que permitió a la isla dejar atrás el duro “Periodo Especial” creado por la caída de la asistencia que recibía de la Unión Soviética, sino también los medios para comenzar a exportar la revolución por medios democráticos.
El régimen de Chávez, bajo tutelaje del castrismo, promovió en la región el Socialismo del Siglo XXI, financiando campañas de líderes con inclinaciones izquierdistas que terminaron por cambiar el rostro político de América Latina.
Y sin embargo, no todos en América Latina ven a Castro con buenos ojos. Puede que la propaganda especial haya suavizado las percepciones hacia el legendario líder, pero es difícil ignorar la tragedia que la Revolución terminó generando en Cuba.
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Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2016, 3:36 a. m. with the headline "Castro y el fin del mito que exportó el fracaso a América Latina."