Cuba

Cuba: ¿aumentará 'la presión a la olla' tras cambio de política de EEUU?

Foto de archivo. Migrantes cubanos llegan a Ciudad Hidalgo, en la frontera de México con Guatemala, el miércoles en enero del 2016.
Foto de archivo. Migrantes cubanos llegan a Ciudad Hidalgo, en la frontera de México con Guatemala, el miércoles en enero del 2016. Foto: AP

A apenas días de dejar la Casa Blanca, Barack Obama anunció la decisión probablemente más trascendental para los cubanos entre todas las que tomó durante el llamado “deshielo”: la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados”, que permitía permanecer en el país a todos los cubanos que llegaran a la frontera o las costas de Estados Unidos.

El gobierno de EEUU buscaba, entre otras cosas, frenar la emigración y asegurarse de que permaneciera en la isla la población que podría impulsar el naciente sector privado y eventualmente, los cambios políticos. Muchos en el exilio consideraron que la medida era un “regalo” para el gobierno cubano. Pero, ¿se quedarán los cubanos en la isla o continuará el éxodo hacia otros lugares? ¿Sale ganando el gobierno cubano con este acuerdo?

Parte del debate se generó por el modo en que se llevó a cabo el cambio, anunciado a través de una declaración conjunta de ambos gobiernos y sin previo aviso para evitar una crisis migratoria, según explicó después el asesor de Obama, Ben Rhodes a los periodistas.

Antonio Rodiles, opositor y uno de los coordinadores del Foro por los Derechos y las Libertades dijo a el Nuevo Herald desde La Habana que la revisión de la política era “necesaria” pero criticó la forma “abrupta” en que se tomó la decisión. También cuestionó la exclusión de la sociedad civil cubana y que el anuncio se realizara de manera conjunta con el gobierno cubano, a través de un “vergonzoso” documento en el que “el régimen cubano hablaba de la defensa de derechos humanos y otros temas de los que este ha sido el principal violador”.

Rodiles señaló que la política “había sido torcida por el propio gobierno” de Raúl Castro, que construyó una narrativa en la que los emigrados “se iban por razones económicas y no políticas”, un argumento que luego repetían muchos a su llegada a EEUU, intentando además evitar conflictos con el gobierno para poder regresar a la isla, donde muchos dejaron a sus familiares más cercanos.

Este tipo de declaraciones y crímenes de alto perfil cometidos por algunos delincuentes recién llegados promovieron un estado de opinión negativo, sobre todo, entre los exiliados cubanos que llegaron en olas migratorias anteriores. Dos congresistas cubanoamericanos, Carlos Curbelo y Marco Rubio incluso presentaron un proyecto de ley para restringir el acceso de los inmigrantes cubanos a los beneficios federales, para otorgarlos solo a quienes hubieran salido de la isla por motivos políticos.

El cambio de la política migratoria era uno de los puntos en los que extrañamente coincidían “la línea dura” del exilio y el gobierno cubano y “deja establecido un pacto migratorio serio con Cuba que va a dificultar desmantelar” lo avanzado durante estos dos años, señaló Carlos Saladrigas, el presidente del Cuba Study Group, una organización que participó en el diseño de la nueva política de acercamiento a Cuba, promovida por Obama.

Al mismo tiempo, dijo, no queda claro qué gana y qué pierde el gobierno de Cuba porque, si bien el cierre a la entrada irregular de cubanos evita a largo plazo “una fuga de cerebros perniciosa para el futuro de Cuba y para la economía cubana, a corto plazo le representaba un alivio político al gobierno, porque los jóvenes, lejos de mostrar su descontento hacia el gobierno, lo que buscaban era una vía de escape”.

Frank Mora, profesor de la Universidad Internacional de la Florida y exsubsecretario adjunto de Defensa para América Latina cuestionó incrédulo “¿cómo podría considerarse este acuerdo una victoria para el gobierno cubano si, en cierta medida, Cuba ha utilizado la emigración a EEUU como una válvula de escape –y ya eso se acabó– y el gobierno ha aceptado recibir a individuos que han cometido crímenes?”

Lo importante, destacó Saladrigas, es que la medida “obliga a los jóvenes cubanos a buscar su futuro dentro de Cuba”, un argumento utilizado por Rhodes, al explicar el cambio el 12 de enero.

Varias organizaciones opositoras dentro y fuera de la isla han apoyado esta visión. En Miami, la Fundación Nacional Cubana Americana declaró en un comunicado que “la solución al problema cubano no se puede encontrar en ningún otro lugar que dentro de Cuba… Huir no es la solución”. Desde Santiago de Cuba, la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) publicó un video en el que varios entrevistados opinan que el cambio de política migratoria forzaría a los cubanos a quedarse y a “reclamarle al gobierno lo que les falta aquí en Cuba”.

Pero el experto en migración Jorge Duany, director del Cuban Research Institute de la Universidad Internacional de la Florida, consideró que si bien la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados” reducirá la inmigración irregular a EEUU, no la impedirá totalmente.

“Hasta ahora los cubanos se han estado yendo para cualquier parte porque el problema es huir, escapar de Cuba y lo van a seguir haciendo”, opinó desde la La Habana la periodista independiente Miriam Celaya. “El gobierno cubano pierde ese viejo argumento de que la emigración de los cubanos se debía a la política de “pies secos, pies mojados” –aunque sigue esgrimiendo la Ley de Ajuste Cubano– pero la fuga se va a mantener”, porque “el origen de todos los males está en la sociedad cubana”.

Celaya no cree que haya una relación directa entre el cambio de política migratoria de Estados Unidos y “la famosa olla cogiendo presión”.

“El hecho de que [se crea que] una política de otro país determine o no los cambios que se van a producir dentro de Cuba ya es una deformación”, comentó. “Exista o no la política de ‘pies secos, pies mojados’ la situación es crítica y se va a seguir agravando, en tanto no haya una apertura más profunda y reformas que verdaderamente permitan el empoderamiento de los cubanos”.

Del mismo modo opina Dagoberto Valdés, director del Centro de Estudios Convivencia y de la revista del mismo nombre en Pinar del Río.

“No creo que lo va a frenar ni esta ni ninguna política migratoria de ningún país, porque la causa de que Cuba hubiera cambiado de ser un país receptor de emigraciones antes de 1959 a ser un país emisor, es el modelo económico, político y social que hay en este país”, dijo. “Hasta que no cambie la causa no cesará el esfuerzo de los cubanos por buscar una vida mejor; nadie huye de un lugar en el que es feliz”.

Valdés, un reconocido intelectual laico católico, así como otros trabajadores del centro que dirige, han sido acosados en los últimos meses, en lo que él califica como la represión gubernamental “más alta” de los últimos años, la que achaca a la “inseguridad” generada por la inestabilidad en Venezuela, los cambios políticos en la región y la toma de posesión de un mandatario en EEUU que resulta “impredecible”.

Al tiempo que Estados Unidos se apresuraba a firmar varios acuerdos con Cuba, entre ellos uno con el Ministerio del Interior –a cargo de los servicios de seguridad e inteligencia cubanos–, el aumento de la represión en la isla ha sido la principal denuncia de opositores y activistas. Además del acoso a Convivencia, en los últimas semanas fueron arrestados y liberados el Dr. Elias Biscet y otros miembros del proyecto Emilia; la artista Tania Bruguera; varias mujeres del Movimiento Damas de Blanco, incluida su líder Berta Soler, así como activistas de UNPACU. Y desde que murió Fidel Castro a fines de noviembre, el artista Danilo Maldonado continúa en prisión, por haber escrito en un graffitti la frase “Se Fue”.

“Creo que es inhumano someter a más presión para lograr el cambio que nosotros los cubanos somos los que tenemos que hacer”, reflexionó Valdés.

“La presión política sobre cualquier gobierno la tienen que desempeñar sus ciudadanos; aquí el problema fundamental es normalizar las relaciones democráticas entre el gobierno de Cuba y su pueblo. La presión ha aumentado porque la crisis económica, los problemas sociales y la represión a la oposición y la sociedad civil más amplia ha aumentado”, añadió. “Esas son las verdaderas presiones, aunque obviamente si la gente no tiene adónde escapar y se le cierran las puertas, aumentará la presión”.

La socióloga Marlene Azor, residente en México, también cuestiona la teoría de “la olla de presión” como una solución para incrementar el movimiento cívico en Cuba y opina que sin apoyo internacional para frenar la represión gubernamental a la disidencia, “la población seguirá optando por soluciones personales y no por soluciones colectivas”.

“Los que abogan por cerrar el flujo migratorio en estos momentos no hacen más que apoyar un aumento de la violencia en Cuba. No hay derechos reivindicables en Cuba, esto no permite las acciones cívicas colectivas que existen en todos los demás países del hemisferio occidental”, escribió en la red social Facebook.

Celaya también cree que la comunidad internacional debe apoyar el acercamiento y presionar al gobierno para el cumplimiento de los derechos humanos, pero en última instancia, los cubanos deben superar “el miedo”.

“Está la cuestion innegable de que es una dictadura, y de que es represiva, pero está por otra parte la cuestión subjetiva de que los cubanos tienen mucho miedo y de que se ha creado una situación de supervivencia y escapismo”, opinó.

“Los cubanos tienen que entender que ningún gobierno extranjero tiene la obligación de resolverle sus problemas. En tanto los cubanos no asuman la conciencia de que su destino está en sus propias manos, sigan asistiendo a marchas, pertenezcan a los CDR, vayan a las elecciones y se dejen presionar por un gobierno y tengan ese temor visceral..., seguirá el estado de cosas aquí en Cuba”, concluyó.

Nora Gámez Torres: @ngameztorres

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de enero de 2017, 6:57 p. m. with the headline "Cuba: ¿aumentará 'la presión a la olla' tras cambio de política de EEUU?."

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