Cuba sobre los ataques a diplomáticos de EEUU: Nada de ataques sónicos. Quizá es estrés
Investigadores cubanos han descartado las numerosas especulaciones de que dos docenas de diplomáticos estadounidenses destacados en Cuba han sufrido problemas de salud como consecuencia de un arma sónica.
Entre sus teorías está que el estrés sobre los cambios en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos pudo haber exacerbado problemas de salud.
Los primeros reportes de prensa en agosto pasado, que citaron a funcionarios estadounidenses no identificados, culparon de una misteriosa serie de síntomas —pérdida de la audición, ruidos en los oídos, falta de equilibrio, dolor de cabeza, fatiga, dolor en el rostro y el abdomen, desórdenes del sueño y la memoria— a ataques con un “dispositivo sónico encubierto”.
En una entrevista exclusiva con el Miami Herald, cinco miembros del equipo cubano que investiga los incidentes describieron sus hipótesis y conclusiones preliminares en un caso que amenaza con afectar aún más las relaciones entre los dos países. Estados Unidos ya ha retirado a la mayoría de sus diplomáticos en La Habana, expulsó a 17 diplomáticos cubanos de Washington y ha advertido que los estadounidenses deben repensar sus viajes a Cuba y no alojarse en dos hoteles en la capital de la isla, el Nacional y el Capri.
Sobre la base de las evidencias limitadas que han compartido el FBI, el Departamento de Estado y sus propias investigaciones, los investigadores cubanos dijeron que no creen que los síntomas de salud que sufrieron los diplomáticos y otros funcionarios fueron causados por armas sónicas ni ondas sonoras.
Un portavoz del Departamento de Estado dijo en respuesta a preguntas del Herald sobre las conclusiones oficiales cubanas: “Todavía no tenemos respuestas definitivas sobre la fuente o la causa de los ataques. La investigación sigue su curso”.
A menos que Estados Unidos comparta con Cuba más información sobre su investigación, quizás nunca se conozcan las causas de los síntomas de salud de los estadounidenses, dijeron investigadores cubanos, quienes también se quejaron de que muchas veces son los últimos en enterarse cuando salen a relucir nuevos desarrollos en el caso en Estados Unidos.
Cuando el Departamento de Estado dijo recientemente que había recibido 19 reportes no confirmados de estadounidenses que viajaron a la isla y se quejaron de síntomas similares a los experimentados por los diplomáticos, investigadores cubanos dijeron que se enteraron no por boca de funcionarios estadounidenses sino leyendo el Miami Herald y el Nuevo Herald.
“Sin cooperación no vamos a ninguna parte”, dijo el Dr. Manuel Jorge Villar Kuscevic, otorrinolaringólogo y coordinador del comité de expertos cubanos que estudia los problemas de salud de los diplomáticos en La Habana.
Más de 80 especialistas cubanos trabajan en el caso y han desarrollado 14 hipótesis.
Al rechazar la teoría de los ataques sónicos, los investigadores cubanos señalan que no todos los estadounidenses sufrieron pérdida de la audición. Si se empleó un arma sónica u ondas sonoras lo suficientemente fuertes como para producir los síntomas en cuestión, entonces todos los diplomáticos hubieran tenido daños en la audición.
“Si un sonido es lo suficientemente fuerte como para provocar una conmoción cerebral, la gente termina muerta”, dijo el Dr. Mitchell Joseph Valdés Sosa, director del Centro de Neurociencias de Cuba.
“Hemos descartado la idea de que los daños pudieron deberse a algún tipo de sonido, mucho menos un arma sónica”, dijo Villar.
“Ese tipo de arma no existe en Cuba”, agregó el coronel Ramiro Ramírez Alvarez, jefe de seguridad diplomática del Ministerio del Interior de Cuba. “Estados Unidos es el primero que tendría ese tipo de cosa. Se fabrican allí, se venden allí”.
Un dispositivo acústico de largo alcance (LRAD), que emite sonidos en el rango de 145-151 decibelios, ha sido usado en Estados Unidos para controlar multitudes, así como en otros lugares para repeler a piratas somalíes y en situaciones de guerra. Estos cañones sónicos son aparatos grandes. Dispositivos similares que se venden como generadores ultrasónicos se anuncian en internet para alejar animales de las casas.
Si un tipo de arma avanzada secreta —que pudiera dirigir específicamente ondas sonoras a distancia— se usó en los supuestos ataques, eso pudiera complicar aún más la solución del misterio. Cuba no querría que Estados Unidos sepa que tiene acceso a tal dispositivo, y Estados Unidos tampoco lo admitiría a Cuba, han dicho expertos.
Algunos en Estados Unidos, entre ellos el senador floridano Marco Rubio, insisten en que en un país tan estrictamente controlado como Cuba, el gobierno no solamente tiene que saber qué provocó los misteriosos incidentes, sino también quién es responsable.
“Hubo gente lesionada y el gobierno cubano sabe quien lo hizo, pero por alguna razón no lo dicen”, afirmó Rubio en una audiencia de una subcomisión del Senado el 9 de enero, que convocó para reunir información sobre la respuesta del Departamento de Estado a los ataques.
El gobierno de Estados Unidos no ha llegado a decir que el gobierno cubano está detrás de los ataques, pero responsabiliza a las autoridades de la isla por no proteger a los diplomáticos, una responsabilidad del gobierno del país a tenor con la Convención de Viene sobre Relaciones Consulares.
Pero el secretario de Estado, Rex Tillerson, ha dicho que los incidentes en La Habana fueron “ataques deliberados”. Tillerson declaró a The Associated Press en enero que cree que alguien dentro del gobierno cubano “puede poner fin a a esto”.
Buena parte de lo que el público estadounidense conoce sobre el caso ha venido de filtraciones a los medios de comunicación. La audiencia en el Senado también sacó a la luz algunos detalles nuevos.
“¿Por qué siguen las filtraciones a la prensa?”, preguntó el Dr. Mitchell Joseph Valdés Sosa, director del Centro de Neurociencias en Cuba. “Obviamente, alguien está interesado en mantener las alegaciones vivas”.
Los diplomáticos comenzaron a reportar dolor de cabeza, mareos, problemas de la audición y dolor de oído en diciembre del 2016 y enero del 2017, dijo en la audiencia el Dr. Charles Rosenfarb, director de la Oficina de Servicios Médicos del Departamento de Estado. Pero algunos diplomáticos dijeron que desde noviembre habían comenzado a sentir sonidos extraños en sus casas, a lo que siguieron los síntomas.
Posteriormente se reportaron incidentes en los hoteles Capri y Nacional en La Habana. Investigadores cubanos dijeron que esos reportes mencionaron la habitación 823 del Hotel Nacional.
En el caso del Capri, se señalan las habitaciones dos habitaciones en los pisos 15 y 17. Después de revisarlas y no encontrar nada sospechoso, las tres habitaciones fueron reincorporadas al uso normal, dijeron los investigadores cubanos.
Los dos hoteles están incluidos en la alerta de viaje más reciente del Departamento de Estado.
Los investigadores cubanos dicen que están tratando de determinar con toda seriedad qué habría causado los síntomas reportados por Estados Unidos y si hubo alguna actividad ilegal. Los actos contra diplomáticos son delitos serios en Cuba y conllevan fuertes penas, dijo el coronel Roberto Hernández Caballero, investigador del Ministerio de Interior.
Sin embargo, sin acceso a los diplomáticos afectados que regresaron a Estados Unidos, dijo Villar, los médicos cubanos solamente tenían la información de médicos estadounidenses que habían visto a los diplomáticos.
Lo que les entregaron fue una sinopsis de los síntomas mostrados por los diplomáticos, pero no incluía audiogramas, estudios de resonancia magnética o tablas estadísticas que indicaran cuáles síntomas mostró cada paciente, dijo el Dr. Valdés Sosa.
La lista de síntomas, afirmó Villar, puede deberse a varias enfermedades, como infecciones del oído, hipertensión, epilepsia, reacción a drogas o el alcohol, diabetes, cáncer y otros males.
Este es un vistazo a algunas de las teorías de la parte cubana:
Ataques sónicos o auditivos
“Cuando escuchamos de estos llamados ataques sónicos por primera vez, debo confesar que pensé que era ciencia ficción”, dijo Villar.
Investigadores cubanos dijeron que el FBI compartió 14 grabaciones, aparentemente hechas con teléfonos celulares, en las viviendas de los diplomáticos.
Los investigadores del Ministerio del Interior cubano se quejaron de que las grabaciones llegaron sin información de dónde ocurrieron y en qué circunstancias. Después de escucharlas, los investigadores cubanos dijeron que pudieron identificar algunos de los sonidos ambientales en los vecindarios de Playa y Siboney, donde vivían muchos de los diplomáticos.
Hernández dijo que se examinó a más de 200 cubanos que vivían cerca de los diplomáticos para determinar si presentaban síntomas similares. Cuatro mostraron pérdida de audición. Dos de los casos se debían a enfermedades crónicas del oído, uno al ruido del fuego de artillería y el otro al ruido industrial, según los investigadores cubanos.
“Es imposible generar el tipo de energía que provocara estos daños [a los diplomáticos] sin afectar a otras personas”, dijo el teniente coronel José Alazo Rangel, especialista el Ministerio del Interior.
“Ninguna de las muestras [de sonido] excedieron los 74.6 decibelios”, dijo Villar. En Cuba, el ruido ambiental por encima de 80 decibelios se considera inaceptable los centros de trabajo.
El análisis de la parte cubana de las grabaciones reveló numerosos sonidos, como grillos y otros insectos, aves nocturnas, ruido del tráfico, un aire acondicionado, una voz humana, pero ninguno de esos sonidos puede poner en peligro la salud humana, dijo el teniente coronel Alazo.
Si hubiera habido ondas sónicas, habrían distorsionado el sonido ambiental en las grabaciones, al punto que el ruido de los grillos y otros no sería identificable, agregó el teniente coronel Alazo. Los investigadores capturaron grillos cerca de las viviendas de los diplomáticos y grabaron sus sonidos para compararlos con los de la grabaciones.
Ondas infrasónicas y ultrasónicas
Los investigadores también tomaron en cuenta la posibilidad de que ondas infrasónicas o ultrasónicas estuvieran afectando a los diplomáticos.
Las ondas infrasónicas son de una frecuencia demasiado baja y los seres humanos no las perciben, y aunque pueden producir vibraciones, es difícil de dirigir y se esperaría a que afectara a otras personas, vecinos, cónyuges, animales caseros, dijeron los investigadores cubanos. Las ondas ultrasónicas, que tienen frecuencias altas que los humanos no perciben, puede concentrarse mejor, pero el dispositivo tendría que estar muy cerca de la víctima para causar daño, dijo Villar.
Los investigadores agregaron que tampoco podían explicar por qué cualquier tipo de onda sonora habría afectado solamente a diplomáticos en ciertas habitaciones de sus viviendas. Dijeron que no habían podido verificar la posibilidad de que se hubiera instalado algún dispositivo en esas viviendas porque solamente les permitieron entrar a tres residencias.
Histeria colectiva
Histeria colectiva provocada por el estrés de las nueva relación entre los dos países y el enfriamiento bajo el gobierno de Trump: Durante la audiencia en enero, Rosenfarb dijo que las conclusiones estadounidenses “sugieren que no se trata de un caso de histeria colectiva”. Pero los investigadores cubano no han desechado esa posibilidad.
Dijeron que entre las condiciones que hubieran contribuido a enfermedades psicosomáticas e histeria colectiva están que todos los diplomáticos trabajaban en el mismo lugar y la incertidumbre creada después de un cambio abrupto en el gobierno estadounidense y la política hacia la isla. El uso por parte del gobierno estadounidense de términos como armas sónicas, ataques y víctimas pudiera haber aumentado la ansiedad, dijeron investigadores cubanos.
“Creo que algunos enfermaron, por diversas razones”, dijo Valdés Sosa. “Pero la tensión y el cambio en las relaciones entre los dos países pudo exacerbar sus enfermedades”.
¿Y los canadienses?
Varios diplomáticos canadienses y sus familiares reportaron el comienzo de síntomas similares a los sufridos por los estadounidenses, y también reportaron que ocurrieron en sus viviendas.
Sobre el caso de los canadienses se conoce poco. Ramírez dijo que la investigación con los canadienses se ha caracterizado por la cooperación y el intercambio de información.
Investigadores cubanos dijeron que no habían recibido reportes de síntomas similares que afectaran a diplomáticos de otras embajadas.
Un virus o toxina
Valdés Sosa dijo que un virus, que se propagaría más allá del cuerpo diplomático estadounidense, o una toxina, que no debiera provocar tantos síntomas diferentes, son una posibilidad verosímil.
No ha habido falta de teorías sobre quién es responsable de los problemas de salud de los diplomáticos: un ataque deliberado de una tercera parte que trata de dañar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, elementos dentro del propio gobierno cubano molestos con el acercamiento entre los dos países o una operación de vigilancia del gobierno cubano que salió mal.
Cuba ha rechazado enfáticamente la idea de que pueda estar detrás de los ataques. “Por qué haríamos eso cuando estamos en proceso de tratar de normalizar las relaciones?”, preguntó el coronel Ramírez.
Observadores de los asuntos cubanos han sugerido que Rusia o China pueden haber querido interrumpir el acercamiento que comenzó el 17 de diciembre del 2014, durante el gobierno de Obama. A eso, el coronel Ramírez agrega otra posibilidad: “Pudiera ser el propio gobierno de Estados Unidos, que usa los incidentes como pretexto para reducir el personal diplomático”.
Siga a Mimi Whitefield en Twitter: @HeraldMimi
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de febrero de 2018, 11:00 a. m. with the headline "Cuba sobre los ataques a diplomáticos de EEUU: Nada de ataques sónicos. Quizá es estrés."