Los cubanos opinan sobre un presidente que no se apellide Castro y una nueva generación de líderes
No hay botones ni actos de campaña, y ningún candidato va a perder cuando los cubanos vayan a las urnas el 11 de marzo para ratificar a los candidatos nominados a la Asamblea Nacional del Poder Popular y las asambleas provinciales.
Pero estas elecciones serán diferentes. El 19 de abril, la nueva Asamblea Nacional escogerá al nuevo presidente del país, y por primera vez desde los primeros días de la revolución el país no estará dirigido por alguien apellidado Castro. Raúl Castro, de 86 años, planea retirarse y aparentemente mudarse a Santiago de Cuba, al otro extremo de la isla. Pero se espera que siga al frente del poderoso Partido Comunista de Cuba.
Las próximas elecciones marcan un cambio generacional en el poder, la última celebración de los octogenarios que combatieron con Fidel y Raúl Castro durante la revolución, y la presentación de los protagonistas del futuro de la isla.
Muchos cubanos entrevistados por el Miami Herald sobre las elecciones y sus esperanzas para el futuro de Cuba hablaron de cambios, especialmente cambios que les den un mejor nivel de vida. Ese deseo de cambio que viene de abajo pudiera ser el mayor reto que enfrente el nuevo gobierno cubano.
“Las elecciones no son muy abiertas, pero es importante participar”, dijo un estudiante de Derecho de 19 años junto a la Facultad de Leyes de la Universidad de La Habana, quien esperaba comenzar una clase. “Yo esperaría que cambios, un cambio hacia algo más nuevo. Llevamos más de 50 años en el mismo camino, y si seguimos así, esta isla va a terminar como la Atlántida”.
El cambio de poder en el gobierno ocurre en un momento delicado. La economía cubana anda por el suelo, las relaciones con Estados Unidos, que habían comenzado a mejorar, están congeladas, y Cuba necesita desesperadamente atraer inversión extranjera. En momentos que la isla mira hacia un futuro incierto, sus ciudadanos tienen opiniones sobre hacia dónde se dirige el país y el nuevo liderazgo.
Frente a un pequeño edificio de madera en Guanabacoa, dos cuentrapropistas, un relojero y un zapatero, ofrecen sus servicios. Cuando la puerta trasera de la Unidad La Llama se abre, se escucha el ruido de un gimnasio privado.
Durante los últimos cinco años, el relojero Lionel Lima Verdecía ha alquilado al gobierno un metro cuadrado de espacio en este poblado en las afueras de La Habana por 360 pesos cubanos mensuales. El negocio va bien — “al menos da lo suficiente para vivir”, dice, “pero creo que [el alquiler] es muy alto”.
Lima, de 44 años, nació mucho después del triunfo de la revolución en 1959, y los únicos presidentes que ha conocido se apellidaban Castro. “No tengo temor de esto [tener en el poder a alguien que no se apellide Castro] pero espero que si hay cambios, que sean para mejorar”.
Aunque Lima dice que gana dos veces más que como empleado de una fábrica, la vida no es fácil. Su mayor queja es la dificultad para conseguir piezas para reparar los relojes. “Tengo que comprar relojes viejos para usar las piezas”, explica.
Roberto Veiga, abogado, director de revista y analista político, piensa que el próximo cambio generacional en el poder desatará exigencias de una mayor reforma en el sistema político. Los nuevos líderes de la isla necesitan no sólo representar a la gente, sino también satisfacer sus necesidades, dice. “Si no cumplen, eso pudiera llevar al fracaso del sistema que están tratando de preservar”.
Veiga dirige Cuba Posible, una publicación independiente, como parte de un proyecto cultural e investigativo del mismo nombre, desde su apartamento en Centro Habana. Él y Lenier González, su aliado en el proyecto de la sociedad civil, dicen que lo que han creado es una laboratorio de ideas. Investigadores de Cuba Posible publican estudios sobre asuntos políticos, económicos, culturales y laborales que afectan a la sociedad cubana, mantienen una red de contactos internacionales, celebran conferencias y alientan el debate y el diálogo sobre temas cubanos.
Por primera vez en la historia moderna de Cuba, alguien llegará a la presidencia sin el poder derivado de ser uno de los revolucionarios históricos, dice Veiga. Sin Fidel o Raúl al frente, Veiga espera que el sistema se descentralice más.
Pero Veiga no piensa que Cuba esté particularmente bien preparada para la transición. Entre las razones, dice, es que Castro pensó que podía mejorar la economía, y no pudo; que mucho del mejor talento se ha dado por vencido y se ha marchado de la isla; que el gobierno nunca pensó que los demócratas perderían la Casa Blanca, y que en este momento Cuba no puede depender del apoyo unificado de América Latina.
Si Raúl Castro hubiera pensado que tendría que enfrentarse a este escenario, dice Veiga, “quizás hubiera preparado otra forma para transferir el poder. Pero se le acabó el tiempo”.
Castro ha dejado muchas cosas por terminar. La reforma electoral, un marco jurídico para las empresas privadas, nuevas leyes que gobiernen las asociaciones y la prensa, y una reforma constitucional que apoye los cambios que se han discutido pero que no se han aprobado. “El proceso se detuvo”, dice Veiga, cuando miembros más conservadores del Partido Comunista obtuvieron más poder.
Ahora, un nuevo gobierno tendrá que crear un consenso social, dice Veiga. “Lo que está muy claro para mí es que estos nuevos líderes tendrán que cambiar lo que ofrecen a la sociedad y dar más pasos hacia la libertad”.
En la Universidad de La Habana, Laura de León, quien cursa el primer año de Farmacia, no concuerda con la percepción popular de que los jóvenes cubanos son apolíticos y están más interesados en tratar de marcharse del país que en planear un futuro en la isla.
“Hay los que están interesados [en política], otros no; los que estudian política y los que tienen opiniones sin saber de lo que están hablando. No se puede generalizar”, dice De León. “A mi me gusta la política. Fui líder estudiantil dos años”.
Pero otros jóvenes sencillamente se encogen de hombros y dicen que no tienen nada que decir sobre las elecciones o la política.
La próxima elección, dice De León, es “muy importante. Va a ofrecer un contexto diferente para el país sin Raúl Castro, algo diferente para el futuro. Creo que el país está preparado para el cambio”.
Desilusión en Guanabacoa
“No, no, esto no va a cambiar. Siempre va a ser lo mismo. Es el mismo grupito”, dice William Esperón Losano, de 64 años, quien vive junto a una calle llena de baches en Guanabacoa. “Aquí la esperanza está totalmente perdida”.
Esperón trabajaba de mecánico, pero ahora, tras cumplir prisión por un caso de drogas, dice, está “obligado” a trabajar como guardia en un basural. “Sí”, dice, “yo consumía marihuana”.
En un país con cero tolerancia con las drogas, sus perspectivas para el futuro son cero, y no piensa que eso va a cambiar, sin importar quién sea el presidente. Esperón piensa que es posible que la familia Castro siga en el poder.
La luz del día se filtra por el techo de la casa donde vive con ocho familiares. Cuando llueve, dice, todo se moja, pero no tienen dinero para arreglar la casa, que data de la era colonial.
“La economía está en suelo”, dice Esperón, mientras saca un pedazo de tocineta del refrigerador. “Mire, esto cuesta 20 pesos y yo gano 250 pesos al mes. En este país no tenemos futuro. Esto no es una revolución, es un imperio”.
Afuera de la terminal marítima de Regla, al otro lado de la bahía frente a La Habana Vieja, Gabriel de la Concepción, de 26 años, espera en una larga fila de camiones para recoger paquetes grandes enviados desde el exterior a familiares o pequeños negocios.
De la Concepción planea votar en la elección a la Asamblea Nacional, pero no pronostica quién será el próximo presidente. Le interesa más hablar sobre el estado de la economía que de la política en la isla.
“Todo está carísimo ahora. Los tomates y los pimientos están a 10 pesos la libra. Antes costaban cinco pesos”, dice este camionero. “Los precios de las cosas no se corresponden con los salarios que ganamos. Con suerte, habrá cambios [con un nuevo presidente]”, dice. “Yo diría que lo que más espero es que podamos mantenernos con los salarios que ganamos”.
A lo largo del Callejón de los Peluqueros, un calle de Centro Habana donde docenas de cubanos han instalado sus propios negocios, Luis Puerta Batista pinta un saxofonista sobre un lienzo con pintura acrílica, una más de una serie de pinturas de su tema favorito, músicos de jazz.
“Estamos ansiosos por ver qué cambios traería un nuevo gobierno”, dice el artista de 46 años en su estudio. “Tienen que haber cambios políticos, estructurales y económicos. Los nuevos gobernantes cubanos tienen que tratar porque la gente está esperando una respuesta”.
Puerta rechaza el embargo estadounidense, pero dice que el “bloqueo” se ha usado muchas veces como pretexto para justificar los fallos del gobierno cubano. “Aquí el gobierno temía muchas de las medidas de Obama. Con la apertura, no era fácil ocultar sus fallas”.
Una de las cosas que desea del nuevo presidente es una mejor relación con Estados Unidos.
“Esta pintura viene de China”, dice Puerta, echando mano a una pequeña lata. “En Estados Unidos hay mejor material disponible. Cuba pudiera ser un mercado importante. Estados Unidos no ha aprovechado las oportunidades que Cuba ofrece. Hay tantos lazos históricos entre los pueblos de los dos países que es estúpido pensar en un regreso a la Guerra Fría y no mirar hacia el futuro”.
A Puerta también le gustaría ver una economía más abierta y un gobierno menos centralizado. “Sucede con lentitud, pero el gobierno tiene que descentralizarse más. Yo quisiera que no hubiera esta tensión constante entre Estados Unidos y Cuba”.
“Espero que no pase mucho tiempo antes que lleguen los cambios”, dice Puerta, quien tiene tres hijos. “Espero que no tengamos que esperar a la próxima generación”.
Agrega que los cubanos necesitan cambiar la manera en que piensan sobre la economía, la política y la sociedad. “Si no podemos cambiar a las personas mayores, entonces cambiemos la manera de pensar de los niños”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 1 de marzo de 2018, 3:39 p. m. with the headline "Los cubanos opinan sobre un presidente que no se apellide Castro y una nueva generación de líderes."