Cubanos en Islas Vírgenes detallan por qué aún no pueden viajar a Miami
Juan José Santovena salió de Cuba en un avión con destino a Panamá en marzo, dando comienzo así a un largo viaje para reunirse con su hijo, Hansell, que vive en Hialeah.
Santovena está actualmente varado en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, uno de 20 inmigrantes cubanos cuyos documentos de viaje fueron demorados por más de dos meses por funcionarios estadounidenses, ya que supuestamente se negaron a cooperar con una investigación de tráfico de inmigrantes.
El viernes, Santovena explicó en detalle la saga de los cubanos durante una larga entrevista telefónica con el Nuevo Herald desde St. Thomas –parte de una estrategia de los inmigrantes para presionar a las autoridades para que les entreguen los documentos de viaje conocidos como paroles. Sin los paroles, los cubanos no pueden subir a un avión para venir al sur de Florida, donde la mayoría tiene familiares cercanos.
Su hijo, Hansell, así como Claudina Lambert –tía de una joven en el grupo, Yubisnei Franco– consideran la supuesta negación de paroles como una táctica ilegal. La Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) ha dicho que no puede hacer comentarios sobre el caso, ya que todavía estaba bajo investigación.
Aunque los retrasos de parole a inmigrantes cubanos han ocurrido antes, esta es la primera vez que un grupo grande de inmigrantes de la isla se queja públicamente sobre el problema.
El caso llegó a los titulares el mes pasado cuando el grupo de 20 cubanos se puso en contacto con el Nuevo Herald para denunciar que las autoridades estadounidenses de inmigración les estaban demorando deliberadamente la concesión de los paroles. La persona que actuó como vocero del grupo pidió que su nombre no fuera publicado y proporcionó sólo un esbozo del viaje del grupo a las Islas Vírgenes.
Santovena, en su entrevista del viernes, añadió muchos más detalles al relato. Puso en claro que los 20 cubanos salieron de su país por separado y sólo se conocieron por primera vez después de que se congregaran en la isla de Santa Lucía en el Caribe y abordaran la embarcación que los transportó a las Islas Vírgenes estadounidenses.
Con 59 años, Santovena es el de más edad entre los 20 cubanos, en su mayoría hombres y mujeres de entre 20 y 30 años de edad. Dos son hermanas gemelas de 17 años, dijo Santovena.
Él comenzó su periplo el 24 de marzo, cuando abordó un avión de pasajeros en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana con destino a Panamá. Una vez allí, abordó un vuelo a Guyana, donde cambió a un avión con destino a Barbados. Desde ahí voló a Santa Lucía.
Aunque ninguno de los 20 cubanos se conocían entre sí antes de abordar el barco que los transportó, todos ellos –incluyendo Santovena– sabían que había embarcaciones que salían de Santa Lucía con inmigrantes cubanos a las Islas Vírgenes estadounidenses. Los inmigrantes cubanos que no tienen visa, pueden no obstante permanecer en Estados Unidos si logran llegar a suelo estadounidense bajo la política actual de pies secos/pies mojados. Los cubanos interceptados en alta mar por lo general son devueltos a la isla.
“Me habían contado ya que contactaban a los cubanos para hacer ese tipo de travesía [a las Islas Virgenes] y yo fuí con esa idea”, dijo Santovena.
A las 7 p.m., un día de finales de marzo, Santovena y otros 19 cubanos se reunieron y más tarde navegaron en una embarcación a las Islas Vírgenes, situadas a unas 400 millas de distancia.
“Cuando nos sacan a la orilla de una isla, todo mundo salió corriendo”, recordó Santovena. “Yo estaba que no podía ni caminar porque cuando caí en el agua se me torció un tobillo”.
En cualquier caso, los cubanos no fueron detectados por las autoridades de inmigración cuando llegaron a altas horas de la noche. El barco que los transportaba los dejó en la playa, viró y se marchó a toda prisa, dijo Santovena.
Como resultado, agregó, nadie sabe a ciencia cierta quien era el capitán y ninguno de los cubanos sabía como se organizó el viaje. El barco dejó a los cubanos en la isla St. John, frente a St. Thomas.
Al amanecer, el grupo se dirigió a la marina para tomar un ferry a St. Thomas para presentarse ante las autoridades de inmigración y reclamar su estatus en virtud de la Ley de Ajuste Cubano.
“El primer ferry salió como a las cinco de la mañana,” dijo Santovena. “Ahí nosotros tomamos un autobús y fuimos a la oficina de migración y nos sentamos en el parqueo a esperar a que esa oficina abriera.”
Una vez que la oficina abrió, un funcionario de inmigración les dijo que tenían que volver al día siguiente. Santovena dijo que cuando el grupo regresó se les informó de un nuevo retraso hasta una semana después a causa de la Semana Santa.
Después de la Semana Santa, dijo Santovena, los miembros del grupo empezaron a llenar formularios con detalles biográficos. Luego se les dijo que debían pedir citas individuales a través de un sistema de internet.
Una vez que Santovena se presentó para su cita, se le dijo que regresara en unos 12 a 15 días más tarde para que pudiera responder a preguntas sobre su vida en Cuba. En esa cita, dijo, un funcionario de inmigración le mostró lo que le describió como su parole pero no se lo entregó.
“¿Y cuando lo puedo recibir?, y me dijo: ‘bueno, yo tengo que esperar a que me autoricen’”.
Unos 10 días más tarde, Santovena fue convocado a otra entrevista.
Dijo que le preguntaron si podía identificar el capitán, y él respondió que no porque el capitán los dejó en la playa y se fue. Santovena no recibió su parole.
Siete de grupo se cree que ya han recibido los paroles porque aparentemente respondieron a las preguntas a la satisfacción de las autoridades de inmigración, dijo Santovena.
“Ya llevamos casi tres meses en estas islas”, dijo. “Y ahora hay un mutismo total por parte de los oficiales de migración”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 6 de junio de 2015, 6:12 p. m. with the headline "Cubanos en Islas Vírgenes detallan por qué aún no pueden viajar a Miami."