Un grupo de restaurantes exóticos trata de sobrevivir en La Habana
Un pequeño grupo de restaurantes étnicos se abre paso en La Habana con exóticas ofertas que van del pan naan iraní al borschruso, todo un desafío para el paladar cubano y para los chefs y encargados de esos negocios, que enfrentan dificultades para encontrar suministros.
Locales de comida chilena, brasileña, sueca, mexicana, japonesa, hindú, rusa o árabe han surgido en la ciudad y, aunque algunos han tenido que cerrar, otros perseveran a pesar de la inestabilidad de clientes y personal, y de la escasez de materias primas.
El primer restaurante iraní de Cuba, Topoly, abrió hace dos meses en una céntrica avenida de El Vedado con la filosofía de “mezclar culturas” divulgar el arte de ese país e introducir una gastronomía desconocida en la Isla.
“Nuestra gastronomía está muy cerca de la cubana, tenemos arroces, panes, así que quiero a través de la comida activar a la gente para que conozca la rica cultura de mi país”, dijo Farok Nurbakht, patrocinador del proyecto.
Farok, quien desde hace una década mantiene vínculos con Cuba como promotor cultural, aprovechó una visita a la isla de su hermana —una “excelente cocinera”, afirmó— para improvisar un curso de cocina del que salió el personal del establecimiento.
“Yo no quiero muchos clientes en el restaurante porque todavía no estamos listos”, bromeó Farok, quien supervisa la cocina y cree que en el futuro tendrán gran éxito con los bocadillos del tradicional pan naan iraní.
En el caso de Topoly, algunos condimentos como la cúrcuma o la menta seca tienen que ser obligatoriamente importados a Cuba, donde no existen mercados especializados ni mayoristas, hay desabastecimiento y el alto costo de muchos productos golpea el día a día de estos negocios y encarece sus precios.
“Nosotros importamos cosas como caviar o centeno para el pan negro. El reto mayor es conseguir lo necesario para hacer el menú, pero por suerte no hemos tenido que 'cubanizarlo”, dijo el cubano Rolando Javier, uno de los tres socios del recién inaugurado Nazdarovie.
Ubicado en pleno malecón habanero, entre matrioshkas, samovares y afiches que rememoran la era soviética, el local oferta las tradicionales recetas del shashlik caucasiano o sopas como la solianka y el borsch, mientras su bar elabora todos los cocteles con vodka.
“Hacemos comida retrosoviética, platos de regiones que ya no están en la geopolítica de la URSS, pero que se podían probar en sus antiguas repúblicas. Es una definición rara, pero no queremos estrechar el concepto a comida rusa”, explicó Rolando.
Actualmente Rusia es uno de los principales países emisores de turistas a Cuba, un punto fuerte para Nazdarovie, que también apela a los miles de cubanos que estudiaron y trabajaron en la URSS y de una comunidad de nacionales de países exsocialistas que hoy representa el 26 por ciento de los extranjeros residentes en la Isla.
De hecho, casi todo el personal está compuesto por jóvenes descendientes de esos residentes —en su mayoría mujeres— que llevan en sus camisetas de servicio el apellido de soltera de sus madres, hablan ruso con soltura y consideran el restaurante como un sitio de “reencuentro”
Para este tipo de establecimientos es un reto atraer clientes entre turistas que suelen buscar las ofertas criollas y cubanos.
El precio de los alimentos es alto para el bolsillo medio en un país que sufre una permanente crisis económica, bajos salarios y un sistema de doble moneda, por lo que cenar en restaurantes está fuera del alcance de la mayoría.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2014, 11:13 p. m. with the headline "Un grupo de restaurantes exóticos trata de sobrevivir en La Habana."