Venezuela

‘Nos robaron la esperanza’, récord de venezolanos que huyen a otros países de Sudamérica

Un grupo de música tradicional venezolana toca en una calle de Bogotá, Colombia. La cantidad de venezolanos en Colombia ha aumentado siete veces tras el colapso económico de ese país.
Un grupo de música tradicional venezolana toca en una calle de Bogotá, Colombia. La cantidad de venezolanos en Colombia ha aumentado siete veces tras el colapso económico de ese país. jwyss@miamiherald.com

En una concurrida calle llena de gente haciendo compras navideñas y envueltas en el sonido de la música decembrina, Larry Centeno estaba sentado en la acera, llorando.

Este hombre de 44 años, su esposa y su hija adulta, huyeron de Venezuela hace unas semanas y cada uno se dirigió a una ciudad colombiana diferente con la esperanza de que alguno encontrara un trabajo estable.

“Es muy duro estar aquí solo”, dijo el electricista, enjugándose las lágrimas mientras trataba de vender café a los peatones. “En Venezuela ya no hay nada para nosotros. Nos robaron la esperanza”.

La cantidad de venezolanos que han huido a otros países de Sudamérica ha aumentado más de siete veces en los últimos tres años, según un nuevo informe. El hambre, el caos y la desesperanza alimentan un éxodo masivo.

Según un nuevo informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2017 había más de 629,000 venezolanos viviendo en nueve países sudamericanos, en comparación con 85,000 en 2015.

Larry Centeno, de 44 años y quien tuvo una compañía constructora en Venezuela, ahora se gana la vida vendiendo café en las calles de la capital colombiana.
Larry Centeno, de 44 años y quien tuvo una compañía constructora en Venezuela, ahora se gana la vida vendiendo café en las calles de la capital colombiana. Jim Wyss jwyss@miamiherald.com

La tendencia es asombrosa en una región que por lo general genera inmigrantes que van a lugares como Europa y Estados Unidos.

Colombia es un ejemplo. En medio de décadas de una sangrienta guerra civil, millones de colombianos huyeron al extranjero, incluida Venezuela, el país vecino. Pero en los últimos tres años, la cantidad de venezolanos que vienen a Colombia ha aumentado 10 veces, de 44,615 en 2015 a unos 470,000 en 2017.

En países como Ecuador, Perú, Brasil y Uruguay, la cantidad de venezolanos ha aumentado en más del triple.

Y esas cifra no incluyen el número cada vez mayor de venezolanos que piden asilo.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre 2014 y 2017 más de 100,000 venezolanos solicitaron asilo en otros países, y la mitad de esas solicitudes se presentaron este año.

“La gente se va de Venezuela por muchas razones”, dijo Regina de la Portilla, portavoz del ACNUR. “Algunos huyen de grupos armados, otros porque los persiguen por sus ideas políticas y otros debido a la escasez de medicinas, alimentos y otras necesidades básicas”.

Venezuela está totalmente abrumada por una inflación de más de 1,000 por ciento y una economía en contracción. La escasez de alimentos y medicinas afecta a todo el país. Y a pesar de tener las mayores reservas de petróleo del mundo, muchos pasan hambre.

Jesús Montesinos, de 42 años, dijo que en otros tiempos tenía el envidiable empleo de dirigir un teatro en el norte de Venezuela. Pero a medida que el bolívar, la moneda venezolana, perdió su valor, y comenzó la escasez de alimentos, su peso bajó de 308 libras a 132 libras (de 139 a 60 kilogramos).

En agosto cruzó a Colombia, temiendo por su salud, y con la misión de enviar dinero para mantener a su familia.

“Los conflictos sociales, económicos y culturales están matando el país”, dijo. “Y el gobierno no quiere reconocer que es parte del problema”.

El presidente Nicolás Maduro y su gobierno socialista culpan de los problemas a una “guerra económica” de la oposición y a fuerzas extranjeras oscuras. Aunque Estados Unidos ha impuesto a Venezuela sanciones financieras en meses recientes, algunos economistas dicen que los draconianos controles de precios y cambio monetario —además de la fuerte baja en la producción de petróleo— han convertido a la otrora orgullosa nación en el peor desastre económico en el continente americano.

En el corazón del distrito turístico de Bogotá, en la escalinata del Museo del Oro, un grupo de cuatro venezolanos, vestidos con el rojo y amarillo de su bandera nacional, tocan canciones tradicionales con la esperanza de ganar algún dinero.

Todos eran maestros y educadores en Yaracuy, en el noroeste de Venezuela, y todos huyeron con sus familias. Los hombres dijeron que un buen día pueden ganar el equivalente a 10 dólares en monedas, el salario de un mes en Venezuela.

Orlando Muñoz, de 33 años y quien tocaba las maracas, dijo que vendió su posesión más valiosa, un refrigerador, para comprar el boleto de ida en autobús a Colombia.

Aunque dijo que regresaría “inmediatamente” si la situación mejorara, describió su decisión de una manera muy dura.

“No estamos aquí porque queramos estar, teníamos que huir”, dijo. “Huimos de la silenciosa muerte por hambre”.

Al preguntársele el nombre de la banda, el que tocaba el tambor se encogió de hombros, como si fuera un lujo innecesario.

El venezolano Larry Centeno se gana la vida vendiendo café en las calles de Colombia, uno de cientos de miles que han tenido que huir de su país debido al colapso económico.
El venezolano Larry Centeno se gana la vida vendiendo café en las calles de Colombia, uno de cientos de miles que han tenido que huir de su país debido al colapso económico. Jim Wyss jwyss@miamiherald.com

“No tenemos nombre”, dijo. “Nos puede llamar sencillamente Venezuela”.

En la mayoría de los casos, América Latina ha abierto los brazos a esta nueva ola de refugiados que buscan una mejora económica.

Argentina, Uruguay, Brasil, Perú y Colombia han establecido programas especiales de visas para que los venezolanos puedan solicitar la residencia temporal y encontrar trabajo.

Chile y Ecuador también tienen reglas de inmigración poco estrictas que han convertido a esos países en territorios seguros para los venezolanos.

Centeno, el que vendía café en la acera, tenía su propia compañía de construcción antes que la economía colapsara. Dijo que la gota que colmó la copa para él fue el 10 de diciembre, cuando el gobierno ganó 305 de las 335 alcaldías en medio de la abstención de la oposición.

“Allí hay mucha corrupción”, dijo. “Los únicos valientes que quedan son los estudiantes, pero ellos llevan banderas, y el ejército tiene armas. ¿Qué pueden hacer?”.

Centeno y su familia inmediata cruzaron la frontera en un autobús con $140 en el bolsillo. Antes un emprendedor orgulloso, ahora sobrevive con muy poco dinero: $4 la noche por una habitación y $1.50 al día para comer. El resto de lo que gana (unos $15 a la semana) lo envía a Venezuela para ayudar a su familia.

Al preguntársele cuánto tiempo piensa que pasará antes que pueda regresar a su país, empieza a llorar otra vez.

“Ni siquiera podemos decir cuánto tiempo nos llevará reconstruir el país”, explicó, “porque no tenemos idea de cuánto tiempo va a durar este problema”.

Siga a Jim Wyss en Twitter: @jimwyss.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de diciembre de 2017, 3:49 p. m. with the headline "‘Nos robaron la esperanza’, récord de venezolanos que huyen a otros países de Sudamérica."

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