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Opinión

Trump declara la guerra al FBI: ‘¿no tiene usted decencia, señor?’

James Comey, ex director del FBI, fue despedido de su cargo por el presidente Trump, quien ha criticado frecuentemente a la agencia.
James Comey, ex director del FBI, fue despedido de su cargo por el presidente Trump, quien ha criticado frecuentemente a la agencia. AP

No hay brujas en el FBI, por supuesto. Pero Donald Trump las ha inventado, a modo de conjuro, intentando ahuyentar a sus temidos fantasmas del Rusiagate. La cacería de brujas que ha desatado contra el respetado Bureau, en complicidad con sus vasallos del Congreso, evoca el peor de los macarthismos. Aunque a diferencia de Joseph McCarthy, que en su paranoia perseguía a supuestos comunistas infiltrados por Moscú, Trump persigue justamente lo opuesto, a los agentes que investigan el complot ruso contra Estados Unidos.

Denunciar con falsos alegatos a la policía federal, para neutralizarla y luego sustituirla con sus compinches, es la táctica número uno de los aficionados a la autocracia, como lo es Trump. Y, como buen aficionado al fin, ya ha convertido a los republicanos del Congreso en un redil de ovejas; y a los indomables demócratas en “traidores”, porque no aplauden sus discursos. ¡Ah! Y para que nos vayamos acostumbrando a la coreografía cesarista, ha ordenado que por las calles de Washington pronto desfilen tanques, aviones de guerra y miles de soldados en una parada militar al mejor estilo bolchevique de la Plaza Roja.

En comparación, puede que la Historia juzgue con cierta benevolencia a apestados como Nixon o McCarthy.

El senador republicano McCarthy acusó a cientos de americanos de subversión y traición, sin tener pruebas. Simplemente las falseaba, como hace Trump, intimidando a diestra y siniestra. Sentó en el banquillo de sus inquisitoriales audiencias a funcionarios del gobierno, artistas, mandos militares… Y en el colmo del delirio, durante un interrogatorio en el Senado el 9 de junio de 1954, acusó a un (difunto) dentista militar, momento en que el abogado defensor del Ejército, Joseph Welch, le respondió con la famosa frase que acabó destruyendo a McCarthy: “¿No tiene usted decencia, señor? ¿No le queda ya ningún sentido de decencia?”.

Claro que no tenía. Los manipuladores despiadados carecen de ella. Quienes finalmente sí la tuvieron fueron sus colegas republicanos del Senado, destituyéndole como jefe del Subcomité de Investigaciones. En aquel entonces, al igual que hoy, tanto el Senado como el Congreso y la Presidencia –con Dwight Eisenhower– estaban en manos republicanas. Lo distinto con la actual situación es la cobardía de la mayoría de los republicanos en ambas cámaras del Congreso, que actúan como el feudo del césar Trump: obedientes, serviles, indulgentes ante sus barbaridades y facilitando su autoritarismo. Abdicando sus responsabilidades constitucionales, como uno de los tres poderes independientes, para aplaudir los caprichos del dear leader.

Ahora toca complacerle en su insidiosa cruzada contra uno de los más reverenciados pilares de la Seguridad Nacional, el Federal Bureau of Investigation (FBI). Y ahí están prestas las ovejas del Congreso, fabricando memos que atentan contra la ética más elemental; y no sólo por haber suprimido información exculpatoria del FBI sino por revelar métodos de inteligencia que sólo benefician a los enemigos. Y perjudican la crucial colaboración de agencias de espionaje de países amigos, desconfiadas de que sus indagaciones vayan a acabar en Twitter.

Parece un plan diseñado por Putin, el gran beneficiado del divisionismo social creado por Trump, como bien recalcaba esta semana el honesto senador John McCain: “En 2016 el gobierno ruso ejecutó un elaborado plan para interferir en las elecciones y socavar nuestra democracia. Los últimos ataques contra el FBI y el Departamento de Justicia no sirven a los intereses americanos, a ningún partido, a ningún presidente, sólo sirven a Putin”.

Es un momento “peligroso” para la propia independencia del FBI, señala Timothy Naftali, historiador que dirigió la biblioteca de Nixon: “Históricamente ha habido ocasiones en que [el FBI] ha sido criticado por presidentes y por el Congreso, pero nunca al mismo tiempo y nunca en complicidad”.

La mayor de las ironías es que el FBI ha sido considerado un bastión conservador desde tiempos de Edgar Hoover, apoyado por los republicanos incluso durante el Watergate. Ningún congresista pidió entonces purgar a los agentes que investigaban a “su” presidente republicano, Richard Nixon. Doblemente sarcástico es que las bases trumpistas que pregonan “ley y orden” hayan desarrollado un odio visceral al FBI, después de que aplaudieran al republicano James Comey cuando sentenció la derrota de Hillary Clinton reabriendo la investigación de los emails a 11 días de la elección, para luego exonerarla horas antes de la votación.

¿Qué ha cambiado para ese giro de 180 grados de los trumpistas? Las arengas del jefe y sus edictos señalando quiénes deben ser tachados de enemigos. Despidió a Comey, luego es un enemigo. Critica al subsecretario republicano de Justicia (nombrado por él), Rod Rosenstein, luego es un enemigo. Vitupera al fiscal especial y ex director del FBI, también republicano, Robert Mueller, luego es un enemigo. Y así sucesivamente. Con Fox News repitiendo las consignas para ir preparando el terreno a lo que el jefe decida.

Es obvio que el asalto de Trump al FBI pretende socavar la confianza pública en esa institución, y en particular sobre los agentes que trabajan a las órdenes de Mueller; sembrar dudas ante los resultados de la investigación sobre sus posibles vínculos con Rusia, y así allanar el camino para un posible despido de Rosenstein o/y Mueller. El daño sin embargo que toda esta farsa está haciendo a la nación es mucho más profundo: ahonda el tribalismo y aviva las llamas de una crisis constitucional.

¿No le queda ya ningún sentido de decencia, señor?

El país pagará un precio muy alto, porque la herida a la conciencia nacional es lo más difícil de reparar. Pero también Trump se arriesga enormemente atacando a un potente adversario como el FBI que, si quiere, puede devolverle con creces los golpes, porque conoce sus secretos.

Periodista y analista internacional.

Siga a Rosa Townsend en Twitter: @TownsendRosa

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de febrero de 2018, 3:09 p. m. with the headline "Trump declara la guerra al FBI: ‘¿no tiene usted decencia, señor?’."

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