Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

El fetichismo no es parte de nuestra Constitución

Un vendedor muestra un fusil semiautomático a un cliente en una armería de Riverside, en California, en diciembre del 2015.
Un vendedor muestra un fusil semiautomático a un cliente en una armería de Riverside, en California, en diciembre del 2015. AP

Es indiscutible el éxito que ha caracterizado a los EEUU, como nación, durante sus 241 años de existencia. Y es muy razonable suponer que gran parte de ese éxito se debe a la solidez de las bases institucionales, los cimientos, que le dieron aquellos a quienes llamamos nuestros padres fundadores.

Pero comienza a ser cada vez más evidente la erosión de esos cimientos. Y es que un sistema político como el que diseñaron nuestros primeros “constitucionalistas”, abierto a todo tipo de cambios según sea la interpretación que de los textos constitucionales realice el Poder Judicial –uno de los tres poderes entre los cuales dividieron, sabiamente, el ejercicio del poder– está supuesto a cambiar, y a erosionarse (según la perspectiva de los unos y los otros) a medida que cambia.

Dado que son nuestras propias instituciones las que facilitan esos cambios –nuestra Constitución y sus enmiendas cambian con mas frecuencia, por sí solas, que las de ninguna otra nación en el mundo- es todavía mas ridículo aferrarnos a algunas de ellas como si fueran inmutables. Pero la polarización que consume hoy a nuestra sociedad nos impide ver esa realidad.

Buscamos la salida de ese atolladero a través de figuras o personalidades –que si el presidente, que si el senador- cuando el problema no pasa por ellos y sus deficiencias, sino por la corrosión de nuestro sistema político, que es el escenario donde esas figuras están condenadas a actuar. No tiene sentido enfocarnos, por ejemplo, en nuestro joven senador Marco Rubio, a la hora de buscar esa salida. El problema no es lo que diga o haga el senador Rubio.

En mi humilde opinión, el corrosivo más importante es el papel que juega el dinero en el funcionamiento de nuestro sistema político, pero entiendo que haya quienes lo vean distinto y se enfoquen en otras soluciones; la mía seria erradicar el dinero de la política.

Ni siquiera es novedad –ni tiene por que ser un impedimento- que “los unos y los otros” estén tan polarizados como lo están hoy, mientras todos tomemos conciencia que es el sistema el que está llamado a cambiar.

Tenemos un sistema político incapaz, en su estado actual, de producir leyes que reflejen la voluntad de las grandes mayorías, ni mucho menos leyes que se opongan, con el “arma” del sentido común (atado, como Dios manda, al bien común), a los intereses de quienes financian ese sistema político.

Estamos en manos de una minoría que se protege, a punta de billete, de los "abusos de la mayoría", una de las grandes “virtudes” que le celebran a diario a nuestro moribundo "sistema político" los tremendos pensadores mayameros que defienden nuestro status quo "Anti" desde su cofradía del prefijo "liber", muchos de ellos a través de escritos que aparecen en estas mismas paginas. Me refiero a los negadores del bien común, a los aduladores de la desigualdad y de la intolerancia, en fin a quienes, para preservar “sus” derechos, nos quieren convencer de que no somos una Democracia sino una Republica, y de muchas otras tonterías de la misma estirpe.

Frente a esa minoría, alguien como Marco Rubio esta virtualmente inerme, en la misma situación que el oficial Peterson ante la balacera en Parkland, llamado a enfrentarse con un asesino armado con un arma de guerra y munición ilimitada a riesgo de su propia vida -su propia vida política, en el caso de nuestro joven senador, que depende del billete de la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

Lo que hace falta es un "swat team"; y "nosotros, el pueblo", somos ese "swat team".

Pedirle peras al olmo, o genitales a quien los tiene firmemente agarrados por el NRA, no nos llevará a nada si no respaldamos a nuestros "representantes", (o nos los llevamos de encuentro, al derribar las puertas de ese sistema político corroído por el dinero) actuando como un "swat team".

Abogado cubanoamericano, presidente de World Wide Title Inc.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de marzo de 2018 a las 3:56 p. m. con el titular "El fetichismo no es parte de nuestra Constitución."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA