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Opinión

‘Hagan Lío’, venzan la inercia y superen la impotencia

Estudiantes en Parkland, el epicentro del movimiento nacional Marcha por Nuestras Vidas, claman por mayores restricciones en la tenencia y adquisición de armas, el sábado 24 de marzo de 2018.
Estudiantes en Parkland, el epicentro del movimiento nacional Marcha por Nuestras Vidas, claman por mayores restricciones en la tenencia y adquisición de armas, el sábado 24 de marzo de 2018. el Nuevo Herald

Son muchos los países de América Latina que, en algún momento de su historia, tuvieron constituciones políticas concebidas a imagen y semejanza de la Constitución de Estados Unidos.

Sin embargo, es evidente que el camino recorrido por esos mismos países latinoamericanos es, en la mayoría de los casos, muy diferente del que hemos recorrido los “americanos” (los del norte, quiero decir).

Eso se debe, en buena medida, a que la Constitución de EEUU –y su ordenamiento jurídico todo- está dotada de características que la convierten en lo que algunos han descrito como un experimento en el “derecho viviente”: un derecho que cambia permanentemente (a través de los tribunales) adaptándose a su entorno sociopolítico y, sobre todo, a su entorno económico.

Esas características del “sistema” de EEUU son las que pretendí explicar sumariamente (dado que aburriría si lo hiciera con la extensión que otros se permiten) en un humilde escrito publicado en estas mismas páginas el pasado 5 de marzo.

Mi propósito era (y sigue siendo) escribir nuevamente sobre el tema una vez que pudiera tomar el pulso al movimiento de protesta ante la corrupción reinante en el “sistema” de EEUU por su sumisión abyecta frente al lobby de las armas, movimiento que ha tenido en vilo a buena parte del mundo tras la Marcha por Nuestras Vidas.

Lo notable –y probablemente incomprensible para mucha gente de mi edad, ni qué hablar de quienes son mayores que yo- es que el movimiento contra las armas esté liderado por los muy jóvenes, que, por fin, comienzan a demostrar, con su indignación frente a los anonadados e impasibles artífices del mundo que están a punto de heredar, que el respeto a sus mayores no es óbice para que busquen la manera de canalizar los cambios que quieren producir en la sociedad, incluso antes de hacerse cargo de ella.

Si nos centráramos exclusivamente en el tema de la venta indiscriminada y masiva de armas –el eje central de este movimiento multitudinario que abre triunfalmente lo que seguramente llegaremos a llamar “la primavera de 2018”- pudiera verse como una experiencia eminentemente localizada en EEUU. Pero el trasfondo de este movimiento que ha acaparado la atención del mundo va mucho mas allá de las armas: su simiente es la misma que impulsó las protestas antisistema, primero en Europa y luego en Wall Street, hace mas de una década.

Es muy triste que el Congreso frente al cual se manifestaron tantísimos jóvenes aprobó una pieza legislativa (su propio nombre, la “ley Crapo”, evoca, en inglés, visiones y olores acordes con su contenido) que revoca descaradamente las tímidas regulaciones con las que se pretendió prevenir que los mercados financieros repitieran los desmanes que llevaron a las protestas hace diez años.

Ante un sistema corrupto, aunque con instituciones todavía mas sólidas que las de muchas otras naciones del hemisferio, la única manera en que los jóvenes pueden vencer la inercia y superar la sensación de impotencia, es siguiendo los consejos del Papa Francisco y saliendo a la calle a “hacer lío”. Lío sano, sin marimbas, sin bombas molotov, utilizando el derecho a manifestarse que la Constitución norteamericana y sus muchas imitadoras consagran, pero lío al fin.

Y esos consejos del Papa Francisco son válidos para toda la juventud de nuestra América, no solo para los venezolanos que parecen ser los únicos que despiertan la solidaridad de los “expertos” del prefijo “liber” que abundan en Miami.

Otro que seguramente estaría del lado de quienes invitan a “hacer lío” –y esto es especulación de mi parte- sería mi tocayo Martí, tan citado en estas páginas.

¿Se imaginan, si todavía fuera el corresponsal de La Nación de Buenos Aires en Washington, lo que hubiera escrito Martí sobre la Marcha por Nuestras Vidas?... ¿y lo que estaría escribiendo a diario sobre el pintoresco ocupante de la Casa Blanca?

“De película, chico, de película”… nada más que por citar -ahora sí- a otro gran cubano.

Abogado cubanoamericano.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de abril de 2018 a las 6:09 p. m. con el titular "‘Hagan Lío’, venzan la inercia y superen la impotencia."

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