Siria: ¡Contar cadáveres!
Es ésa una tarea para el final. Un tristísimo trabajo, consecuencia de una claudicación del poder, del poder del estado, de los estados.
La “guerra civil” en Siria tiene connotaciones que esmerilan su naturaleza de cuestión interna gravísima. Los siete años prefiguran las siete copas de la ira del Apocalipsis. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una de las más confiables organizaciones da una cifra que estremece sobre el número de víctimas: 511 mil personas, historias de vida en los mayores e inocentes sueños de vida en niños. Vienen los datos precisos: 353.935 personas identificadas, la tercera parte civiles no combatientes. Y aquí una discriminación numérica conmovedora: ¡casi 20 mil menores de edad y 12.500 mujeres!
Lo de “guerra civil” entrecomillado es a propósito de que se olvida con alarmante frecuencia que meten mano Rusia, Estados Unidos y una coalición de segundones que esperan les indiquen dónde tirar, dónde bombardear, dónde aplastar casas y habitantes, dónde gasificar y derramar las “siete copas” de la ira química del modernísimo Apocalipsis.
Otro mundo
Para quienes queremos interpretar de la más centrada manera lo que viene ocurriendo en Siria desde marzo de 2011 nos resulta difícil aplicar los conceptos de democracia del modo cómo se considera, en general, en Occidente. Si partimos de la base que el antecesor de Bashar al Assad (en el poder de Siria desde hace 17 años) fue su padre, Hafez al Assad, con casi 30 años como presidente, podemos darnos cuenta de ese hecho singular en un país árabe que no es una monarquía: una familia en Siria (padre e hijo) en la cúspide del poder ¡por casi medio siglo!
Desde esta plataforma y teniendo presente la confesión religiosa (alauita, rama del musulmán chiita) minoritaria aunque enclavada en el poder y en el sistema militar que le da apoyo) el régimen es a todas luces dictatorial, pese a la expectativa de la Primavera de Damasco, de hace casi dos décadas, prometiendo apertura, libertad de expresión y en el contexto de un socialismo diferenciado del clásico concepto.
Nadie, pero asfixian, matan
Las armas químicas son elaboradas por expertos en buscar y combinar elementos en laboratorio que permitan lograr una sustancia que genere gas con capacidad para asfixiar a las personas y finalmente matarlas. Un arma química eficiente, de una crueldad y perversidad de origen y de destino.
El sábado último se consumó un bombardeo con armas químicas en Duna, lugar donde se concentraba el último foco en poder de los rebeldes. Diversas ONG en Siria manifiestan que fue el accionar de las fuerzas leales al presidente El Assad lo que arrojó los barriles con gas que generan entre los destinatarios tremendas reacciones de asfixia y de consecuencias mortales.
Otra vez el entrecruzamiento de acusaciones, defensas, y el “nosotros no fuimos”. La Rusia aliada del oficialismo sirio señala que son acusaciones de los EEUU y algunos aliados para justificar una probable incursión en territorio sirio de las fuerzas estadounidenses. Nadie se hace responsable. Nadie “reivindica” el bombardeo. Y hasta hay quienes sostienen, agencias noticiosas de por medio, que ni siquiera existió. La Verdad, esa débil e indefensa institución de una sociedad, sigue herida de muerte casi siempre, agonizando.
¿Y la ONU?
Deliberando, deliberando y “negociando” votos en el Consejo de Seguridad, donde dos de los principalísimos actores no sirios, no árabes (los países de Trump y de Putin, respectivamente) tienen poder casi absoluto en tanto miembros permanentes y con el “derecho a veto” en sus mochilas guerreras. ¿Y los civiles no combatientes, entre ellos mujeres y niños? Engrosando, a su turno, la fila casi interminable de muertos, mutilados, heridos, abandonados, O en el “mejor de los casos”, exiliados y refugiados. ¿Cuántos desde hace siete años? Cinco millones. Sí, 5.000.000 de seres humanos desesperados, que lo perdieron casi todo, por ahora, menos sus pobres y humilladas vidas. Lejos de sus pueblos, de sus casas, de sus comunidades de amigos y familiares.
Es la guerra. Es la violencia que se está ejerciendo por los fundamentalistas, sedicentes religiosos musulmanes, de la muerte y el odio, en nombre del peor de todos los dioses ¡el de un olimpo de fuego y sangre!
Periodista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2018, 5:50 p. m. with the headline "Siria: ¡Contar cadáveres!."