El Día de la Madre
En Miami siempre pasan cosas. Como voy a participar en un concurso de cocina en Madrid, me he puesto a hacer platillos. Todo me sale salado, así sea una quiche con mucho puerro como la masa quebrada para una tarta de manzana. En mi opinión, que siempre es favorable a todo lo que hago porque soy muy narcisista, la idea de la tarta de manzana salada me resulta una genialidad. Mi marido y algún que otro amigo sincero la han tirado en la basura. Pero esto no es lo más grave. Quería hacer un chupe a la manera venezolana para un grupo de amigos, así practico medidas a lo grande. Y lo organicé para este domingo. Y justo unas horas antes me doy cuenta que este domingo es el Día de las Madres.
Todo varón, heterosexual o no, es despistado y no sabe agendarse. Encima, yo vivo, o tengo familia en tres países y dos continentes. Y resulta que el Día de la Madre se celebra urbi et orbi pero no es universal. Los españoles, donde tengo familia política, lo celebraron el domingo pasado. Claro, ellos son la Madre Patria y tienen que ser los primeros. Los mexicanos, donde no tengo familia directa pero sí muchos compañeros, lo celebraron este jueves. Y hoy, en Estados Unidos y el resto de Latinoamérica. El porqué no hay un solo, único Día de la Madre y que no sea elegido el que se celebra en la mayor cantidad de países, es una de las diez cosas que jamás entenderé. Alguna vez alguien me comentó que es por razones comerciales, que en cada país se mueve mucho dinero y es necesario hacerlo escalonado para que no suceda algún colapso. También hay que reconocer que cuesta un poco admitir que el Día de la Madre es una de esas excusas que inventan los comercios para vender más. Igual que la Navidad. Ambas tradiciones, que creemos muy ancianas, en realidad se remontan o al siglo XX y cuanto más al XIX, que son las eras de los grandes almacenes, las verdaderas madres de estas exitosas ideas comerciales.
Pero el hecho es que me he quedado con todos los ingredientes del chupe comprados y cancelando una despedida que me apetecía mucho hacer. Es probable que mis amigos no sabían muy bien qué hacer en el Día de las Madres. Los restaurantes están reservadísimos y llenísimos y pasa también que en esta fecha, todos los hijos se reúnen con sus esposas, hijas, nietas, sobrinas y si invitas a un amigo con su mamá él tiene que venir con toda su familia. O a una amiga tuya casada y con cuatro hijos, pues ya vamos como quince. Puedo cocinar para doce, creo, pero quince ya me entra “culillo”, que era una palabra que se usaba mucho en Caracas. Pánico de que me falle la sal para tanta gente. Así que opté por desconvocar y al hacerlo me percaté de que en la lista original estábamos muchos adultos que, por una razón o otra, no hemos podido ser mamá o papá. Y estos sí que se molestaron porque se sintieron discriminados. Sí, discriminados por mi falta de tacto de no pensar que podrían sentirse heridos y además doblemente discriminados en un día en el que nadie, nadie piensa en ellos. Olvidamos que existe una amplia porción de mujeres que pueden sentirse heridas porque no se les reconozca que existe una opción de no ser madre y seguir siendo ciudadana. Vaya lío, agarré mi chupe y lo metí en el congelador, hasta nuevo aviso.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de mayo de 2018, 4:50 a. m. with the headline "El Día de la Madre."