Mi ‘amigo’ Donald
Lo que ha sucedido esta semana en la política estadounidense me ha dejado aterrorizado. El movimiento “Alt-right”, un grupo de antiinmigrantes, anti musulmanes y etnonacionalistas, ha salido a relucir, y lo que estos representan sumado a quien actualmente lidera lo que sería la implementación de su ideología, Donald Trump, el candidato único a la presidencia por el Partido Republicano, me parece una réplica del siglo XXI de lo que en su momento fue el advenimiento del Tercer Reich y el nazismo.
O quizá mucho peor, pues se da en el país que por excelencia ha clamado por la libertad de las personas, que ha exigido que se cumplan los derechos humanos a los gobiernos que abusan, que ha combatido la intolerancia en el mundo y que ha dado asilo a millones que han sido perseguidos en sus países de origen, por su raza, credo, ideología y sexualidad. Y también, actualmente el país más poderoso, dueño de una máquina bélica sin precedentes en la historia, con una economía pujante y cuya cultura se expande como la hiedra en los muros por todos los rincones del globo.
Pero la cuestión se torna más oscura cuando ese candidato que promete ser diferente a todos los políticos utiliza las peores tácticas de la política tradicional, recurriendo a un supuesto cambio de discurso y una nueva máscara para su imborrable rostro de iracundo racista, y los medios parecen tragárselo.
A lo largo de su campaña, desde el inicio, Trump ha sido el candidato antiinmigración por excelencia. En su primer discurso dijo que México exportaba a USA violadores, asesinos y mafiosos, y que por esta razón había que construir un gigantesco muro que los contuviera. También dijo, y repitió y atacó como débiles a los contrincantes que no comulgaron con sus ideas, que había que deportar a los 11 millones de indocumentados que laboran en el país. Y también dijo que un juez estadounidense de padres mexicanos no podía hacerse cargo del caso de estafa de la Trump University.
Pero antes, mucho antes de estas sombras de oscurantismo que cada día adquieren más vida en lo que alguna vez fue el partido de Abraham Lincoln, ya había sido Donald Trump el cerebro tras la campaña que acusaba a Barack Obama de no haber nacido en el país. Y hace apenas una semana estaba atacando al Presidente de ser el fundador de ISIS. Eso, y todo lo demás que sabemos, como sus insultos a las mujeres, su burla a un incapacitado, su incitación a la violencia contra los que protestan en sus actos, y la larga lista de las muestras de su intolerancia.
Pues ahora resulta que Donald es bueno. Porque Donald, dicen los medios (quizá en su hambre por mantener el rating), ha “suavizado” su tono. Ahora Donald nos quiere. Donald nos ama. Donald es compasivo. Claro, todo eso en el palabrerío que escupe con ira en los discursos que ahora lee, al mismo tiempo que contrata como presidente de su campaña al más racista de los racistas, el hombre tras la fanática, intolerante, racista, antisemita e intransigente Breitbart News, un tal Stephen Bannon, héroe del “Alt-Right”, y otro desequilibrado ultraderechista, que se cree de una raza superior.
Ese mismo Bannon atacó sin piedad a John Boehner, a Paul Ryan, y ahora está tras John McCain, por no ser lo suficientemente radicales.
¿Saben cómo se le dice en castellano puro al tal cambio de Donald? Hipocresía. Pero yo no creo que el electorado estadounidense sea tan idiota como para dejarse meter los dedos en la boca de esa forma.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de agosto de 2016 a las 3:42 p. m. con el titular "Mi ‘amigo’ Donald."