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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Una paradoja en el corazón de La Habana

La Manzana de Gómez, ahora sede de un hotel y tiendas de lujo, se alza en el centro de La Habana.
La Manzana de Gómez, ahora sede de un hotel y tiendas de lujo, se alza en el centro de La Habana. AP

El emblemático edificio de la Manzana de Gómez, en La Habana, se ha transformado en una meca del lujo y la ostentación en la capital de lo que fue un experimento comunista.

La Manzana de Gómez se construyó entre 1894 y 1917, y fue el primer centro comercial de tiendas estilo mall en Cuba. Entró en una larga etapa de decadencia –como casi todo en la isla– tras el triunfo de la revolución de Castro en 1959. Y ahora se ha renovado como sede de un hotel y tiendas de alto nivel, bajo la dirección de Gaviota, la empresa comercial de las fuerzas armadas cubanas.

Según el artículo Lacoste, Mont Blanc... Cuba tiene su primer mall de lujo, de Associated Press [el Nuevo Herald, 9 de mayo], en la renovada Manzana de Gómez se pueden adquirir artículos suntuosos como cámaras Canon EOS por 7,542 dólares y relojes Bulgari por 10,200 dólares. Una crema facial rejuvenecedora en la nueva tienda L’Occitane en Provence cuesta 162.40 dólares la onza.

El hotel, administrado por la cadena suiza Kempinski, tiene seis pisos. En el último hay una piscina y un restaurante con vistas panorámicas de la ciudad.

Alrededor de la renovada manzana, se extiende la Habana Vieja, el casco histórico de la ciudad, que ha pasado por un proceso de restauración, a cargo del funcionario estatal Eusebio Leal, con el propósito de rescatar la belleza del pasado para atraer a los turistas.

También muy cerca del nuevo emporio de lujo en el corazón de la capital cubana se encuentran viejos edificios deteriorados, donde con frecuencia hay derrumbes. Allí es donde habitan miembros de la clase trabajadora cubana, para los cuales la Manzana de Gómez Kempinski es un paraíso vedado. En un país socialista (que rápidamente está dejando de serlo), donde los obreros ganan en promedio el equivalente de unos 20 dólares al mes, un frasco de perfume a casi 100 dólares prácticamente solo está al alcance de los visitantes extranjeros con dinero que constantemente arriban a la isla.

En Cuba, la opulencia de unos cuantos deslumbra a pocos pasos de la miseria de los muchos. Las críticas que los ideólogos comunistas cubanos hacían –y todavía hacen– de las sociedades capitalistas se vuelven contra ellos.

Es una paradoja cruel que después de imponer durante décadas un régimen dictatorial y represivo en nombre de una igualdad que en la práctica nunca se alcanzó, ese mismo régimen –para sobrevivir, o más bien para que su clase dirigente sobreviva– esté implantando las desigualdades más notorias del capitalismo, pero sin sus oportunidades de progresar económicamente.

El gobierno cubano después de Fidel Castro ha reconocido tácitamente el fracaso de su modelo de construcción del socialismo. Pero al ensayar fórmulas capitalistas, deja fuera del juego a la población nacional, sin recursos para disfrutar los nuevos lujos importados. Una población que sigue arruinada y con pocas esperanzas de mejorar, y maniatada por una maquinaria represiva que no ha dejado de funcionar con eficacia.

La nueva Manzana de Gómez es el testimonio del fracaso de una utopía que terminó en el desastre. Cuba se convierte en un edén para la diversión exclusiva de extranjeros acaudalados. Los cubanos que se asoman desconcertados a las vidrieras donde se exhiben artículos fabulosos a precios inalcanzables, deben preguntarse para qué sirvieron tantos años de privaciones, atropellos e incertidumbre, y qué les traerá el porvenir.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2017, 5:22 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Una paradoja en el corazón de La Habana."

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