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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El Congreso convierte a los migrantes en peones políticos

Trabajadores migrantes recogen frambuesas en una granja de Woodland, en el estado de Washington.
Trabajadores migrantes recogen frambuesas en una granja de Woodland, en el estado de Washington. AP

¿Por qué muchos norteamericanos no tienen la mejor opinión de los políticos? Porque con frecuencia sus verdaderas intenciones están enmascaradas para ganarse el favor de unos electores, mientras aparentemente favorecen a otros.

Observen cómo el Congreso y la Casa Blanca están manejando el programa H-2B para trabajadores migrantes. Es un ejemplo de una política de dos caras. La jardinería, la agricultura, la pesca y otros negocios que dependen de los trabajadores temporales invitados, la mayoría de ellos de México, tienen dificultades porque el Departamento de Seguridad Nacional ha retrasado inexplicablemente su emisión de visas H-2B.

El retraso quizá refleje la postura antiinmigrante del gobierno de Trump. Pero si es así, el Congreso está siguiendo el juego. El Congreso le dio autoridad a Seguridad Nacional para incrementar la cantidad de visas H-2B, en vez de hacerlo por la vía legislativa.

De esa manera los republicanos podrían seguir afirmando que se oponen a cualquier expansión de la inmigración, y los demócratas podrían decir a los sindicatos que se opusieron a la entrada de más trabajadores extranjeros que quitan empleos a los norteamericanos.

Atrapados en las ramificaciones de esa política están personas como Susan LeBoutillier, dueña de un negocio de arquitectura paisajista y mejoras para el hogar en Filadelfia.

LeBoutillier usa el programa H-2B para contratar a siete trabajadores legalmente documentados cada primavera, con el fin de que hagan labores pesadas como transportar cargamentos.

Al no contar con esos trabajadores, este mes ha perdido $100,000 en trabajos de jardinería. “Tengo pánico”, dijo LeBoutillier a Jeff Gammage, periodista del Philadelphia Inquirer.

El programa de trabajadores invitados H-2 empezó en 1952 y el Congreso lo dividió en dos partes en 1986: el programa mayor, H-2A, para trabajadores agrícolas migrantes, algunos de los cuales trabajan en Homestead, y el H-2B, para beneficiar a dueños de pequeñas empresas como LeBoutillier, que necesitan trabajadores adicionales en primavera y otoño.

Los trabajadores bajo el programa H-2B ganan entre $13 y $14 la hora, difícilmente “salarios de esclavitud”, como algunos críticos describen su paga, y los empleadores deben demostrar que trataron de contratar a trabajadores norteamericanos primero. Es difícil recibir una visa H-2B. El límite anual es 66,000.

Seguridad Nacional, con la bendición del Congreso, elevó el límite a 129,000 el año pasado y de nuevo este año.

Pero ha retrasado la concesión de visas, lo cual le quita sentido a la elevación del límite.

La Asociación de Camaroneros de Texas dice que la falta de trabajadores bajo el programa H-2B y la renuencia de los norteamericanos a aceptar empleos que requieren trabajo duro al aire libre la ha costado a esa industria hasta $5 millones al día.

Hasta la Organización Trump está afectada por la lentitud de su gobierno en emitir visas H-2B. Su propiedad de Mar-a-Lago en la Florida contrata habitualmente trabajadores temporales para limpiar, cocinar y servir platos.

Lo mismo le sucede al Trump National Golf Club en el condado de Westchester, Nueva York. Pero cualquier dificultad al buscar jornaleros al parecer es un pequeño precio para Trump con tal de conseguir puntos políticos entre su base antiinmigrante.

Esa actitud se mantendrá en Washington hasta que una cantidad suficiente de votantes reconozca que los políticos los están utilizando y exijan un mejor trato.

¿Por qué la cantidad de visas H-2B subió mientras la cantidad otorgada bajó?

¿Por qué algunos congresistas están atacando el programa H-1B para trabajadores extranjeros calificados en vez de arreglar sus fallos?

¿Por qué Washington no puede dejar la política a un lado y reformar el sistema de inmigración? Mientras no lo haga, LeBoutillier y otros serán daños colaterales.

Este editorial se publicó originalmente en The Philadelphia Inquirer.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de abril de 2018, 3:45 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El Congreso convierte a los migrantes en peones políticos."

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