Olvídese de la chaqueta verde olivo de Emma González. Escúchela a ella y a su generación
Tan pronto como subió al escenario de la Marcha por Nuestras Vidas con una chaqueta verde olivo y una bandera cubana en el brazo derecho —las palabras de otro estudiante “Bienvenidos a la Revolución” todavía sonándonos en los oídos— supe que el atuendo no iba a favorecer a Emma González.
Menos mal que no se puso una boina como la del Che Guevara.
Yo defiendo el control de las armas de fuego, pero también soy una cubanoamericana marcada y herida por una revolución que se convirtió en una de las dictaduras más prolongadas del mundo. Los hombres que tomaron el poder y reprimieron —los que entraban a la fuerza en las viviendas a hacer registros sin órdenes judiciales y confiscaron casas, tierras, negocios y armas— vestían de verde olivo.
Entiendo ese punto. Pero yo estoy aquí para defender a Emma contra todos los que desvergonzadamente vilipendian a una valiente joven de 18 años que perdió amigos y maestros en la masacre, sencillamente porque no nos ha pedido permiso para ser lo que quiera ser, y decir su verdad.
No la nuestra, sino la verdad de ella y de su generación.
En este país Emma tiene el derecho de ponerse la ropa que quiera y de hablar sin temores. Nuestro rechazo al verde olivo es asunto nuestro, no de nuestros hijos. Lo que ella y los otros alumnos de Parkland están haciendo es lo más lejos del comunismo que se pueda pensar. Decir la verdad al poder define la libertad en Estados Unidos.
Aunque las personas cambian de opinión cuando los tiroteos masivos tocan de cerca, el control de las armas de fuego es difícil de vender en Miami, como en el resto de la nación. No necesitamos confundir los mensajes. El llamado rotundo de esta generación —que necesitamos cambios legislativos de sentido común para que los niños no tengan que sentarse en un aula, en un cine o en una iglesia y preguntarse si van a ser la próxima víctima de un tiroteo masivo— no debe perderse a causa de la ropa que se ponga quien lo pide.
Yo llevo años escribiendo sobre la cultura de veneración a las armas en Estados Unidos, y no pasa una semana en que no reciba correos, tuits y mensajes de odio de cubanoamericanos que me dicen comunista por alegar a favor de prohibir las armas de asalto como la que usó el asesino de Parkland. Esas personas me recuerdan que Fidel Castro dijo en un discurso ¿Armas para qué?, y que con esas palabras procedió a desarmar al pueblo cubano y a consolidar su régimen.
Pero lo que Castro hizo en 1960, desarmar al pueblo, no fue todo lo que lo mantuvo en el poder. También silenció a la prensa crítica, obligó a periodistas a huir del país y confiscó todos los medios de comunicación, de manera que sólo el gobierno tenía voz y él y su compinches podían adoctrinar a su gusto. Una prensa libre, un gobierno con un sistema de equilibrios de poder y el debido proceso jurídico son los que impiden que en Estados Unidos no haya una tiranía, no la posesión de armas. Con su poderío militar y tecnológico, el gobierno federal puede aplastar una rebelión en cuestión de días.
Irónicamente, algunos de los que ayudaron a Castro a silenciar a la oposición todavía están tratando de hacer lo mismo en Miami. Sólo que ahora sus objetivos son voces como la de Emma o la mía. Ellos saben que llamar comunista a alguien en esta ciudad hace que se acabe la conversación, y esa es precisamente la meta, censurarla.
Pero estos jóvenes han sobrevivido lo impensable y están marcando la diferencia, y no tienen nada que ver con nuestros disparates.
Esta cubanita de la secundaria Marjory Stoneman Douglas que habla sin miedo ni tapujos desafía todos los estereotipos de lo que significa ser cubanoamericano. O estadounidense de origen cubano, o cualquier nombre que usted quiera darle a la hija nacida en Florida de un refugiado cubano que vino a Estados Unidos en 1968.
Bravo por ella.
“Yo me llamo Emma González, tengo 18 años, soy cubana y bisexual”, se define Emma en la primera línea de un ensayo publicado en la revista Harper’s Bazaar dos semanas después de la muerte a tiros el Día de San Valentín de 17 estudiantes y educadores en su escuela secundaria a manos de un antiguo alumno que usó un fusil AR-15.
La homofobia también la convierte en un objetivo favorito de la extrema derecha, para quienes todos los adolescentes de Parkland que piden el control de las armas de fuego son villanos. Para desacreditarla, han hecho circular una foto falsa de Emma en que supuestamente se la ve rompiendo en pedazos la Constitución de Estados Unidos. Pero en la foto verdadera, en la portada de la revista Teen Vogue, lo que Emma está rompiendo es un blanco de tiro.
La reacción violenta viene no de la ropa que viste sino de lo que ella representa: una mujer, una minoría tan estadounidense como la bandera y una persona libre y abierta sobre su sexualidad. Ellos le temen a sus palabras agudas y a su poderoso silencio, que evocó los seis minutos y 20 segundos que demoró el asesino en perpetrar la masacre. Y sí, su orgullosa onda cubana, eso también. Emma le pone acento a su apellido, hasta en Twitter. ¿Qué les parece?
Emma tiene suficientes enemigos para no tener que sumarle a eso su propia gente.
El legislador Steve King, republicano por Iowa, publicó este malvado e ignorante ataque en la página de Facebook de su campaña de reelección junto con una foto de Emma en la marcha:
“Así es como luces cuando reclamas tu herencia cubana pero no hablas español e ignoras el hecho de que tus ancestros huyeron de la isla cuando la dictadura convirtió a Cuba en una prisión, después de quitar todas las armas a sus ciudadanos, y con ello el derecho a la autodefensa”.
¿Por qué juzgar a nuestros hijos ahora por no hablar español cuando todo lo que ustedes han exigido es que nos asimilemos, Sr. King?
Por la parte que le toca a la bandera cubana, no representa al gobierno cubano. Representa una querida isla y su pueblo, incluidos todos nosotros en la diáspora. La bandera nos pertenece a todos. Al llevarla, Emma rendía homenaje a su herencia.
Brazo con brazo en ese escenario con los herederos del Dr. Martin Luther King Jr. y jóvenes de todas las razas y orígenes en todo Estados Unidos, Emma se vio maravillosamente bien.
Ellos hablan de inclusión, de humanidad, del valor para luchar contra los reveses.
¿Por qué deben nuestros hijos cargar con nuestros agobios?
Nosotros ya tuvimos nuestro turno. Pero el futuro es de ellos; no lo definimos nosotros.
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de marzo de 2018, 5:12 p. m. with the headline "Olvídese de la chaqueta verde olivo de Emma González. Escúchela a ella y a su generación."