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Opinión Sobre Cuba

El enigma de la galletica vietnamita

Varios clientes compran en el mercado del Egido, en La Habana, el pasado diciembre. Los cubanos temen la llegada de un nuevo ‘período especial’.
Varios clientes compran en el mercado del Egido, en La Habana, el pasado diciembre. Los cubanos temen la llegada de un nuevo ‘período especial’. AP

Acabo de regresar de La Habana donde se teme un nuevo “periodo especial”. La prensa oficial lo llama “nueva coyuntura” y el gobierno señala como causas el pobre crecimiento en el primer semestre y una “falta de liquidez”[i] que ha impedido pagarle a ciertos acreedores; algo lamentable porque se debe “continuar restableciendo la credibilidad internacional de la economía cubana” según dijo el presidente Raúl Castro el viernes pasado ante la Asamblea Nacional[ii].

Lo cierto es que la población teme que vuelvan aquellos crudos apagones de los noventa en las abrasadoras noches de este verano. El gobierno ha asegurado que los recortes ahorradores no afectarán a la ciudadanía, sino a los organismos del estado. Pero esto es difícil de entender, ya que la inmensa mayoría de la ciudadanía trabaja en los organismos del estado, compra en sus supermercados, adquiere su combustible, acude a sus hospitales, lee sus periódicos, ve su televisión, depende de su transporte y salvo una canción desentonada, todo lo que afecta a los organismos del estado en Cuba, afecta a la población. Porque la población y el estado cubanos son como una paloma con dos cabezas; piensen, sufran, quieran exactamente lo mismo o no, no tienen más remedio que seguir aleteando juntas hasta el próximo palito.

Como siempre, ante la “nueva coyuntura” saltaron algunos medios locales en Miami vaticinando, aunque más tímidos que nunca, el próximo “colapso del castrismo”. Y claman además que el vaticinio voló esta vez desde la isla; desde una sala repleta de periodistas que debatían ––por enésima segunda vez–– los mismos temas que debaten los periodistas cubanos desde siempre: cómo hacer un periodismo revolucionario que cuente la verdad de lo que pasa en Cuba. Dicen que allí mismo la subdirectora de Granma, Karina Marrón, espantó aquello de la “tormenta perfecta” que tanto les dio que hablar en Miami; pero tal como están las cosas en el panorama informativo ––tanto allá como aquí–– uno nunca sabe muy bien donde se crean “las tormentas”, con qué objetivo, ni cómo se las arreglarán al fin y al cabo los periodistas en Miami para hacer un periodismo exiliado que cuente la verdad de lo que pasa en Cuba.

Pero lo cierto es que allá se acerca un segundo semestre más duro que lo deseado, porque a pesar de estar el petróleo muy barato no existe “liquidez” para pagarlo. Y yo ––que no quisiera que los cubanos pasaran más calor por las noches ni le subieran los precios en el agro–– tengo la siguiente pregunta: ¿Y por qué hay menos liquidez si ahora hay más turistas que nunca y nos han perdonado muchísimo la deuda entre Putin y los del Club de París?

Habrá importantes causas comerciales y de alta política internacional, pero humildemente se me ocurre otra. Si usted camina por los mercados de La Habana se encontrará –– en la labor de búsqueda y captura en que consiste completar la canasta familiar –– salsa de tomate fabricada en México y España, caramelos importados de Ecuador y sé, porque me lo confesó un amigo totalmente desolado ante el acontecimiento, de que en Cuba hasta se importan galleticas de Viet Nam. Uno es capaz de apreciar la magia y la belleza del trayecto; aquella galletita, fabricada a la vera del golfo de Tonkín, repleta de azúcar cubana, que viaja de regreso los 16.003,13 km de trayectoria (si es en línea recta) hasta esa isla del Caribe, donde es deglutida en su inexplicable encarnación oriental por alguien que tiene los 4.5 CUC para pagarlas.

¿Y no sería plausible fabricar la galletica en Cuba? Si las grandes inversiones en que está interesado el estado cubano no le permiten ocuparse de tan nimias realidades como la de la galletita vietnamita, ¿no habrá cuatro o cinco cubanos que se junten, compren harina, la horneen en Arroyo Naranjo y le eviten al azúcar criollo las idas y vueltas por el mundo? Y así con tantas otras cosas. Actualmente Cuba importa más del 80% de sus víveres, entre los que se encuentra la asiática golosina azucarada. En mayo de 1960 consumir productos cubanos era “Hacer Patria” [iii]. No sé cuánto hayan cambiado las cosas hasta nuestros días para que al fin y al cabo terminara siendo al revés.

Comentarista político y columnista de CNN en Español.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de julio de 2016, 0:34 p. m. with the headline "El enigma de la galletica vietnamita."

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