Artes y Letras

Arrechea, el objeto como ente depositario de la historia, el deseo y la subjetividad humana

Alexander Arrechea expone en Fredric Snitzer Gallery en Miami.
Alexander Arrechea expone en Fredric Snitzer Gallery en Miami. El Nuevo Herald

Alexadre Arrechea (Trinidad, Cuba, 1970) es, entre los artistas de su generación, uno de los que más intensamente está exponiendo en el circuito internacional del arte contemporáneo. En los dos últimos años esta actividad se ha manifestado tanto en exposiciones personales y colectivas, así como también en importantes proyectos públicos en América Latina, Europa y Norteamérica. Por ejemplo, pobló Park Avenue de Nueva York con un grupo de esculturas de gran formato, convirtiendo esta emblemática avenida neoyorquina en un formidable parque de escultura pública. Por otro lado, recientemente ha hecho dos grandes exposiciones, The map of silence en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, (durante la 12th Bienal de La Habana), y The seduction of the fragment, Madrid en la galería Casado Santapau, ambas muestras de 2015. A pesar de haber estado presente en numerosas exposiciones colectivas en Miami, Tied Stone, 2016 en Fredric Snitzer Gallery es, sin embargo, su primera exposición personal en Miami.

La muestra contempla acuarelas, pinturas, esculturas e instalación, todas realizadas en 2016. Viendo estas obras es curioso constatar cómo Arrechea desde 2003 (año en que sale del colectivo Los Carpinteros y comienza su trayectoria individual), ha mantenido esencialmente una reflexión fundamental en su obra. Una reflexión centrada en el estatus del objeto como ente depositario de la historia, del deseo y la subjetividad humana. Es una relación mediada por la aceleración del ciclo de producción y consumo. También por la mutación del uso y sentido experimentados por los objetos en una espiral que, trenzada con la espiral humana, describe el ciclo perpetuo de nacimiento, desarrollo y muerte.

De ahí que la obra de Arrechea, además de ser eminentemente conceptual, tenga también una poética marcadamente objetual. En objetos simbólicos convierte la arquitectura, es ejemplo de ello el proyecto de Park Avenue, 2013, del mismo modo que metafóricamente objetualiza el paisaje, como hizo en la exposición Paisaje Suicida, 2008. Pero expresa también la objetualización de las percepciones y los sentimientos en una muestra como El objeto sacrificado, 2011. La obra que le da título a la actual exposición Tied Stone expresa un gesto artístico que intenta “congelar” o detener una percepción. La escultura de aluminio en forma de circunferencia, tiene la superficie calada con círculos que se expande, como si ondularan, del centro hacia la periferia de la circunferencia. En su centro, vacío, tiene una piedra, lo que nos conecta a la imagen del hecho de lanzar una piedra al agua. Es una idea que persiste en la pintura Glass Piece incluida en la muestra, que apunta a una detención del instante. Un detener lo espontáneo como sentimiento que busca romper los flujos que aceleran la percepción de la realidad. Seleccionando fragmentos de esta donde, precisamente, el movimiento es omnipresente como la ola que desborda el muro en la obra Blue Fragment, o el volcán de la obra Vulcano que parece inmovilizado, paradójicamente por la densificación de las hondas que el mismo produce.

Esta detención del instante a través de fragmentos de una realidad que se percibe demasiado acelerada, cobra expresión en dibujos como Recent Trip to London, Havana (Mask Serie), o Reunión. 2016. Pero en estas acuarelas más que el movimiento, es el tiempo quien parece estar atrapado, escondido entre los fragmentos u objetos de apariencia ruinosa. El tiempo, la historia depositada en la materialidad de estas ruinas. Lo curioso es que estas ruinas tienen aspecto de artificialidad, un efecto de artificialidad dado por estos fragmentos alargados cuyas siluetas geométricas constructivistas remiten a unas especies de ruinas que nunca han existido. Son fragmentos de unas construcciones de aura futuristas.

La obra de Arrechea, se inscribe dentro de la llamada generación de los noventa. Una generación que no estaba preocupada –como sí estuvo la de 1980– por trasladar al espacio público una crítica profunda a los enunciados de la política cultural de la revolución, escorada esta ya a la utopía totalitaria . La generación de 1990, en plena crisis del proyecto utópico comunista totalitario, va a invertir algunos de estos enunciados de una forma cínica. El arte debe ser algo socialmente útil, debe crear para servir a la sociedad, rezaba uno de esos enunciados. La revolución no ha creado una cultura material, en el sentido de producir por si misma objeto de consumo, mercancía del mismo modo que no ha sido capaz de crear un patrimonio arquitectónico. El arte de 1990 comenzó por crear objetos que no servían para un uso social determinado (Los Carpinteros es el ejemplo más paradigmático), desde inmobiliarios como sofá, cómodas, camas cocinas, hasta piscinas y otros objetos-mercancías.

Cuando se observa la obra de Arrechea, su reflexión sobre la naturaleza del objeto en la cultura contemporánea, se tiene la tentación de conectar esta reflexión al imaginario social cultural, como es el caso de Cuba revolucionaria. Un imaginario atravesado por un profundo déficit de cultura material, por una escasez profunda de ese mundo material de objetos y mercancía que marcan la vida cotidiana, la existencia inmediata dentro de la cual los objetos son como nuestra memoria del mundo que hemos vivido.

Dmatos66@gmail.com

‘Tied Stone’ de Alexandre Arrechea en Fredric Snitzer Gallery, 1540 NE Miami Court, Miami. Hasta el 27 de noviembre. www. www.snitzer.com.

Dennys Matos. Es crítico de arte y comisario independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de noviembre de 2016, 4:39 p. m. with the headline "Arrechea, el objeto como ente depositario de la historia, el deseo y la subjetividad humana."

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