Artes y Letras

Retrospectiva de Le Parc o el mundo en movimiento

‘Sphère rouge (Red Sphere)’, 2001, plexiglás y nylon.
‘Sphère rouge (Red Sphere)’, 2001, plexiglás y nylon.

La atmósfera desorientadora de la fabulosa retrospectiva de Julio le Parc, que se inauguró en el Pérez Art Museum Miami, tiene una resonancia inesperada a raíz de los resultados de la elección presidencial. ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos? Cuando se navega por el laberinto de espejos o se mira por el orificio de una pieza en 3D, el visitante se siente un tanto perdido. Y afortunadamente, al final, también animado.

Julio Le Parc: Form into Action resulta ser una exhibición perfecta para el PAMM a finales del 2016. El artista argentino de 88 años (que estaba con su hijo instalando sus obras) es un pionero de los géneros óptico y cinético, que están estrechamente asociados con el arte sudamericano a partir de finales de los años 1950. Pero esta es la primera presentación exclusiva de sus obras en un museo en Estados Unidos, que refleja un renovado interés mundial en un movimiento geométrico abstracto pulido por artistas sudamericanos como Jesús Rafael Soto y Carlos Cruz-Diez. Eso por sí sólo hace que encaje bien en Miami.

Como afirma la curadora Estrellita Brodsky en las notas de la muestra, “impulsado por unos valores utópicos sólidos, Le Parc sigue considerando el arte como un laboratorio social, capaz de producir situaciones impredecibles y atraer al visitante con nuevas formas”. A lo largo de seis décadas, Le Parc ha creado arte dirigido a lograr que las personas vean las cosas de otra manera, que observen en mundo social a su alrededor desde nuevas perspectivas. Y en ese aspecto, esta muestra es perfecta.

En las galerías del PAMM hay más de 100 piezas. Asombra el que en su mayoría fueron creadas hace casi 50 años, porque parecen contemporáneas e innovadoras, otro recordatorio de lo inverosímil que resulta que Le Parc nunca había tenido una exhibición en un museo importante de América del Norte. Las abstracciones pixeladas, instalaciones cinéticas, creadas en una era anterior al mundo digital, todavía se sienten nuevas.

La entrada de la exhibición es un salón oscurecido, con un móvil renovado que llega del piso al techo (originalmente creado para un espacio mucho mayor en 1963) del que cuelgan discos reflectantes que iluminan el suelo y a los participante. Los salones siguientes nos presentan las primeras exploraciones de Le Parc en papel, pinturas y dibujos, de ilusiones ópticas. Con muy poco color, inicialmente hizo acuarelas abstractas que juegan con la percepción de que se mueven. Más adelante agregó colores vívidos (aquí, la influencia de los años 1960 y 1970 son aparentes), como el mural recreado de The Long March para el que el PAMM ha construido un salón separado. Los fuertes colores, anillos y la influencia del arte popular evidente son un poco engañosos, porque resulta ser un estudio de la forma.

Una pintura en acrílico cubre una pared entera, compuesta de miles de pequeños puntos multicolores sobre un fondo negro, que parece un universo en explosión. Pero si la miras un poco más de tiempo, llegas discernir las claras y precisas formas geométricas que enmarcan la obra. Concebidos en un mundo anterior a las computadoras, estas pinturas son un placer.

Pero son casi el equivalente a un preámbulo a la parte intensa de la muestra. A partir de aquí, las cosas no parecen moverse, sino que se mueven.

Hay esculturas de metal activadas por motores. Una parece olas con las láminas de acero inoxidable que brillan sobre un lienzo blanco. La instalación más notable tiene un motor, un círculo gigante que pudiera ser un microscopio, un ojo, una canica. La luz rebota en la obra llamada Continuous Light Cylinder” (Cilindro de luz continua) (1962), y esta esquina se convierten en un mundo contemplativo y aislado. Cuando el visitante se retira del salón oscuro, mirando bien donde pisa, mira hacia atrás para ver lo que ahora parece la Tierra vista desde el espacio. Hermoso.

Desplegadas por todo el resto de los espacio de la galería —irreconocible para cualquiera familiarizado con el PAMM en su configuración y paredes oscurecidas— se destacan obras de luz cautivadoras contenidas en pequeñas cajas, y esculturas móviles más deslumbrantes que proyectan luz y sombras desde las pequeñas cuadrículas de Plexiglás y espejos que cuelgan de cuerdas que se mueven.

Entonces están los laberintos. Tres salones con luces —a veces estroboscópicas— vidrio, paredes curvas reflectantes y láminas de Plexi que cuelgan del techo, y que esta vez obligan al visitante a encontrar una forma de pasar entre ellas. Parte feria y parte terapia de inmersión, es un bosque de caminos engañosos. Es verdaderamente una experiencia desorientadora, de la que uno sale con cierto sentido de alivio, pero a la que sencillamente tiene que regresar.

Del otro lado hay varias instalaciones más que atraen los sentidos en varias direcciones. Un salón es muy desenfadado, con una hilera de gafas en 3D que el visitante puede ponerse, y cada uno revela una visión distinta de su alrededor. Otro salón incluye una suerte de piso trucado en que las baldosas se inclinan al pasar con pulsos de luz.

Le Parc nació en Mendoza, Argentina, en 1928, y como muchos de sus compatriotas artistas sudamericanos se mudó a París en los años 1950, donde se relacionaron con los pintores europeos modernistas de la posguerra. Allí se interesó en lo que en esa momento era la noción revolucionaria de arte interactivo y participatorio, convirtiéndose en uno de los fundadores del Groupe de Recherche d’Art Visual (Grupo de Investigaciones del Arte Visual) y se asoció con el arte experimental de activismo político y social. Le Parc entró al escenario mundial después de ganar el Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia en 1966.

Le Parc quería cambiar el status quo cuando empezó a crear su arte cinético e interactivo, dijo Brodsky durante un recorrido antes de la inauguración de la muestra. “Eran los años 1960 y él quería cambiar la experiencia en los museos”. Un espacio desorientador, donde los espejos y laberintos reflejan una versión encantadora de la forma en que normalmente concebimos el mundo, es prueba de sus intenciones.

Después de atravesar estas galerías a menudo oscuras en medio de cierto aturdimiento, un salón blanco con una espléndida escultura color rojo vivo sirve de alivio, creando una tierra de encanto donde podemos llegar a un lugar mejor. La instalación esférica Sphere rouge (Esfera roja) está hecha de cuadrados de Plexi rojo vivo que cuelgan de hilos de nylon que se mueven con la corriente de aire; si se soplan, imágenes del visitante y sus alrededores bailan a su alrededor. Parecen hacenos un guiño en vez de confundirnos, guiándonos hacia un camino que nos lleve a casa, donde quiera sea que esté.

‘Julio Le Parc: Form into Action’, hasta el 19 de marzo en el Pérez Art Museum Miami, 1103 Biscayne Blvd., Miami. www.pamm.org

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de diciembre de 2016, 1:33 p. m. with the headline "Retrospectiva de Le Parc o el mundo en movimiento."

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