‘Balseros del aire’: los exiliados venezolanos
Lo mejor de los grupos culturales de la colonia venezolana en Miami se dio cita, colmando la sala, para escuchar a Abel Ibarra y sus presentadores en la ocasión de lanzar su novela Balseros del aire (Rayuela Taller Ediciones), presentado por proyecto Setra, propulsor de la revista Nagari.
El cubanopuertorriqueño, autor de best sellers, Joachim de Posada y el venezolano Alexis Ortiz, escritor, periodista y político, hicieron los honores en este “bautizo”, que al final se dignificó con una botella de champán quebrada sobre el libro como si fuera el lanzamiento de un buque. Todo tuvo lugar en el New Professions Technical Institute de la calle Flagler.
“Balseros del aire es la historia de un desarraigo”, dice la invitación, “el de unos personajes adultos y reales que se encuentran en Estados Unidos luego de escapar del ahogo y la persecución del régimen autoritario que se instaló en su país”.
Esos amigos se hallan mencionados con sus verdaderos nombres en la novela, pero con parlamentos diferentes, que les ha adjudicado la imaginación del autor.
Ibarra aborda el tema con un estilo de lenguaje que incluye regionalismos venezolanos, mezclados con alusiones muy cultas a la literatura y a las películas, a la historia, exhibiendo una relación con la literatura universal, en un dialogar en el que se van exponiendo las ideas, sobre lenguaje, sobre la historia, sobre la vida. Los párrafos iniciales son como un discurso que se escucha, se vive, que uno quiere seguir de lo vibrante y seductor de las palabras. Es sobre el viajero exiliado, no el turista, el que sabe que no volverá, y que es típico de la tragedia de los países “tomados” por los continuos caudillos en Latinoamérica. En Estados Unidos los refugiados se dedican a recordar lo que dejaron: la iglesia, la escuela, las costumbres, los amigos de la patria lejana.
De Posada presentó la velada con mucho humor: “Yo estaba antes con el presidente Clinton en el Foro de las Américas, de la Universidad de Miami, quien comentó que conoció a Gabriel García Márquez, y dijo el gran escritor que era, citando uno de sus libros, y quizás en un futuro un presidente diga ‘y Abel Ibarra cuando escribió el libro…’, hasta es posible que cite a uno de tus libros algún día, y se refieran al presidente Abel Ibarra, aunque quizás Alexis le dispute esa posición”.
Ortiz, gran amigo del autor, citó un verso de Miguel Hernández: “Con quien tanto quería”, que le sirvió para expresar lo que siente por Abel. Desde 1975 compartieron muchas experiencias, vivencias literarias, “y hasta mujeres”, se atrevió a decir.
“Presentarlo es recordarlo, cuando él andaba de estudiante: yo veía aquel tipo chiquitico con el pelo largo, simpático, y siempre desafiante, con una rebeldía natural, consustancial y muy libertario, de alegría de vivir, con una capacidad de triunfar”, dijo.
A medida que lo conoció, se dio cuenta de que era un buen escritor que no era un “loquito”. Entonces, de repente Ibarra recibió un premio por el libro Rulfo y el dios de la memoria, con la mención de ensayo de Monte Ávila Editores.
“Pero ocurre que ‘hay la conjura de los necios’, y uno descubre cuando un genio aparece sobre la tierra –como dijo Jonathan Swift– que todos los necios se conjuran contra él. Durante el periodo de la democracia civil no se le reconoció, porque él no era parte de la rosca cultural”. Pero para refutarlos Ortiz declaró: “Este es uno de los mejores escritores contemporáneos de Venezuela”.
“Este libro es la saga de un grupo de amigos que protagonizaron la vida política y cultural de los últimos años de la democracia civil, y que tuvo que darse a la fuga del país. El tratamiento del relato lo vuelve universal”, comentó Ortiz. “Diría que es una escritura que no enaltece la necedad, sino que sensualiza la trivialidad”.
Después volvió De Posada a definir la experiencia de Ibarra, quien nació en Caracas, se graduó en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y fue profesor en la Escuela de Comunicación Social. Actualmente vive en Miami donde ejerce el periodismo y produce programas televisivos de cultura. El día que presentó el libro acababa de recibir el título de maestría en educación de Nova University.
Ibarra confesó que él, como García Márquez, escribe para que sus amigos lo quieran, y pidió la complicidad de los amigos: que lean el libro para que vean que vale la pena quererlo. Su primer objetivo fue defender a Estados Unidos de los refugiados aquí, que critican a este país, después de haberse instalado acá. Y también la defensa de Israel, porque es la única democracia del Oriente Medio.
Entre las cosas que mencionó fueron algunos epígrafes de su libro, especialmente el que dice que “Es peligroso dejar el país de uno, pero más peligroso volver a él, porque entonces tus compatriotas, si pueden, te clavarán un cuchillo en el
corazón”.
La frase es original de James Joyce, pero él cita las palabras de Guillermo Cabrera Infante que la modifica: “Donde él dice corazón, yo podría decir espalda”. Y explicó que su título viene de una declaración de Bárbara Palacios, Miss Universo 1986, y dijo: “Los venezolanos no tenemos la culpa de ser balseros del aire”. •
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de enero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "‘Balseros del aire’: los exiliados venezolanos."