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DeSantis quiere convertir a la Florida en un estado más represivo y armado | Opinión

Se perfila otra era fea en la Florida.

Llámese a este el primer capítulo de la saga “Ron DeSantis sin Trump en la Casa Grande”.

La nación ha hablado claramente con sus votos: más de 75 millones, la mayor cantidad jamás dada a un candidato presidencial de Estados Unidos escogió a Joe Biden. Fue un rechazo de lo que el presidente Donald Trump ha representado: el racismo, la división y el camino hacia el fascismo al estilo estadounidense.

Pero no fue así en la Florida, hogar del presidente derrotado.

En la Florida, el 51% de los residentes que votaron, 5,658,847 de una población cercana a los 22 millones, le dieron a Trump la victoria del estado y llenaron la Legislatura de la Florida de republicanos.

Con su ídolo destronado, y envalentonado por la sólida mayoría de victorias en la Cámara y el Senado, el gobernador DeSantis está tomando medidas para formar una Florida fascista y más propensa a usar las armas.

REPRESIÓN A MANIFESTANTES DE ‘BLM’

DeSantis ha propuesto legislación que trataría a los manifestantes por los derechos civiles que se salen de control en manifestaciones no autorizadas o que participan en manifestaciones que se vuelven violentas, como criminales reincidentes.

La mayoría de las manifestaciones de la Florida han sido pacíficas.

Pero DeSantis quiere obstaculizar la posibilidad de que los manifestantes arrestados obtengan una fianza. Y cuando la obtengan, quiere “una presunción refutable bajo fianza”, lo que significa que la ley requeriría que la corte presuma que lo que está consignado en el informe de arresto es cierto hasta que se demuestre lo contrario.

Por lo general, esto está reservado para criminales peligrosos acusados de asesinato, agresión sexual, violación y todo tipo de otros delitos graves.

DeSantis también quiere convertir en delito “incapacitar una carretera” al realizar una manifestación allí, como hemos visto que sucedió en Miami de manera improvisada.

También haría que “las personas que participan en manifestaciones violentas o desordenadas” sean para siempre inelegibles para un empleo en el gobierno o para beneficios estatales.

¿Cómo puede saber de antemano un ciudadano que quiere ejercer su derecho a la libertad de expresión cuándo una manifestación se volverá violenta?

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) tendrá que trasladar su sede de la ciudad de Nueva York a la Florida.

EL ACOSO PÚBLICO, UN DELITO

DeSantis también quiere convertir “el acoso a las personas en público” en un delito.

Así que no más gritos por política a la gente dentro de un restaurante o una tienda.

No pensó muy bien esta última idea, ya que la mayoría de los momentos virales capturados en video involucran a partidarios de Trump que acosan a la gente por temas como el hablar en español y usar una máscara como se debe. Pero, lo más probable es que DeSantis busque establecer una ley para poder arrestar a personas como Thomas Kennedy, defensor de los derechos de Miami, quien interrumpió las conferencias de prensa de DeSantis para reclamarle por su mal manejo del coronavirus.

“Qué vergüenza”, le dijo a DeSantis el director de Florida de United We Dream. “Eres una vergüenza... Estamos viendo casos récord todos los días y no estás haciendo nada”.

“¡Deberías renunciar!”.

DeSantis no quiere que la gente lo fastidie por el terrible trabajo que está haciendo.

No es que quiera, como dice, “ley y orden”. Quiere reprimir la libertad de expresión.

Sus amenazas y la erosión de la autonomía local, eso sí le parece bien.

El gobernador también está amenazando a las ciudades y condados que tienen la intención de “desfinanciar a la policía” —lo que sea que eso signifique más allá del mundo de los “hashtags”— con la retención de subvenciones estatales y fondos de ayuda.

AMPLIANDO ‘STAND YOUR GROUND’

Pero lo más revelador de todo es la petición de DeSantis de la expansión de la problemática y controvertida ley “Stand Your Ground” que permite que los dueños de negocios disparen a los saqueadores o a cualquier persona involucrada en “daños a la propiedad’‘.

Él la llama legislación “contra el populacho”, pero es un respaldo a los justicieros ilegales y al asesinato por un delito menor.

Es como si la Florida, que permitió que George Zimmerman se saliera con la suya al asesinar a un adolescente negro, no tuviera ya suficientes justicieros y aspirantes a justicieros. Pero estos son criminales del gusto del Partido Republicano porque son partidarios de Trump.

En el mundo de DeSantis, ellos, en lugar de sus víctimas, necesitan protección.

¿Qué sigue?

Prohibir los libros que no les gustan a los republicanos, enviar a los escritores a la cárcel. No, no es ridículo. El Partido Republicano ya hace campañas feroces para expulsar a periodistas de sus empleos.

NO A LA CIVILIDAD EN FLORIDA

Es triste decirlo, esperábamos que estas elecciones marcaran una nueva era de civilidad nacional, pero no habrá ninguna moderación en el discurso político de los líderes republicanos de la Florida.

No se vislumbra un final de la búsqueda mezquina de una legislación que identifica y margina a los grupos minoritarios.

No habrá alivio de las teorías de conspiración y las falsedades de extrema derecha, que DeSantis y otros agentes de Trump en la Florida están promoviendo en Fox News. No dejarán de demonizar a oponentes políticos y politizar el coronavirus.

En lugar de persuadir a la gente de usar máscaras para detener el nuevo brote de un virus que ha matado a más de 17,000 floridanos e infectado a más de 863,000, DeSantis está lanzando un fósforo a todo tipo de incendios civiles.

El estado supuestamente va a luchar contra los “tipos de antifa de aspecto desaliñado”, como llamó a los manifestantes en Portland, de los cuales no vemos muchos en la Florida. Pero el gobernador insiste en que sí los vemos y que son un problema.

Las medidas, una amenaza a los derechos civiles, están impregnadas de racismo.

En un momento de reconocimiento nacional de los pecados de nuestro pasado, DeSantis trata de acomodar las cosas para los blancos que temen a los negros y latinos.

Su intención de armar a la población más de lo que ya está, y de amenazar, disuadir y privar de derechos a la libertad de expresión, debería alarmarnos a todos, sin importar la afiliación partidista.

No es el gobernador de todos los floridanos.

Es un agente del Partido Republicano de Trump sin criterio propio.

La mayor parte de este “paquete muy sólido” de leyes, que DeSantis admite que serán “las más duras” de la nación, es un intento directo de acabar con el movimiento pacífico contra la brutalidad policial, Black Lives Matter (las vidas negras importan), en la Florida.

Es por ello que una de sus leyes penaliza específicamente el vandalismo o “derribo de monumentos”.

El gobernador dice que es obligatorio pasar seis meses en la cárcel si arrojas un ladrillo a la policía, además de sanciones adicionales por cualquier “travesura” si eres de otro estado porque... ¿supongo que la Constitución de Estados Unidos no está vigente aquí?

“Si lo hace, y sabe que le va a llover una tonelada de ladrillos, entonces creo que la gente lo pensará dos veces antes de participar en este tipo de conducta”, dijo DeSantis en una conferencia de prensa reciente rodeada por un elenco completamente blanco de agentes del orden.

Todo esto, de parte de un gobernador que lanzó su campaña de elección usando un lenguaje racial para referirse a su oponente afroamericano.

Como aspirante a la reelección en 2022, DeSantis no cree que tenga nada que temer de los votantes de Florida.

Está confiado.

Al igual que su mentor, presidente durante un solo período, DeSantis ha llenado los tribunales de Florida con ultraconservadores, con la esperanza de que vean las libertades constitucionales de Estados Unidos a su manera, a la manera fascista.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de noviembre de 2020, 3:06 p. m. with the headline "DeSantis quiere convertir a la Florida en un estado más represivo y armado | Opinión."

Fabiola Santiago
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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