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Los hermanos Solano, de Colombia a los Marlins

Los hermanos Jonathan y Donovan Solano antes del comienzo del juego de los Marlins contra los Mets de Nueva York, en el Marlins Park de La Pequeña Habana el pasado 28 de abril.
Los hermanos Jonathan y Donovan Solano antes del comienzo del juego de los Marlins contra los Mets de Nueva York, en el Marlins Park de La Pequeña Habana el pasado 28 de abril. el Nuevo Herald

Cuando Jhonatan Solano le dijo adiós a su hermano Donovan, quien iba rumbo a las Ligas Menores en Estados Unidos, un sentimiento encontrado le recorrió todo el cuerpo, pues por un lado estaba feliz por él y por otro lamentaba no acompañarlo en ese viaje potencial rumbo al mejor béisbol del mundo.

Después que la imagen de Donovan, de apenas 16 años entonces, se perdió de vista, Jhonatan le pidió a Dios que le permitiera estar junto a su hermano algún día en las Grandes Ligas, pero nunca esperó que su deseo fuera sobrepasado.

“El solo hecho de haber vestido un uniforme de las Mayores es de por sí algo que despierta orgullo, pero que sea el mismo, es algo de otro nivel’’, afirmó el receptor. “Le estaremos por siempre agradecidos a esta organización por habernos permitido cumplir este sueño que para muchos es imposible’’.

Y no se trata de que los Solano posean la misma sangre, sino que vienen de Colombia, una tierra que es conocida por su café, sus mujeres, sus bellezas naturales y, sobre todo, sus futbolistas, porque el béisbol sigue siendo algo exótico con tintes de Caribe.

Aunque trayectorias como la de Edgar Rentería y Orlando Cabrera son parte de la memoria histórica y deportiva de Colombia, el béisbol siempre ha tomado un papel secundario al fútbol, donde hombres como Radamel Falcao -quien estuvo muy cerca de convertirse en pelotero- y James Rodríguez acaparan la atención del país.

“Pero Barranquilla es otra cosa, Barranquilla y béisbol son la misma cosa’’, aseguró Donovan, segunda base. “Desde niños nuestro padre nos llevaba a los terrenos donde el jugaba y nos inyectó la pasión por este deporte. El siempre nos decía que el esfuerzo es recompensado, de debajo de la tierra nos encontraba guantes, guantillas, pelotas, bates. Sin él no estuviéramos hoy aquí’’.

Gracias a la perseverancia de Luis, el padre, los Solano comenzaron a sobresalir en el béisbol de su tierra y no pasó mucho tiempo antes de que los Cardenales de San Luis firmaran a Donovan en enero del 2005.

Meses después, en septiembre, Jhonatan emprendió un viaje a un lugar remoto de Venezuela en un camión lleno de productos agrícolas y gente de todo tipo para poderse mostrar ante los evaluadores de talento de los Nacionales de Washington, quienes le dieron el visto bueno a sus intenciones.

“La vida en las Menores es complicada y todo es un choque, desde el idioma hasta las costumbres, sobre todo para chicos de 16 y 17 años’’, recordó Jonathan. “Quién te diga que no ha pasado trabajo en esos niveles, está mintiendo, porque estamos hablando de jóvenes de lugares lejanos que lo dejan todo atrás. Pero cuando uno tiene una meta de llegar a un punto no mira hacia los lado’’.

Finalmente, Donovan debutó el 21 de mayo del 2012 con los peces y Jhonathan lo hizo con los Nacionales unos días después, el 29, para convertirse en los colombianos 12 y 13 que pisaron un estadio de Grandes ligas y cumplir lo que tantas veces habían conversado en su infancia en la natal Barranquilla.

Los Solano se convirtieron en los primeros hermanos en debutar en las Mayores en el mismo mes desde los dominicanos Vladimir y Winton Guerrero en septiembre de 1996 y los segundos nacidos en Colombia luego de Orlando y Jolbert Cabrera.

Pero nada de eso sería comparable al momento en que ambos se vieron como rivales un 22 de septiembre del 2013, cuando estuvieron como titulares, Jhonatan detrás del plato de los Nacionales y Donovan en la segunda base de los peces.

“La primera vez que el vino a batear le di un abrazo rápido y le dije que ganara el mejor’’, rememoró Jhonatan. “Ponte a pensar, dos hermanos colombianos enfrentándose. Eso no es cosa de verse a diario’’.

El nuevo sueño es, ahora, verse en la alineación de los Marlins.

Hoy en día no se puede hablar de pelota cafetera sin mencionarlos, al igual que otros de la nueva generación de peloteros de esa tierra como los lanzadores Julio Teherán (Atlanta) y José Quintana (Chicago).

“Sin duda, el béisbol está en una situación mucho mejor que cuando nosotros lo dejamos’’, recalcó Jonathan. “Queremos inspirar a los niños y jóvenes de nuestra tierra y dejarles saber que el camino es duro y que nunca acaba, pero que vale la pena’’.

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