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El béisbol me sirvió para estar aquí y tener libertad, afirma uno de los cubanos que abrió camino a las Mayores

El béisbol me sirvió para tener libertad, dice Edilberto Oropesa

El béisbol me sirvió para tener libertad, dice Edilberto Oropesa
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El béisbol me sirvió para tener libertad, dice Edilberto Oropesa

Edilberto Oropesa es la humildad hecha hombre. El matancero se mantuvo unos cuatro años en Grandes Ligas sin hacer mucho ruido ni llamar la atención, pero su peso en la reanudación del caudal de talento cubano hacia la mejor pelota del mundo no puede pasarse por alto.

Si René Arocha fue el pionero que reabrió el camino al quedarse en 1991, Oropesa y Rey Ordóñez acentuaron el momento histórico al abandonar una escuadra en la Universiada de Buffalo en 1993, cuando nadie decidía abandonar Cuba y la familia, cuando la palabra cubano apenas se pronunciaba en las Mayores.

No por gusto los Dodgers lo contrataron para que guiara los primeros pasos de Yasiel Puig hacia la prominencia y luego los Diamondbacks hicieron lo mismo para ayudar a Yoan López en ese sentido. Ahora, a los 47 años, vive un justo y calmado retiro, sin las estridencias de sus días de jugador, pero feliz de haber logrado más de lo que pensaba.

¿Qué sientes al repasar tu carrera?

“Siento alegría por haber podido llegar a Grandes Ligas, es algo que llevaré siempre conmigo. Pasé mucho trabajo cuando deserté, estuve ocho años en las Menores, pero valió la pena. El béisbol me sirvió para estar en este país y tener libertad’’.

¿Tenías la fe de que ibas a llegar?

“Sinceramente, cuando me quedé no sabía nada. No tenía referencia alguna de Grandes Ligas, lo único que sabía de Grandes Ligas era que René Arocha se había quedado, pero fuera de eso, todo era muy desconocido. No sabía nada de nada’’.

¿Cómo fue ese choque primero con el deporte profesional?

“Fue muy difícil. No tenía a quién preguntarle nada, no había tantos cubanos como ahora, que hay más información, conocimiento. El béisbol era diferente en los métodos, los entrenamientos, la relación con los coaches, el inglés’’.

¿Qué sentiste al ser llamado después de tanto tiempo en las Menores?

“Me dio por llorar. No pude evitar las lágrimas. Casi el último día de la primavera me llamaron y me dijeron que me quedaba con Filadelfia. Como llevaba tanto tiempo en las Menores, pues como que no esperaba mucho. Fue el día en que más lloré en mi vida’’.


Y te mantuviste unos años en la gran carpa.

“Eso fue una experiencia increíble. Pero también experimenté mucha presión. Después de tanto tiempo en las Menores, quería alcanzar un contrato que me garantizara muchas cosas. No se pudo. Al final, solo siento gratitud por cada uno de esos días que estuve arriba. Mirando las cosas, logré más de lo que esperaba’’.

¿Qué fue lo mejor que te sucedió?

“Lo mejor fue ese primer día’’.

¿Y lo peor?

“Qué no pude establecerme. Llegué muy viejo a las Mayores y creo que a cierta edad entrenaba demasiado fuerte, sobreentrenaba y no me daba cuenta, y tal vez me faltó romper cierta barrera para conversarlo con los coaches. También en mi primer año en Grandes Ligas me operaron del codo. Mi mecánica de pitcheo no era la mejor’’.


Después fuiste mentor de Yasiel Puig y Yoan López.

“Sobre todo, traté de transmitirles mis experiencias en las Menores, para que no se equivocaran y se mantuvieran en una buena senda. El cambio de Cuba a acá es muy diferente. Ver a Yasiel y Yoan triunfando, establecidos, me da mucha alegría por ellos y sus familias’’.

Arocha primero, pero tú también fuiste un pionero que le abrió el camino a otros.

“Arocha merece mucho mérito. Quizá no se le menciona como se debiera. Si pude ayudar en algo, pues eso me alegra. Ver a tantos cubanos ahora arriba es algo muy positivo. Siempre digo que Cuando Cuba sea libre y los muchachos puedan firmar sin problemas, entonces tendremos 100. Fácil’’.

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