Béisbol

¿Quién tiene la culpa de la destrucción de la pelota en Cuba?

Cuba, otrora segunda potencia beisbolera del mundo, en estos momentos no es ni la décima en calidad con relación a su torneo nacional, y hasta reciben clases de técnicas modernas de países que en un pasado fueron sus alumnos. Existe un responsable principal de la destrucción de la pelota cubana dentro de la isla: el gobierno castrista.

Desde la inauguración de la Liga Profesional de Béisbol de Cuba el 29 de diciembre de 1878 con tres equipos, El Habana, El Almendares y Matanzas BBC, hasta su abolición en 1961, el desarrollo alcanzado por la pelota cubana fue inmenso.

En 1922, la novena de Marianao se unió al Habana y al Almendares, llegando luego los Elefantes de Cienfuegos, para integrar los cuatro principales equipos en la historia de la Liga Cubana. Y aunque existieron otros elencos, entre ellos los Leopardos de Santa Clara en la década del veinte del pasado siglo, los mismos tuvieron una mínima participación.

Los primeros torneos se efectuaron en el Palmar de Junco de Matanzas, sitio donde se jugó el primer partido oficial en la isla el 27 de diciembre de 1874, el Almendares Park en La Habana, La Tropical (La Habana, hoy Pedro Marrero) y el Estadio del Cerro inaugurado el 26 de octubre de 1946 ante 31,000 aficionados con el choque entre Almendares y Cienfuegos.

Como pelota profesional, Cuba sólo era superada por las Grandes Ligas de Estados Unidos, mientras que en el campo amateur fue casi imbatible a nivel internacional desde los primeros Juegos Centroamericanos y del Caribe en México (1926) y la segunda Serie Mundial en 1939, en La Habana.

Cuba ganó siete Series del Caribe en doce ediciones, tenía equipos propios en Ligas Menores como los Havana Cubans y los Cuban Sugar Kings, así como otras novenas actuando desde principios de siglo en las Ligas Negras de Estados Unidos, siendo a la vez la principal cantera de peloteros hacia las Grandes Ligas desde los dos primeros que lo hicieron en 1911; Rafael Almeida y Armando Marsans, hasta sumar otros 75 que jugaron antes de 1959.

Pero toda esta virtuosidad beisbolera comenzó a perderse de manera gradual después de la aparición de un nuevo sistema político que bajo la falsa bandera del patriotismo le ha negado a las nuevas generaciones la historia pasada de un deporte que puso en el sitial más alto a la nación.

Decenas de los mejores peloteros que actuaban en el momento de eliminarse el profesionalismo, lograron salir de Cuba legalmente para seguir jugando o tratar de hacerlo en Estados Unidos; entre los que se destacan Tony Oliva, Luis Tiant, Tony Pérez, Miguel Cuéllar, Bert Campaneris, José Cardenal, Tony ‘’Haitiano’’ González, Zoilo Versalles, Octavo “Cookie’’ Rojas, Pedro Ramos y Tony Taylor, llegando a la cifra de 40 debutantes entre 1959 y 1970.

En las dos siguientes décadas existieron estrictas regulaciones migratorias que impidieron a los atletas que jugaban en la nueva Serie Nacional dar el salto para actuar en Grandes Ligas.

Nadie pone en dudas que centenares de peloteros que jugaron en Series Nacionales reunían todos los atributos para ser estrellas de Grandes Ligas, pero ellos sólo pudieron probar suerte como jugadores aficionados y en estos momentos la mayoría de esos astros del pasado se encuentran con los bolsillos vacios, con el único aliciente de vivir en la memoria de algunos de sus fanáticos.

Para mencionar varios de esos nombres que perdieron la oportunidad de ser luminarias de Grandes Ligas con millones dólares en sus cuentas bancarias por culpa de un sistema que lo negaba, se encuentran Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Armando Capiró, Antonio Muñoz, Orestes Kindelán, Antonio Pacheco, Lázaro Junco, Braudilio Vinent, Rogelio García, Pedro José “Cheito’’ Rodríguez, Rey Vicente Anglada, Fernando Sánchez, Germán Mesa y Jorge Luis Valdés, entre otros.

Cuando llegó a Cuba el llamado “Período Especial’’ (crisis económica y social) muchos peloteros desafiaron las regulaciones migratorias escapando de la isla en balsas o desertando en eventos internacionales. El primero de ellos fue el reglano René Arocha en 1991, y luego centenares de peloteros le siguieron en busca de mejores oportunidades económicas y profesionales.

Entre los casos más recientes se destacan José Abreu, Aroldis Chapman, Jorge Soler, Yordan Alvarez, Yuli Gurriel, Yoan Moncada, Yasmani Grandal, Lourdes Gurriel Jr. y José “Candelita’’ Iglesias; sin olvidar a otros de etapas anteriores como Kendrys Morales, Rey Ordóñez, Alexei Ramírez, Rolando Arrojo, los hermanos Liván y Orlando Hernández, así como varios otros que crecieron en Miami como Rafael Palmeiro y José Canseco.

Durante casi seis décadas las más grandes figuras del béisbol antillano que decidieron seguir sus carreras en Grandes Ligas, sus nombres han sido borrados para las diferentes generaciones de cubanos, desde las etapas de Orestes Miñoso y Camilo Pascual, hasta llegar a la actual.

El éxito de esta nueva generación de peloteros cubanos en Grandes Ligas es una prueba fehaciente de que el talento natural de los jugadores que radican en la isla sigue intacto, y que el principal obstáculo para que el béisbol como torneo nacional eleve su nivel al de etapas pasadas y que se puedan detener las derrotas sucesivas en eventos internacionales, se encuentra en el sistema político vigente.

Aquel 14 de enero de 1962, cuando Fidel Castro sepultó 84 años de gloria beisbolera eliminando la Liga Profesional para sustituirla por la Serie Nacional, se convirtió en el inicio del colapso que desde hace casi dos décadas padece la pelota cubana.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de marzo de 2020, 4:17 p. m..

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