Con mi hijo Eddy no hablo mucho de béisbol, es una regla no escrita entre los dos, pero sé que bateará
Walter Álvarez es un padre orgulloso. Su nombre es sinónimo de boxeo en Miami, pero por estos días se le reconoce más por ser el progenitor de Eddy Álvarez, el pelotero de los Marlins que se convirtió en el primero de la historia en ganar una medalla en las Olimpiadas de Invierno y debutar en Grandes Ligas.
En esta ciudad todavía se recuerdan sus esfuerzos vitales para traer el 12 de noviembre de 1982 al desaparecido Orange Bowl la legendaria pelea entre el nicaragüense Alexis Argüello y Aaron Pryor, pero él está feliz de que su hijo Eddy tenga los reflectores encima.
Día tras día, Walter y toda la familia Álvarez -llegada de Cuba a principios de los 60- vivieron cómo Eddy lograba sus sueños en el hielo y esperaron su debut durante seis largos años. Y ahora no se pierden un minuto en televisión, porque el utility de los peces puede sorprender en cualquier momento con una buena jugada y quizá muy pronto con su bate.
¿Qué te ha parecido el paso de Eddy en los Marlins?
“Me parece fenomenal. Siempre supe que Eddy era un tremendo pelotero, un tremendo atleta, eso le dio la facilidad de ir de un deporte a otro. Algunos fanáticos no entienden y me dicen que si tiene 30 años y no está bateando como tiene que batear. Eddy no jugó béisbol dos años antes de preuniversitario y después no lo jugó por seis años. Eddy es el pelotero de 30 años más joven que existe en desarrollo. Los otros nunca pararon de jugar’’.
Pero con el guante ha sido intachable.
“Anoche mismo [miércoles] tuvo impacto en el juego dos veces. Después lo perdimos, pero eso si Dios quiere va a mejorar cuando regresen los lanzadores principales. Pero a mí Eddy no me sorprende. Lo sigo desde chiquito y sé que todo lo que hace bien. Dios le ha dado ese don’’.
Cuando lo viste ganar una medalla olímpica, ¿imaginabas que volvería al béisbol?
“No, yo pensé que nunca más iba a jugar pelota. Igual que el béisbol sufrió escasez de tiempo, al patinaje también le pasó lo mismo. No fue un pelotero a tiempo completo ni un patinador a tiempo completo. Cuando gana en las olimpiadas, los coaches le dijeron que en la próxima iba a arrasar que su futuro era enorme y ahí él dijo que no, que su futuro estaba en el béisbol’’.
Seis años en las Menores, ¿nunca perdiste la fe en él?
“No, porque tenía mucho éxito. En Clase A, en North Carolina, fue el mejor pelotero de la temporada, incluso le hicieron un Bubble head. En todos los niveles le fue bien y eso le dio fuerza para seguir adelante y a nosotros la esperanza de que llegaría a las Mayores’’.
Tu otro hijo también estuvo cerca.
“Nick llegó a la Triple A con Boston, pero se lesionaba mucho. Tuvo una operación de Tommy John. Tuvo fracturas en los huesos, porque jugaba muy duro, igual que Eddy. La diferencia es que Eddy es un poquito más ágil, se tira de cabeza y eso es algo que a Don Mattingly le gusta mucho. Eddy es agresivo y hace las jugadas que nadie espera que haga’’.
¿Qué consejos le das cuando te encuentras con él?
“No le hablo mucho de béisbol, cuando termina el juego ya no quiere hablar más de eso, pero de cuando en cuando le hago algún comentario. Y te digo que muy pronto va a batear más. El sabe reconocer bien los pitcheos y sé que su momento se va acercando. En cualquier momento se va de 4-4’’.
¿Cómo disfrutaste el día de su debut?
“Me paralicé. Sabía que, incluso sin la pandemia, lo iban a llamar. Con él hablaron Mattingly y Mike Hill y le dijeron que estaba en punta para ser llamado, que se mantuviera listo que iba a Grandes Ligas’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de agosto de 2020, 11:27 a. m..