Este pelotero cubano era una diamante y los Rays lo encontraron. Ahora es el que más brilla en Grandes Ligas
Cuando los Rays cambiaron a Matthew Liberatore por Randy Arozarena hubo un clamor en Tampa Bay. ¿Quién era el hombre que se escondía tras ese nombre? ¿Ameritaba un canje por el principal prospecto de pitcheo de la organización? Los fanáticos se hacían preguntas mientras se llevaban las manos a la cabeza.
Hasta el mismo manager del club, Kevin Cash, tenía sus reservas. El escuchaba las historias de sus superiores en la oficina central, que hablaban maravillas de este prospecto cubano, ¿pero realmente poseía tanto potencial como para decirle adiós a un futuro as del montículo?
La respuesta no ha podido ser más contundente. Si el 31 de agosto, el día de su debut con Tampa Bay, existía sobre su cabeza un signo de interrogación, ahora los evaluadores coinciden en alabar a los cerebros de una franquicia que siempre se las ingenia para dar guerra y alcanzar los playoffs, encontrando diamantes entre un lecho de piedras.
Si Arozarena deslumbró desde el primer en día con el uniforme al batear para .500 con cuatro cuadrangulares en sus primeros seis encuentros, lo que está haciendo ahora en postemporada, primero en la Serie de Wild Card contra Toronto y ahora en la Serie Divisional contra los Yankees parece sacado de un libro de cuentos.
Algunas estadísticas son realmente de ensueño:
-Pegó jonrones en tres juegos seguidos.
-Lleva tres juegos con tres o más hits.
-Suma cuatro juegos con múltiples hits.
-Al menos ha pegado un extra base en cinco juegos seguidos.
-En los playoffs lleva de 20-12 para .600 de promedio.
-Tiene más jonrones (3) que ponches (2.)
Tyler Glasnow, lanzador estelar de los Rays, lo resumió todo en una frase lapidaria, y fulminante: “Randy Arozarena tiene que ser el mejor pelotero del planeta en este mismo momento’’.
Recuerdo haber visto a Arozarena al menos dos primaveras dentro del complejo que los Cardenales que comparten con los Marlins en Jupiter, siempre con la ilusión de que iba a ser llamado, pero lo cierto es que el cubano vio mínima acción con San Luis en el 2019.
Tampoco ayudó que cometiera un error que no fue perdonado por los pájaros rojos. El prospecto difundió, sin calcular las implicaciones, un video privado donde el manager de los Cardenales Mike Schildt la emprendía -con palabras fuertes- contra los jugadores tras el triunfo del club en la Serie Divisional sobre los Bravos de Atlanta.
Eso sucedió en octubre del 2019. Un octubre más tarde y en otra Serie Divisional, Arozarena ha capturado los titulares por razones enteramente positivas para cumplir la promesa que mostrara cuando con 19 años escapara de Cuba por vía marítima y luego a los 21, en el verano del 2016, firmara su primer contrato con San Luis por valor de $1.25 millones.
En aquellos tiempos la cifra era considerada una bagatela comparada con otros bonos de compatriotas suyos, como el de Adrían Morejón -actualmente con los Padres de San Diego- que alcanzó los $11 millones en aquellos meses. Quizá no recibió más dinero, porque era visto como un prospecto de contacto, rápido en el corrido, pero no un slugger.
Pero en el verano del 2019 dio muestras de que el poder estaba despertando al conectar para .344 en las Menores con 15 cuadrangulares y llamando la atención de los Rays, que lo pensaron mil veces y siempre volvían a la misma decisión: debemos tener a Arozarena.
Y Tampa Bay no tuvo reparos en cambiar a su mejor promesa de la lomita, porque estaba en modo de ganar ahora y ya habrá tiempo para el arrepentimiento. Si Arozarena sigue bateando de la manera en que lo está haciendo, ese momento puede que no llegue nunca.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de octubre de 2020, 11:58 p. m..