Manny Machado asume la capitanía dominicana con orgullo de sangre y familia
Hay momentos en la carrera de un pelotero en que los números dejan de importar y el uniforme pesa más que cualquier contrato.
Para Manny Machado, ese instante llegó con una noticia que lo tocó por dentro: será el capitán de la República Dominicana en el próximo Clásico Mundial, una designación hecha por el mánager Albert Pujols.
Nacido en Miami, criado entre dos culturas, Machado nunca ha dudado de dónde viene su sangre.
“Yo creo que la familia es lo más importante. Eso es lo que tenemos en la vida’’, afirmó con serenidad. “Por mi familia esto es importante, porque siempre la sangre dominicana está ahí’’.
No hay tono de revancha en sus palabras. Ni rastro de cuentas pendientes por la eliminación de 2017 o la dolorosa ausencia en la ronda decisiva de 2023. Cuando se le preguntó si existe un compromiso extra por esos resultados, el antesalista fue directo:
“No, ni pensar en eso. Eso está en el pasado’’.
Machado mira hacia adelante. Habla del conjunto actual, del talento reunido, de la identidad de juego.
“Estamos pensando en el equipo que tenemos ahora, el conjunto que tenemos y jugar el juego de nosotros’’, explicó.
“No pensar en los otros equipos, sino en lo que podemos hacer nosotros, qué podemos lograr cada día’’.
Es su tercera vez vistiendo el uniforme tricolor. Pudo haber jugado con Estados Unidos. Eligió a la tierra de sus padres. Eligió el apellido, la mesa familiar, las historias de infancia, el orgullo heredado.
“Ponerme este uniforme es lo mejor que he hecho en mi carrera’’, confesó sin titubeos. “Se siente muy bien representar mi país’’.
En un momento donde su nombre suele ser el primero que surge cuando se habla de liderazgo en el béisbol dominicano, la capitanía parece una consecuencia natural. Pero él la asume con humildad, casi con gratitud.
“Todo’’, respondió cuando se le preguntó qué significa esto en esta etapa de su vida.
“Le doy gracias a Dios’’.
La capitanía no es solo un brazalete simbólico. Es guía, ejemplo, conversación en el dugout y consejos en la esquina del infield.
Allí entra una figura como Junior Caminero, quien ha declarado públicamente que Machado es su ídolo desde niño.
Ambos compartieron una foto años atrás en Baltimore. Hoy comparten prácticas, terreno y responsabilidad.
“Quiero seguir jugando con él para que aprenda mucho y para seguir viéndolo, porque lo vemos de lejos, nunca en el mismo terreno’’, comentó Machado.
“Es un tremendo jugador, alguien que puede hacer muchas cosas especiales en el juego’’.
En esa frase hay mentoría, pero también ilusión. La sensación de que el béisbol dominicano no es solo presente, sino relevo generacional.
Machado no habla de presión. No habla de fantasmas. Habla de familia, de unidad y de jugar “el juego de nosotros’’.
Y cuando un capitán pone la sangre por delante, el mensaje suele llegar más lejos que cualquier discurso encendido.