Anthony Núñez, de Hialeah a Grandes Ligas: el sueño que empezó con su madre en Miami
Hay historias que no necesitan adornos porque ya vienen cargadas de verdad.
La de Anthony Núñez es una de ellas: un muchacho de Hialeah, criado en el corazón de una familia cubana, que aprendió a amar el béisbol en los mismos parques donde hoy otros niños persiguen el mismo sueño.
Su regreso a Miami como jugador de Grandes Ligas no es solo una parada más en el calendario, es un círculo que se cierra con emoción.
En cada palabra que pronuncia hay una raíz, un recuerdo, una imagen congelada en el tiempo: la del niño que iba al Opening Day como fanático, la del adolescente que competía en high school, la del hijo que escuchaba una y otra vez la voz de su madre corrigiendo su swing.
Porque si algo define esta historia, más allá del talento, es el vínculo inquebrantable con su madre Odalis, la primera entrenadora, la guía constante, la presencia que nunca se fue.
Y es ahí donde el relato toma otra dimensión. Porque Anthony no solo llegó a las Grandes Ligas con los Orioles en 2026; llegó con una identidad forjada en el béisbol competitivo de Miami, con la disciplina de su casa y con la memoria viva de esos días en que todo comenzaba con una simple instrucción: “el codo para arriba”.
Debutaste en marzo y ya en mayo estás de vuelta a Miami. ¿Qué significa para ti?
“Sí, esto es un sueño. Tú sabes, yo le estaba enseñando todas las fotos a todo el mundo… las fotos de cuando yo estaba aquí como un fanático, como un niño en el Opening Day, jugando aquí en high school… es un sueño estar aquí con todo el mundo aquí en las Grandes Ligas”.
¿Qué significó para ti ser llamado y estar en el Día Inaugural con el equipo?
“Bueno, como te digo, es un sueño. Todo esto es un sueño para todo el mundo, especialmente con un equipo que quiere ganar ahora. Tenemos mucho talento, muchos jóvenes… es muy divertido estar con el equipo de nosotros”.
Eres producto de raíces cubanas, de Hialeah. ¿Qué recuerdas de tus inicios?
“Mi mamá era mi coach de bateo aquí. Ella siempre decía: ‘el codo para arriba, el codo para arriba’ por cuatro años. Empecé con tres años… ella fue mi coach con cuatro o cinco en los Marlins ahí en Hialeah, donde estaba Manny Machado y todo el mundo. Ella ha sido una gran parte de esta historia y va a seguir siendo gran parte”.
Fuiste un jugador de dos vías como Ohtani, pero elegiste el pitcheo. ¿Por qué?
“Bueno, en prácticas de bateo a lo mejor sí (risas). Pero en el juego… yo tenía talento como dice la gente, pero no salieron las cosas para el bateo y Dios me puso el picheo en mi camino. Tomé ventaja de lo que me dieron”.
Muchos te describen como un lanzador eficiente. ¿Cómo te defines?
“Como alguien que lanza sin miedo. Porque yo fui bateador y sé que es difícil. Es tirar strike, atacar y si te dan un hit eso va a pasar… pero seguir atacando y tirar sin miedo”.
Tu camino a Grandes Ligas fue rápido. ¿Cuánto te ayudó crecer en Miami?
“La pelota aquí es tan diferente. En otros lugares tienen que batear .500 para que te escojan y aquí con .350, si tienes talento, puedes firmar. El talento aquí siempre va a ser espectacular… y competir desde los cinco años hasta high school te prepara para esto”.
¿Qué has aprendido en tu primer mes en las Mayores?
“¡Ay Dios! Un millón de cosas. Y voy a seguir aprendiendo… en la preparación, en cómo ser un compañero de Grandes Ligas… es de ganar juegos y estar todos juntos”.
¿Qué le dirías a un niño de Miami que sueña con llegar?
“Que no dejen de trabajar. Porque es así. Dios te pone todo en el camino y es trabajar duro. A mí me dejaron libre en el 21 como bateador y seguí… es no dejar de trabajar y seguir en la lucha”.