Cambio del pitcher abridor en Grandes Ligas: ¿capricho o estrategia? Los Marlins en medio de la polémica
El béisbol moderno ha tenido una transformación positiva con relación a épocas pasadas en los salarios que devengan los peloteros, en los métodos de entrenamiento, en la técnica, en la ciencia, en un mayor repertorio de envíos de los lanzadores, en las estrategias, en el aspecto mental-psicológico de los atletas y en la alimentación.
También ocurre en el análisis de las estadísticas que determinan con mayor exactitud el nivel individual de los peloteros y también el colectivo por equipo; así como en otros factores que han ayudado a elevar el desarrollo del deporte de las bolas y los strikes.
Podríamos estar hablando durante mucho tiempo acerca de estos y otros aspectos que han convertido al béisbol en un deporte más dinámico y atractivo a la vista de los espectadores, tanto de los que asisten a los estadios como de aquellos que disfrutan los partidos desde sus hogares a través de la televisión.
Hoy, queremos comentar sobre el sistema utilizado por los estrategas en el cambio de los lanzadores abridores, la situación quizás más complicada para un dirigente en el terreno de juego.
Para dar a entender nuestro punto de vista de forma clara vamos a dividir nuestra explicación de manera concisa en cinco partes diferentes.
Primer aspecto positivo: Estamos de acuerdo con el uso de relevistas intermedios y cerradores.
Ellos reciben contratos millonarios para cumplir con sus trabajos especiales y deben estar activos. Muchos de estos relevistas han sido y son de inmensa calidad.
Segundo positivo: Los brazos de los lanzadores hay que cuidarlos. El béisbol de Grandes Ligas además de ser un deporte es un negocio. Por lo tanto, el número de envíos realizados tanto de los abridores como de los relevistas también es un factor de enorme importancia en busca de evitar lesiones por exceso de trabajo en una temporada larga que consta de 162 juegos.
Tercero: Lo negativo es que, aunque sea correcto este sistema moderno de utilizar el pitcheo esto no significa que sea obligado sacar a los serpentineros abridores cuando están realizando faenas impresionantes sin pasar de los 90 lanzamientos. Y esto sucede con frecuencia.
Cuarto: Aquí citamos un ejemplo ocurrido recientemente que ilustra los muchos otros empleados de manera casi similar por el capricho de algunos pilotos de usar esta estrategia al estilo de una máquina programada.
En el partido del pasado 7 de mayo entre los Marlins y los Dodgers de Los Angeles celebrado en Miami el lanzador de 25 años el mexicano Valente Bellozo realizaba un recital de pitcheo.
En cinco entradas y un tercio solo había tolerado un imparable. De los 16 bateadores que dominó, siete fueron por los ponches.
Con su reportorio de cinco envíos mezclados de manera inteligente, ubicando la bola en la zona baja y con excelente control de las esquinas, dominaba con facilidad a todos los bateadores del equipo más temible a la ofensiva en Grandes Ligas.
No había señales de cansancio, tampoco le habían dado conexiones fuertes de frente que pudiera llevar a pensar que la suerte lo estaba favoreciendo.
Era un domino absoluto. Sencillamente, estaba realizando lo que se le llama en el béisbol la obra perfecta de un lanzador.
Pero el mánager Clayton McCullough sacó a Bellozo de la lomita luego de completar el primer out en la sexta entrada con el juego empatado a cero carreras cuando solo había tirado 77 lanzamientos, 44 fueron strikes, para traer al relevista zurdo Cade Gibson.
Esta estrategia de traer al pitcher zurdo para dominar a bateadores de la misma mano funciona a veces y en otras no, en dependencia del nivel de cada jugador.
Pero en este caso tenía que enfrentar primero a Mookie Betts y luego a los dos siguientes bateadores de la misma mano del pitcher, el japonés Shohei Ohtani y el estadounidense Freddie Freeman, que cuando los tres están aptos para batear lo mismo castigan a un serpentinero derecho como a un zurdo.
¡Y aquí llegó la hecatombe! ¡El bombardeo ofensivo! ¡Sin respeto! ¿Merecido? Si, pues fue algo injusto e innecesario desperdiciar el trabajo fenomenal del lanzador Bellozo.
Casi todos los bateadores que le siguieron le conectaron de manera solida a cuatro de los cinco relevistas que actuaron después de la sexta entrada comenzado las anotaciones en contra de Miami hasta llegar a 10 carreras.
Y con ello, robarle la joya monticular que realizaba el abridor Bellozo y la derrota de los Marlins.
Quinto: No dudo que algunas personas podrían preguntarnos: “Bueno, Marino, pero si la estrategia hubiera funcionado bien, quizás usted no estaría diciendo esto’’.
Ante esto nosotros responderíamos lo siguiente: “Aunque hubiera funcionado bien la estrategia del mánager de los Marlins Clayton McCullough de sacar al abridor Bellozo cuando estaba tirando un juego de casi de cero hit cero carrera con 77 envíos realizados, fue una jugada malísima”.
¡Y sería una pésima jugada, aunque salga de la tumba y la haga el legendario mánager Casey Stengel!