Los Marlins pelean con orgullo, pero el pitcheo vuelve a fallar en un juego de batazos sin tregua
El loanDepot Park fue escenario de una de esas noches donde el marcador parece más propio de un juego de videojuego que de Grandes Ligas.
Baltimore se impuso el martes por la noche 9-7 sobre unos Marlins que no se rindieron nunca, que pelearon a brazo partido y tuvieron la capacidad de levantarse dos veces para igualar el partido… pero no la fortaleza final para cerrarlo.
El encuentro fue un festival ofensivo de ambos lados, con ataques constantes desde el primer inning y defensas bajo presión.
Miami, fiel a su identidad reciente de equipo competitivo en casa, respondió cada golpe de los Orioles, manteniéndose vivo incluso cuando el juego parecía inclinarse temprano.
“Qué juego vivimos’’, expresó el mánager Clayton McCullough antes de responder preguntas de la prensa.
“Luchamos bastante y nos mantuvimos en pelea hasta el final. Nuestros muchachos tuvieron buenos turnos. También hay cosas positivas que resaltar’’.
Pero la diferencia volvió a aparecer en el mismo punto de siempre: el relevo.
El bullpen de los Marlins no pudo contener la última embestida de Baltimore, que terminó decidiendo el juego en los episodios finales con un ataque oportuno que rompió el empate y dejó sin respuesta a los locales.
Antes de eso, los peces habían logrado lo que parecía complicado: volver del golpe inicial y también de una desventaja intermedia.
Con producción repartida y momentos de carácter, Miami llegó a empatar el juego 7-7 en el octavo inning, encendiendo al público y obligando a Baltimore a volver a empezar.
Sin embargo, el béisbol no perdona los detalles. Un error defensivo del receptor y un par de conexiones bien colocadas de los Orioles abrieron la puerta para que la visita retomara la ventaja en el noveno episodio, esta vez de forma definitiva.
En el plano individual, no fue la mejor versión de Sandy Alcántara.
El as de la rotación de Miami no logró imponer su dominio habitual y terminó con una línea complicada, permitiendo daño temprano y trabajando siempre desde atrás en el conteo y en el marcador. Una salida que deja interrogantes más que certezas.
“Junto con mi coach de pitcheo y el receptor preparamos un buen plan, pero no funcionó’’, apuntó Alcántara.
“Ellos me hicieron trabajar mucho y eso fue fundamental. Me estudiaron bien y aprovecharon mi salida. Solo queda seguir trabajando fuerte para la próxima salida’’.
La otra cara de la moneda la puso el novato Joe Mack, quien vivió un momento especial en su carrera: conectó sus primeros hits en Grandes Ligas y dejó su primera huella en el show.
Un detalle luminoso en una noche amarga para Miami, pero que habla de futuro en medio del presente turbulento.
Baltimore, por su parte, aprovechó cada oportunidad. Su ofensiva volvió a mostrar profundidad, castigando tanto el pitcheo abridor como el relevo de los Marlins, y encontrando las conexiones clave en los momentos decisivos del juego.
Al final, el 9-7 resume perfectamente lo que fue la noche: un duelo abierto, de ida y vuelta, donde Miami compitió con carácter, pero volvió a pagar caro la fragilidad de su bullpen y la falta de control en los momentos críticos.
Los Marlins se van con una derrota que duele, pero también con la evidencia de que pueden pelearle a cualquiera… aunque todavía no encuentran la forma de cerrar esos juegos que definen temporadas.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de mayo de 2026, 10:43 p. m..