Deontay Wilder vs. Tyson Fury, golpe bajo del coronavirus y onda expansiva a la división pesada
La fecha del 18 de abril era vista en el boxeo como un muro de contención. Muchos la contemplaban como el momento en que el deporte de los puños iba a regresar con toda su fuerza, ese parteaguas en que lo malo quedaría desterrado como un mal recuerdo. El fin de la epidemia o al menos de sus peores consecuencias.
Julio se antojaba tan lejos que la tercera pelea entre Deontay Wilder y Tyson Fury parecía a salvo del coronavirus, a resguardo de los nefastos golpes que se han llevado por delante a decenas de carteleras y puesto en apuros a cientos de boxeadores que hoy comienzan a buscarse la vida como y donde pueden.
Ahora hemos entendido que nada ni nadie está a salvo. Con el MGM Grand Hotel y Casino cerrado a cal y canto, con una curva de enfermedad en franca expansión y el mundo en vilo, los organizadores han reconocido que el 18 de julio es una quimera y que lo mejor sería posponer la pelea para más adelante. ¿Quién sabe cuándo? No queda de otra.
Más allá de las ventas de Pago Por Ver y los guerreros que lo han dado todo encima del ring, gran parte del éxito de las primeras dos entregas se atribuye a los miles y miles de aficionados británicos que cruzaron el Atlántico para apoyar a su boxeador y llenar la arena, los hoteles y los casinos de Las Vegas.
Con el Reino Unido encerrado en su casa y sin saber para cuándo salir, no tiene sentido económico programar nada hasta que la situación mejor. Si nos dicen médicos y políticos que lo peor no ha llegado a los Estados Unidos, dejar este asunto para más adelante es la mejor idea posible en el peor de los tiempos.
¿A QUIEN FAVORECE ESTE CAMBIO?
Con el diario bajo el brazo y luego de ver los primeros dos combates, sería muy difícil apostar en contra de Fury. Muchos le vieron ganar en la cita inicial -a pesar de dos visitas a la lona- y su triunfo en febrero resultó brutal y rotundo, sin dejar dudas sobre quién es el mejor de los dos.
Dicho esto, un cambio de fecha debería favorecer a Wilder. El Bombardero de Bronce recibió una paliza en toda la regla y si Mark Breland, el segundo en su esquina, no tira la toalla en el séptimo asalto, habría recibido un castigo un mayor con consecuencias para su organismo.
La toalla de Breland es la que quizá hizo posible la conversación de una tercera pelea. De ahí que estos meses extras ayuden a la recuperación mental y física de Wilder, aunque esto no es lo principal. Lo más importante gira en torno a una pregunta: ¿qué pudiera incorporar ahora que tiene más tiempo de preparación?
En honor a la verdad, va a ser muy difícil que Wilder realice cambios monumentales en su forma de pelear. Siempre lo ganó todo, antes de Fury, con su derecha poderosa y casi o nada de boxeo. ¿Quién sabe si mínimos cambios como un uso mejor del jab pudieran ayudarle en la tercera cita?
¿QUÉ SIGNIFICA ESTE CAMBIO DE FECHA ENTRE LOS PESADOS?
Que nada ya será lo que se programó. Es cuestión de tiempo antes de que se cancelen o pospongan otras peleas importantes como la del 2 de mayo en Manchester entre Dillian Whyte y Alexander Povetkin; y la del 23 de mayo entre Oleksandr Usyk y Dereck Chisora.
Apenas queda duda que la otra pelea donde estarán en juegos títulos mundiales de importancia, la de Anthony Joshua contra Kubrat Pulev el 20 de junio en Londres, también será trasladada hacia otro momento posterior de la temporada, de modo que se viene una segunda mitad del 2020 atestada de peleas.
Queda por ver si el otro combate de importancia en la división, el de Daniel Dubois y Joe Joyce pactado para el 11 de julio igualmente en la capital inglesa, ve la luz de la existencia. En tiempos del coronavirus nada ni nadie está a salvo, menos las peleas de boxeo por muchos campeones que tengan.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de marzo de 2020, 0:26 p. m..