El Puma de Baracoa sale del hospital con el brazo en alto en su batalla contra el coronavirus
La pelea fue dura, pero José Legrá salió del hospital con el brazo en alto. Después de varios días ingresado a causa del coronavirus, el que fuera dos veces campeón del mundo en el boxeo profesional, recibió el alta médica y ya se encuentra en su residencia para personas mayores.
Conocido como “El Puma de Baracoa’’ en sus tiempos de gloria, Legrá, de 77 años, fue ingresado en el Hospital Gómez Ulla de Madrid, aunque nunca estuvo en cuidados intensivos y la medida de internamiento respondió más a la necesidad de mantenerlo bien vigilado.
Legrá ya había celebrado combates en La Habana, Miami y México cuando la revolución del dictador Fidel Castro puso un cierre a los deportes profesionales, obligando a José Adolfo Legrá Ultria a comprarse un pasaje sin regreso en 1963 a la Madre Patria.
Allí se encontró con su compatriota Kid Tunero y aprovechó un buen momento para el boxeo en ese país y Europa para continuar en los ajetreos del cuadrilátero, lo que le permitió no solo ganarse la vida, sino encontrar notoriedad y un espacio en la sociedad española.
Para 1966 ya era ciudadano de su nuevo país y los éxitos en el boxeo no tardarían en llegar. En 1967 conquistó la faja europea tras derrotar por nocaut en el tercer asalto al francés Yves Desmarets y el 1968 superó al galés Howard Winstone por la vía rápida en cinco asaltos para erigirse en campeón mundial del peso pluma.
Cuando Legrá fue campeón de Europa lo recibió Franco en audiencia especial en el Palacio de El Pardo. Legrá solía decir que el Generalísimo le había regalado una mansión , aunque se trataba de un apartamento en el barrio de San Blas.
Sus períodos de rey del orbe fueron cortos, porque en 1969 cedía el cetro ante el australiano Johnny Famechon en un combate celebrado en Londres, pero luego recuperaba en 1970 el de titular de Europa al pasar por encima del italiano Gall. Entonces quedaba claro que tendría una nueva oportunidad de combatir por el título del mundo.
Ese chance llegó en 1972 al imponerse al mexicano Clemente Sánchez, en una pelea disputada en Monterrey. Siguiendo con la línea de poca durabilidad en la cima, caería en su primera defensa contra el brasileño Eder Jofre y luego vendría el declive, lento pero seguro.
Legrá se convirtió en un personaje muy popular más allá de los círculos de conocedores del boxeo. Su cubanía y su lengua desatada le convertían en un imán para la gente: “¡Soy el mejor, soy el mejor!’’, gritaba a todo aquel que le prestara atención.
Ganó buena cantidad de pesetas en sus días de gloria, pero la fortuna se le fue escapando entre noches de juergas, amigos oportunistas de esos que desaparecen al primer signo de mala fortuna, negocios que no llegaron a ninguna parte y, sobre todo, las mujeres. “El boxeo me proporcionó grandes satisfacciones... sexuales’’ repetía entre bromas.
Pero en España, cuando se habla de boxeo, su nombre debe aparecer de manera obligada. De la misma manera que en México se habla de José “Mantequilla’’ Nápoles. Nacieron en Cuba, pero son de la casa. En su caso, no por gusto se ganan 129 peleas así como así, y 49 de ellas por la vía del nocaut.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de abril de 2020, 6:44 p. m..