Boxeo

El Efecto Gamboa, Devin Haney tiene el nombre que buscaba en su récord, ¿pero a qué costo?

Una actuación de Yuriorkis Gamboa no deja impasible a nadie. El espectro va desde quienes aplauden su actuación hasta aquellos que le espetan con puntuación: “retírate’’. Pero la verdad de su faena contra Devin Haney habría que encontrarla en el medio, que si en política resulta difícil, imaginen en el boxeo donde todo se mueve en lo subjetivo.

Gamboa perdió. Sería mentirle a él y a todos salir ahora con la bandera y la crítica. El Ciclón de Guantánamo fue superado en toda la línea por el joven león y, a lo sumo, le habría arrancado un par de asalto y nada más. Esta es la clásica prueba de que el tiempo no pasa por gusto, sobre todo en los pesos más chicos.

Una cosa es un Luis Ortiz todavía vigente a los 41 años en la división máxima y otra un Gamboa a punto de cumplir 39 entre los ligeros. Cuando disminuyen los reflejos y la explosividad, la vida se vuelve más complicada en las divisiones menores. Esto ha sido así desde siempre.

Gamboa no pudo ir mucho más allá, porque Haney se encargó de ponerle una barrera con su jab educado y repetido -en doble dosis al rostro y el cuerpo-, además de ocasionales combinaciones que se estrellaron en plena cara del antillano, llamando su atención, pero sin estremecerlo.

Y aquí viene el problema de Haney, que hoy los otros peleadores de relieve en las 135 libras lo están exponiendo, se burlan de manera inmisericorde, sobre todo Teófimo López. Gamboa ya hizo quedar mal una vez a Gervonta Davis en la derrota. Ahora hace algo parecido con otro guerrero y tras otro fracaso.

Haney había prometido una actuación trascendente, monumental. Si Davis quedó como un púgil poco comprometido e irresponsable, Haney aparece desprovisto de armas de poder para imponerse a un López, un Davis, un Vasyl Lomachenko y quizá hasta un Ryan García o un Luke Campbell.

Llámenle el Efecto Gamboa. Se le gana, pero en ese proceso se pierde lustre y al final el vencedor termina lamentando ciertas cosas. Solo Eddie Hearn, manager de Haney, habla en términos elogiosos de su protegido. El resto del mundo se pregunta si este chico de 21 años posee lo suficiente para ser un gran campeón.

Claro está, Haney no ha entrado en su madurez, tiene detrás de sí el respaldo de una tremenda casa como Matchroom Boxing y DAZN, y lo llevarán de la mano y con guantes de seda. Debe seguir creciendo, mejorando, aunque ese problema del poder será una asignatura pendiente. Por el momento, no parece que esté listo para los Big Boys de las 135 libras.

En cuanto a Gamboa, a pesar de todo, no creo que esté para el retiro. Sigue siendo un veterano importante. No lleva para ser campeón, pero resultará la prueba perfecta para los otros Devin Haney de este mundo. Vino a pelear, se entregó y batalló, pero en esta ocasión no le alcanzó. Un hombre como el Ciclón siempre hace falta en buenas carteleras, pero la escritura se muestra en la pared y el final se acerca de manera inexorable.

Así las cosas, Haney tiene el nombre grande que buscaba para su récord, ¿pero a qué costo?

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2020, 2:34 a. m..

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Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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