Lo imposible no iba a suceder, la fiesta del Canelo en Miami terminó con el triunfo que todos esperaban
La fiesta estaba hecha a la medida del campeón y Canelo Álvarez no se la podía perder. En un Hard Rock Stadium que vistió sus mejores galas, el mexicano tuvo el resultado que buscaba para seguir rumbo a los retos que realmente le importan: vencer al resto de los campeones en 168 libras.
Eso que muchos veían como una pelea de puro trámite en la trayectoria del mexicano, quedó validado el sábado en la noche cuando Álvarez derrotó por nocaut técnico en el tercer round a Avni Yildirim (21-3, 12 KO) delante de 15,000 aficionados que confirmaron el poder de arrastre del ídolo de Jalisco y disfrutaron de un espectáculo de luces y estrellas del deporte y el entretenimiento.
“Me siento bien de haber dado un espectáculo en Miami, hice lo que tenía que hacer y salí a noquear’’, afirmó Álvarez. “No me importa si mi rival es más alto o bajo, si tiene un buen entrenador. Vengo a hacer historia y tengo al mejor entrenador en la esquina. Quiero hacer historia’’.
Con Yildirim y su posición de “retador obligatorio’’ fuera de la pintura, Álvarez (55-1-2, 36 KO) pone sus ojos ahora sobre Billy Joe Saunders en mayo y Caleb Plant en septiembre, dejando abierta la posibilidad de una última pelea en diciembre antes de cerrar lo que debe ser una temporada inolvidable para él.
“Billy Joe Saunders es un boxeador difícil, es campeón de la AMB y lo voy a derrotar’’, agregó Canelo. “Todo el mundo quiere un pedazo del Canelo, pero no se lo voy a permitir. Él habla mucho, pero soy un boxeador maduro. Las palabras no ganan peleas’’.
Después de un primer round bastante parco, Canelo desató un recital de golpes con sus tradicionales ganchos de zurda y el ataque despiadado al cuerpo que fue minando a Yildirim, quien empezó a perder fe en sí mismo antes de perderla por completo cuando el mexicano lo lanzó a la lona en el tercero.
Para el cuarto, el turco no salió más a combatir.
Aunque Yildirim era un rival limitado en lo referente al boxeo, la actuación de Álvarez refuerza la noción de que nadie, absolutamente nadie, cuenta con los argumentos boxísticos para arrebatarle la corona e impedir que les arrebaten las suyas a esos otros poseedores de cetros.
Por mucho que los managers y los entrenadores de Yildirim intentaron vender la visión de un retador capaz y apasionado, lo cierto es que existen niveles de diferencia, océanos de distancia entre el campeón y el retador que fueron más evidentes que nunca en Miami.
Canelo ya no es aquel que perdió con Floyd Mayweather ni, incluso, el que dejó dudas contra Gennady Golovkin y, claro está, Yildirim no es ni jamás será alguno de esos dos guerreros, de modo que el chance de la sorpresa, que ya llegaba mínimo a esta noche, desapareció por completo al primer sonido de la campana.
Quizá como nunca antes o tal vez desde el propio Mayweather, un boxedor no se apreciaba tan distante de sus perseguidores en una división. Saunders y Plant son superiores a Yildirim, pero tampoco van por encima o en igualdad de condiciones en cuanto a equipaje deportivo se refiere.
Para Yildirim y los otros campeones, la mala noticia -que vienes desde hace un buen rato- es que Canelo se encuentra en el punto más alto de sus poderes, en plenitud de condiciones y en el cruce perfecto entre la potencia física y la madurez mental, para no hablar de la maquinaria mediática y promocional que le soporta.
Así que va a requerir mucho más que un golpe de suerte para destronar al Canelo, un golpe de suerte que era, según a mayoría de expertos y aficionados, el único recurso a la mano de Yildirim. Un golpe de suerte que nunca apareció en el Hard Rock Stadium.
Con Canelo no hay suerte que valga.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de febrero de 2021, 11:12 p. m..