Boxeo

Canelo cumple sin brillar y el cubano Scull desaprovecha la oportunidad de su vida. Pelea para el olvido en Arabia

Saúl “Canelo’’ Álvarez (der.) unificó los títulos de peso supermediano al derrotar por decisión unánime al cubano William Scull, el sábado en Arabia Saudita.
Saúl “Canelo’’ Álvarez (der.) unificó los títulos de peso supermediano al derrotar por decisión unánime al cubano William Scull, el sábado en Arabia Saudita. DAZN

No fue la obra maestra que algunos soñaban. No fue el rugido del león que una vez hizo temblar divisiones. Pero fue suficiente. Saúl “Canelo’’ Álvarez sigue siendo el rey de las 168 libras, con todos los cinturones a la cintura., pero dejando ciertas dudas en el camino.

El sábado por la noche en The Venue de Riad, Arabia Saudita, el campeón mexicano unificó —una vez más— los títulos de peso supermediano al derrotar por decisión unánime al cubano William Scull, quien llegó con la corona de la Federación Internacional del Boxeo, pero se fue sin hacer ruido, dejando escapar una oportunidad que se antojaba dorada y en la mejor vitrina posible.

Las tarjetas (115-113, 116-112 y 119-109) reflejan de manera dispareja lo que fue una pelea trabajada, sin drama, sin chispa, ni belleza entre un Canelo que no presionó lo suficiente y un Scull que se movió demasiado y que casi en ningún momento arriesgó algo por la victoria.

“Solo vino a sobrevivir desde el tercer asalto, por eso no me gusta’’, expresó un abatido Canelo, con el desánimo reflejado en el rostro. “Para mí esa es una pelea aburrida, cuando un boxeador no intenta ganar, solo intenta sobrevivir. Odio a ese tipo de boxeadores’’.

Canelo hizo lo justo, ni un gramo más. Apostó por lo que mejor sabe: presión constante, ataques al cuerpo, control de distancia. No fue un vendaval, no lo necesitó. Scull, invicto hasta entonces, hizo lo que pudo, que no fue mucho. El cubano naturalizado alemán se desplazó por todo el ring, intentó evitar el castigo a toda costa, pero nunca ofreció una amenaza seria.

Uno diría que el matancero peleó para durar, no para ganar. Y Canelo, con la experiencia de mil batallas, lo entendió rápido y se dedicó a golpear al cuerpo con cierto desgano, como si supiera que esta pelea era un puro trámite para el mega cita fijada para el 12 de septiembre en Las Vegas ante Terence Crawford.

“El objetivo era ganar y limpiar la división. Ya lo hice. Ahora, vamos por lo que sigue’’, dijo Álvarez tras la pelea, con la mirada fija en el horizonte y, sobre todo, Crawford, quien subió al ring para un cara a cara inspirado por el hombre fuerte del boxeo: Turki Alalshikh.

Lo que viene ahora es aún más grande. Crawford, monarca indiscutido en 147 y uno de los mejores libra por libra del mundo, espera su oportunidad de retar a Canelo en una superpelea que promete paralizar al boxeo, pero ha sido la historia de estos días, llenas de promesas pero vacías en memorias.

Todas las peleas escenificadas el viernes en Nueva York carecieron de grandeza, la cartelera de Riad tampoco será recordada dentro de unos días, aunque uno se pregunte cómo pudo Scull desaprovechar una oportunidad tan espectacular o si esta versión de Canelo cada vez se contrae más, con el paso del tiempo y el desgaste natural, en potencia y habilidades.

“Scull se movió incluso más de lo que pensaba’’, agregó el mexicano, a quien se le regaló un cinturón incrustado con piezas de oro macizo. “Pero no pasa nada, hemos ganado. Soy bicampeón indiscutible y estoy orgulloso de pelear en Arabia Saudíta”.

Ojalá que la pelea en Las Vegas no sea solo una promesa de algo grandioso. El boxeo no da para más decepciones.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de mayo de 2025, 2:25 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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