Boxeo

Ahora que vengan los campeones. Boxeador cubano arrasa a Kyrone Davis en Las Vegas y confirma su futuro

El invicto cubano Yoenli Feliciano Hernández (izq.) dominó con autoridad a Kyrone Davis, lo derribó en el segundo asalto y ganó por amplia decisión unánime en una noche que marca su llegada al radar de los grandes nombres del peso mediano.
El invicto cubano Yoenli Feliciano Hernández (izq.) dominó con autoridad a Kyrone Davis, lo derribó en el segundo asalto y ganó por amplia decisión unánime en una noche que marca su llegada al radar de los grandes nombres del peso mediano. Premier Boxing Champions

La noche fue larga para Kyrone Davis. Larguísima.

Y más aún cuando del otro lado del ring se encontraba un tipo como Yoenli Feliciano Hernández, una bestia nacida del rigor del boxeo cubano, pero criada en la escuela del castigo. No hay vuelta atrás: la nueva ola cubana no viene a bailar, viene a destruir.

En la ciudad de Las Vegas, donde tantas veces los grandes han dejado su marca, Hernández puso su firma con puños propios y sangre ajena para llevarse un triunfo por decisión unánime que incluyó un conteo de protección para demostrar que ya es parte de la élite de las 160 libras.

Quizá faltó ese toque bello de un nocaut, pero Hernández dominó de campana a campana, derribó en el segundo round y nunca bajó la intensidad. Si alguien esperaba ver dudas, frenos o cálculo, se equivocó de cartelera. El cubano vino a decir presente con letras de fuego.

“De alguna manera, el hecho de que esta vez no gané por nocaut me permitió ponerme a prueba hasta la campana final’’, expresó Hernández tras su triunfo en la velada de Premier Boxing Champions

“Nunca pensé que me sentiría tan bien, tan entero en el décimo asalto como en el primero, pero así fue’’.

Los jueces fueron unánimes con tres boletas de 100-89, sin discusión, sin dudas. Y es que no hay mucho que analizar cuando un hombre conecta 217 golpes, obliga a su rival a morder cuero toda la noche y lo deja escupiendo sangre en el asalto final.

Davis, que venía de su mejor victoria como profesional, no encontró espacio, ni aire, ni paz.

El jab de Hernández no solo marcaba distancia, desbalanceaba, abría puertas y luego llegaban las combinaciones como tormenta. En total, 48 golpes al cuerpo y un número imposible de manos arriba. Feliciano no aflojó ni un segundo.

“No tuve ritmo desde el principio’’, confesó el estadounidense.

“Comencé a pelear en desventaja en las tarjetas desde el vamos y nunca logré establecer mi arsenal ofensivo. Él es un buen boxeador con un gran futuro y yo volveré a las fuentes para ver qué vendrá’’.

Pero más allá del castigo, lo que impresiona es la actitud. En el último asalto, con todo ganado, Hernández pisó fuerte en el ring, levantó la mano y retó a Davis a fajarse. Pura sangre caliente.

¿Quién dijo que el cubano no pelea? El mensaje fue claro: este joven no viene a respetar el guion de nadie.

En una noche cargada de figuras, en una ciudad donde los sueños se hacen y se deshacen en 10 asaltos, Hernández dejó su nombre grabado con letras duras. Si alguien todavía no lo conoce, que tome nota. El futuro no espera a nadie. Y Yoenli ya está golpeando la puerta de los grandes.

“Dominé esta pelea gracias a mi preparación y la convicción en mis habilidades’’, recalcó el antillano.. “Quiero agradecerle a todos los que me apoyaron y me dieron sus muestras de cariño. Ahora, que se vengan los campeones’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de mayo de 2025, 11:45 p. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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