Boxeo

Yuniel Dorticós cae ante Zurdo Ramírez, pero deja claro que el alma de un guerrero no envejece

Yuniel Dorticós (izq.) puso en aprietos al campeón mexicano Gilberto Ramírez  durante varios asaltos y se ganó el respeto del público en Anaheim, pese a la derrota por decisión unánime.
Yuniel Dorticós (izq.) puso en aprietos al campeón mexicano Gilberto Ramírez durante varios asaltos y se ganó el respeto del público en Anaheim, pese a la derrota por decisión unánime. ESPECIAL PARA EL NUEVO HERALD

No hay derrota que duela cuando se deja todo. No hay tarjeta que borre el respeto ganado con sudor, golpes y coraje.

En el Honda Center de Anaheim, Yuniel Dorticós —ese guerrero que nunca negocia su alma— le dio una lección de corazón al campeón Gilberto “Zurdo’’ Ramírez y, aunque no se llevó el triunfo, sí conquistó algo valioso: la ovación de los que saben de boxeo.

Con 39 años encima y un camino recorrido que se mide en guerras, no en cifras, Dorticós volvió a demostrar por qué es uno de los peleadores cubanos más temidos de su generación, una que dejó grandes cosas en el ring, pero que ya va de salida.

Desde que sonó la campana, el “Doctor del KO’’ dejó claro que no había venido a pasear ni a servir de escalón para la ambición del Zurdo.

Con un jab bien plantado, una defensa ordenada y esa derecha que todavía lanza con veneno, el cubano ganó -en la tarjeta de muchos- los primeros treo o cuatro asaltos.

Ramírez, más joven, más alto, más activo en los últimos años, parecía confundido. El plan de Dorticós funcionaba: frenar el ritmo, anticipar con lectura de combate, hacer pensar al mexicano. Pero el boxeo, como la vida, no perdona el paso del tiempo. A partir del quinto round, el cuerpo del antillano comenzó a resentir la exigencia. Y el Zurdo, con su estilo lento y contundente, encontró la grieta para colarse, trabajar al cuerpo y comenzar a inclinar la balanza.

Las tarjetas oficiales —117-110, 115-112 y 115-112— favorecieron al mexicano, que retuvo sus títulos de la AMB y la OMB en el peso crucero, pero esas cifras no cuentan toda la historia. Lo que sí queda es que Ramírez tuvo que apretar como nunca, vaciar su tanque, y por momentos miró a su esquina con una expresión que decía: “esto no estaba en el libreto’’.

Un elemento que no se puede pasar por alto fue el punto de penalización que recibió Dorticós en el séptimo asalto. Un clinch, una advertencia anterior, un criterio algo riguroso por parte del árbitro. Ese punto, que pudo haberse evitado, terminó pesando en las tarjetas. Sin él, quizá estaríamos hablando de un combate todavía más cerrado.

“Fue una pelea dura. Dorticós es un peleador con poder, con experiencia. Tuve que ajustar y sacar lo mejor de mí para poder ganar’’, reconoció Ramírez, quien ahora busca unificar con Jai Opetaia, en lo que sería una superpelea en las 200 libras.

Pero mientras el Zurdo mira al futuro, Dorticós se lleva el aplauso del presente. Con 27 victorias (25 KO) y tres derrotas, deja claro que no ha llegado su última página, aunque sí la de los deseos de volver a ser campeón mundial. Que aún tiene algo en el tanque, y sobre todo, que tiene el respeto ganado a golpe limpio.

Ahora bien, la gran pregunta que queda flotando en el aire es: ¿qué sigue para Dorticós?

A sus 39 años, pelear al máximo nivel se convierte en un reto diario, no solo físico, sino también mental. La recuperación ya no es la misma. Los campos de entrenamiento se vuelven más exigentes. Y cada combate puede marcar el límite entre seguir o parar.

Sin embargo, el cubano demostró que todavía puede competir con los mejores del mundo. No fue un rival decorativo: fue un contendiente legítimo que le complicó la noche al campeón.

¿Vale la pena una pelea más? ¿Quizá un combate de despedida en Miami, donde tanto lo quieren? ¿O una última oportunidad ante un rival de jerarquía para cerrar el ciclo con dignidad y gloria?

Eso dependerá de él y de su equipo. Pero si algo quedó claro en Anaheim es que Dorticós sigue teniendo el fuego encendido. Y mientras esa llama arda, el boxeo tiene un lugar para él. No por nostalgia, sino por mérito.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de junio de 2025, 0:33 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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