En el Mundial de Rusia España sufre la pena máxima
Terminaron los octavos de final de la Copa del Mundo 2018 en los que España se despidió prematuramente del torneo, tras caer en la tanda de penaltis ante Rusia.
La pena es que la selección española fue mucho mejor que la anfitriona y que deja el Mundial sin haber perdido ni un solo partido, con lo de que de golpe el fútbol ha perdido a uno de sus mayores referentes de los últimos años.
Ahora han salido muchos detractores al “juego” de la Roja, porque de Furia no le queda nada, y es una pena, porque hoy en día sigue practicando el mejor fútbol del mundo.
Cierto es que abusó del toque lateral, que no arriesgó como debía buscando la portería rival, que a pesar de su dominio apenas inquietó al portero rival, pero hay que alegrarse porque no ha perdido ese don tan especial que lo llevó a los más alto en el 2010.
España tiene ahora su identidad y no debe perderla por más que algunos clamen en buscar el pelotazo. Tener el balón es lo más difícil de este hermoso deporte y la Roja lo ha conseguido como ninguna otra selección del mundo.
Nunca se sabrá, pero seguramente con Julen Lopetegui esta debacle no hubiese ocurrido. El técnico había encontrado el modo de que la selección española no repitiera los errores del Mundial 2014 y la Euro 2016 con un juego un poco más vertical y los resultados le acompañaron, pero no pudo llegar al Mundial y España se repitió.
El presidente de la Federación Española de Fútbol Luis Rubiales, en medio de un verdadero ataque de cuernos, le destituyó dos días antes de que comenzara el Mundial cuando el Real Madrid le comunicó que Lopetegui iba a ser su próximo entrenador.
Lo nunca visto. Poner sus intereses personales por encima de los de una nación y gran parte del mundo. A día de hoy Rubiales no ha dimitido, ni tiene intenciones de hacerlo. Una vergüenza. Aunque Florentino Pérez y el propio Lopetegui también tenga parte de responsabilidad por lo ocurrido.
Fernando Hierro sustituyó a Lopetegui e hizo lo mejor que pudo, pero ni consiguió derribar el muro ruso ni salir airoso en la ruleta de los penales, su desconocimiento le pasó factura.
Todo hubiese quedado en un segundo plano si el VAR hubiese advertido al árbitro el doble penalti a Pique y Ramos al final del partido, pero el equipo de la sala tuvo miedo porque era muy claro y con su mal proceder puso otra nota negativa en su haber.
Lo peor es que los candidatos de hoy al puesto de seleccionador no convencen a nadie. Ni Luis Enrique, ni Quique Sánchez, ni Michel González llenan las pupilas. Y ante este panorama solo el actual entrenador del Betis, Quique Setién, parece ser el idóneo para ocupar el cargo.
Ante Rusia Hierro tuvo miedo y por eso se equivocó al poner a Koke en el centro del campo, jugando con un hombre menos, también con un desconocido Silva en vez de un delantero como Aspas más incisivo.
Iniesta debió ser titular y mandar a Asencio a encarar por la izquierda sin descanso. Luego el cambio de Nacho era por Lucas Vázquez para que rompiera la banda derecha y finalmente Rodrigo por Costa tan pronto se diera cuenta que en este tipo de partido el hispano-brasileño no funcionaba.
En este tipo de partido hay que romper por fuera y ganar la línea de fondo constantemente y cuando se abra la defensa para impedirlo, penetrar por el interior. Igual había que arriesgar con uno de los centrales llevando el balón en territorio rival para atraer la marca, formar mayoría y creando el caos en las líneas enemigas.
Poner a Aspas y a Koke por encima de Isco, de lejos el mejor soldado de la Roja, fue un disparate propio de la escena.
España debió aprender la lección, pero ya no estará Iniesta, tampoco Piqué (salvo que dé marcha atrás), y tal vez Silva no llegue a tiempo.
En este Mundial, la Roja desperdició una gran ocasión pues tenía un gran grupo de jugadores y un cuadro bastante favorable, pero los errores se pagan y muy caro. Los 11 metros dictaron sentencia y España sufre esa pena máxima al menos cuatro años más.
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Esta historia fue publicada originalmente el 4 de julio de 2018, 5:20 a. m..