MMA

Alessandro Costa, del Amazonas al octágono de UFC: una historia de sacrificio, fe y sueños

El peleador brasileño Alessandro Costa enfrenta este sábado a Stewart Nicoll con la urgencia de ganar y el peso de una vida marcada por la adversidad, la emigración a México y una hermandad clave.
El peleador brasileño Alessandro Costa enfrenta este sábado a Stewart Nicoll con la urgencia de ganar y el peso de una vida marcada por la adversidad, la emigración a México y una hermandad clave. Cortesía de Alessandro Costa

Hay historias que se cuentan con récords, y otras que se sienten en la piel. La de Alessandro Costa pertenece a la segunda categoría.

Porque antes de cada golpe, antes de cada victoria o derrota dentro del octágono de la Ultimate Fighting Championship, hay un camino largo, áspero y profundamente humano que lo trajo hasta aquí.

Este sábado en Las Vegas, Costa se mide ante Stewart Nicoll en una pelea crucial para su presente.

No lo esconde.

“Es una pelea muy importante, vengo de una derrota, ya debo de empezar a subir en la división”, reconoce con la honestidad de quien sabe exactamente dónde está parado.

Su rival llega en una situación similar, lo que anticipa un combate donde la urgencia será tan protagonista como el talento.

Pero para entender lo que está en juego, hay que mirar hacia atrás. Mucho más atrás. Hasta Manaus, en el corazón de Brasil, donde creció en una realidad tan dura como formativa.

“Mi infancia estuvo muy marcada por todo lo que pasé ahí”, recuerda. Y aunque han pasado los años —y la distancia—, su esencia sigue intacta.

“No me he olvidado de mis raíces… mi corazón sigue estando allá”.

El salto a México fue, en sus propias palabras, un cambio “de 0 a 100”. Sin idioma, sin referencias culturales, sin red de apoyo. Solo.

“Fue complicado… no hablaba el idioma, no conocía la cultura, otra comida… estaba solo”.

Es en esos detalles donde se construyen los peleadores de verdad, lejos de las luces, cuando la pelea no es contra un rival, sino contra el entorno.

En ese proceso, apareció una figura clave: Diego Lopes.

Más que compañero, hermano de camino. Su historia juntos comenzó casi por accidente —una pelea tomada en reemplazo— y terminó convirtiéndose en una sociedad forjada en sudor, sacrificio y lealtad.

“Estamos aquí hasta hoy, uno al lado del otro”, dice Costa con un agradecimiento que se refleja en la mirada. En un deporte donde las trayectorias suelen separar, ellos han resistido juntos.

El camino profesional tampoco fue lineal. Hubo derrotas en corto aviso, incertidumbre y oportunidades que parecían no llegar.

Pasó por escenarios como Combate Global y encontró en LUX Fight League la plataforma que lo impulsó.

“Fue donde mi carrera empezó a crecer más… donde las personas empezaron a ver el peleador que yo era”.

Cada paso, cada caída, cada pequeña victoria, fue sumando.

“Todo se cuenta, tus derrotas, tus victorias”, afirma. Y cuando finalmente llegó la llamada de UFC, no fue casualidad, sino consecuencia.

También influyó rodearse de las personas correctas, incluyendo su firma con Iridium Sports Agency, un movimiento estratégico que terminó de abrirle las puertas del gran escenario.

Hoy, Costa entrena rodeado de élite.

Ver de cerca a peleadores disputando títulos no lo intimida, lo impulsa.

“Si digo que no estoy motivado, estoy mintiendo”, asegura.

La motivación le sobra: su pasado, su presente y el ejemplo diario de quienes lo rodean alimentan esa hambre constante.

Esa hambre es la que llevará al octágono este sábado. Porque más allá del contrato —es su tercera pelea— y de la necesidad de asegurar un nuevo acuerdo, lo que está en juego es algo más profundo: la validación de un camino construido desde abajo, sin atajos.

Costa lo resume con una claridad que estremece: quiere ser recordado como “alguien que empezó de abajo y nunca desistió de sus sueños”.

En una división en constante movimiento, donde las oportunidades pueden aparecer de un momento a otro, sabe que debe estar listo.

Ganar este sábado no es solo avanzar en el ranking: es seguir vivo en una historia que aún no ha alcanzado su techo.

“Hay mucho más… todavía no he logrado desbloquear esa parte”, advierte.

Y quizás ahí esté lo más fascinante de todo. Que después de todo lo que ha pasado —la soledad, el hambre, el desarraigo, las derrotas—, Costa aún cree que lo mejor está por venir.

El sábado no solo pelea contra Nicoll. Pelea contra el tiempo, contra la presión y, sobre todo, por honrar ese niño de Manaus que un día soñó con llegar a lo más alto… y nunca dejó de hacerlo.

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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