Entrenador cubanoamericano que hizo historia va por más con sus Huracanes de Miami
Mario Cristóbal está familiarizado con hacer historia, pero aquello no impide que quiera desbordar todos los límites como entrenador de los Huracanes de la Universidad de Miami.
Se viene una prueba de fuego, de esas que siempre inspiran al primer entrenador cubanoamericano en dirigir un equipo de football universitario y en ganar en los playoffs.
Con uno de los mejores ataques y una defensiva ubicada en la élite del football colegial, los Huracanes de Cristóbal enfrentarán a los Buckeyes de Ohio State, en los cuartos de final de los playoffs del Cotton Bowl, el miércoles 31 de diciembre (7:30 p.m. TV: ESPN) en el AT&T Stadium, en Arlington, Texas.
Los Huracanes, ubicados en el décimo puesto del ranking universitario nacional, vienen de conseguir su victoria más importante en los últimos 20 años al derrotar 10-3 al número siete Texas A&M, en la primera ronda de los playoffs, y acallar a 104,122 espectadores en el Kyle Field, en College Station, Texas, el sábado pasado.
Con ello, el equipo sudfloridano se coló entre los ocho sobrevivientes de los playoffs del football colegial y se ganaron el derecho de enfrentar al número dos, los Buckeyes.
La finalísima (National Championship) será en el Hard Rock Stadium, la casa de los Huracanes, el próximo 19 de enero.
El artífice
En 2022, Cristóbal firmó un contrato por $80 millones y 10 años para dirigir a los Huracanes, su alma mater. Su salario base es $7.7 millones al año más incentivos.
La campaña pasada ganó $22.7 millones, pese a que la UM tuvo un arranque fenomenal con nueve triunfos consecutivos, pero perdió los tres partidos finales y se quedó fuera de los playoffs.
Cristóbal se graduó en el Columbus High School y de ahí pasó a la UM, donde jugó entre 1989 y 1992 como offensive tackle con el equipo que dirigía Jimmy Johnson.
Se consagró campeón nacional en 1989 y 1991 y terminó con honores al año siguiente. Fue compañero en el equipo campeón con el padre del quarterback Fernando Mendoza, quien hace unos días se convirtió en el primer cubanoamericano en ganar el Trofeo Heisman al mejor jugador del football universitario.
Tras terminar la universidad, Cristóbal barajó la posibilidad de incorporarse a la policía como lo había sido en Cuba su padre, Luis.
Cuando la revolución tomó el poder, Luis Cristóbal fue declarado preso político y se vio obligado en 1961 a emigrar a Estados Unidos, donde se casó con una dama cubana y tuvieron a Mario.
Al final, la pasión por el football pesó más y luego de jugar en la liga europea de football, Mario regresó a UM para iniciar su carrera como coach.
El 2007 asumió las riendas del equipo de Florida International University y se convirtió en el primer cubanoamericano en ser el entrenador en jefe del un equipo universitario de football.
Luego pasó a la Universidad de Oregón, donde dirigió a Justin Herbert, el quarterback estelar de los Chargers de Los Angeles.
Secreto, trabajo y fe
Durante todos sus años en el football universitario, tres cosas han distinguido a Cristóbal: su entrega al trabajo, su fe indeclinable y su hermetismo.
Se reserva hasta el momento oficial para revelar su alineación, el nombre de su quarterback titular lo guarda bajo siete llaves.
Muchas veces no incluyó el peso físico de sus jugadores en los listados subidos en internet. En Oregón dispuso que los atletas que trabajan en el gimnasio debían abandonar una hora antes el local cuando entrenaba ahí su equipo. Nadie ajeno a su grupo podía ver las prácticas.
“La información es lo que más se busca en este tiempo”, suele decir Cristóbal. “Hay que conseguirla, ese es un trabajo, yo no voy a entregarla”.
Sus métodos dan unos resultados formidables. Las satisfacciones no solo son a nivel de la cancha, con resultados que han permitido devolver la gloria de un programa ilustre en el football universitario nacional. También los ingresos económicos son sustanciales.
La UM acaba de establecer un récord de asistencia para los partidos como local en la temporada regular con 510,673 espectadores en sus ocho partidos, con un promedio de 63,834 personas por jornada y unos ingresos anuales solo por boletería de alrededor de $50 millones.
Ha habido momento duros, sin embargo, Cristóbal ha sabido lidear con ellos y superarlos, especialmente cuando hubo una racha de malos resultados esta temporada.
“Hace unos 40 días pasábamos por un momento muy bajo”, recordó el estratega.
“Encontramos la manera de aportar un diferente nivel de energía y hacer esfuerzos para levantarnos entre cada uno de nosotros y el programa volvió a subir. Y aquí estamos, con la posibilidad de seguir jugando. Eso es lo único que importa”.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de diciembre de 2025, 7:44 a. m..